
Había dirigido todo el año 2007, dos torneos cortos, la Libertadores en la que fue campeón con un Riquelme fenomenal (la última del club y la obsesión desde esos tiempos), sólo una ronda de la Sudamericana y el punto final, el 16 de diciembre, ante el Milan en el Mundial de Clubes y el duro 2-4 en la ciudad de Yokohama, Japón, recibido del equipo de Carlo Ancelotti. A los cinco días, Pedro Pompilio le sugirió el “cambio” de su preparador físico, Guillermo Cinquetti por el de Alfredo Altieri y Russo no aceptó, tajantemente. Fin de la historia. De su historia en el mundo Boca. Hasta hoy. Hasta ahora.
Seis meses después, a inicios de junio de 2008, se hizo cargo de San Lorenzo, que había cesado a Ramón Díaz. Un designio del destino, lo puso de frente a Boca, su anterior club y no pudo consagrarse en ese Triangular final, también con Tigre, y a pesar de ser el mejor de la fase regular por diferencia de gol, el reglamento lo mandó a un desempate en el que terminó último, justamente por diferencia de gol. Boca resultó campeón, para ahondar la herida. El siguiente año y el siguiente torneo corto no los terminó ejerciendo, tampoco la Libertadores donde sufrió cuatro derrotas en cinco presentaciones y quedó eliminado en fase de grupos.
Pegadito y casi sin descanso, unos días después agarró Rosario Central con la premisa de salvarlo del descenso y lo hizo. Para eso debió disputar la Promoción contra Belgrano de Córdoba al que venció de visita y empató en Arroyito. El inicio de la temporada siguiente no lo tuvo en el banco por diferencias con la directiva rosarina. Un fugaz paso de casi tres meses.
Racing fue el siguiente paso y el más duradero, hasta ese momento, desde la salida del Xeneize. Un año y cuatro meses, tres torneo cortos, dos de ellos completos, pero ninguna competencia internacional. Llegó con el Clausura 2010 apenas iniciado en reemplazo de Claudio Vivas para finalizar octavo con una campaña irregular y lejos de la punta. Luego vinieron un sexto puesto en el Apertura de ese año y decimoquinto en el Clausura 2011, sin dudas su rendimiento más bajo en el club de Avellaneda.
Para la temporada 2011-2012, le tocó volver a su casa, una de ellas, Estudiantes de La Plata. Otra vez los malos resultados lo alejaron tempranamente de la dirección técnica. Dos triunfos en catorce partidos en el Apertura y una eliminatoria en primera fase de la Copa Sudamericana lo marginaron del puesto.

Aparece en el horizonte Rosario Central, nuevamente, el segundo equipo en el que va a repetir participación en el banco en este periplo antes del regreso a Boca. Y no fue un paso más en el club rosarino. Llegó para sacarlo del ostracismo de la B Nacional y devolverlo a Primera División, nada menos. Campeón en el Ascenso después de 38 partidos, apenas un punto por encima de Gimnasia LP, aunque bien lejos del cuarto equipo de la tabla, ese que no logró el ascenso. Como dato, hilvanó 12 triunfos consecutivos en esa campaña consagratoria.
Ya en la máxima categoría, dirigió en tres torneos cortos, sin mucha pelea y en cotejos internacionales, nuevamente apareció Boca en su camino y fue eliminado en su primer cruce de la Sudamericana. En Copa Argentina, tuvo su posibilidad de lograr una vuelta olímpica de las importantes, pero se frustró en la final de 2014, en la definición por penales ante el Huracán de Néstor Apuzzo.
Ahora sí llegó el turno del último equipo argentino de esta cadena. Raúl Gámez lo oficializó como técnico de Vélez para la temporada anual de 2015. En Liniers le tocó encarar el “campeonato económico” impuesto por el club y eso se sintió en lo deportivo. El primer tropiezo fue el desempate que AFA obligó a jugar ante Boca (sí, parece increíble, cuántas veces se le cruzó en el recorrido de estos 12 largos años) para disputar la Copa Libertadores de ese 2015. En el torneo doméstico, lo dicho, finalizó penando en el puesto 27 de 30 equipos y comprometió a futuro el rendimiento del club en la tabla de los promedios para el inicio de la temporada 2016-2017.

Después de un año sin actividad, firmó contrato para trabajar en Millonarios de Colombia, la vuelta al fútbol extranjero después de la experiencia en Morelia de México, en 2002. En el fútbol cafetero disputó las semifinales del primer torneo semestral (Liga I) y fue campeón en el segundo (Liga II) al vencer en la final a Santa Fe, nada más y nada menos que el clásico bogotano. En Copa Colombia de ese año quedó eliminado en cuartos y en la Libertadores no puso acceder a la fase de grupos después de caer en lo penales en la segunda eliminatoria previa.
El año 2018 no fue uno más en la vida de Miguel. El martes 2 de enero fue operado en Buenos Aires de un cáncer de próstata, enfermedad que venía sufriendo hace meses el entrenador. El regreso a Colombia fue con su segundo título con el equipo Embajador, al ganar la Superliga (lo que aquí se llama Supercopa Argentina) ante Atlético Nacional. No completó ese año y ya sin tanto éxito al no clasificar a las instancias finales de ambos torneos cortos, en Copa Colombia quedó afuera en semifinales y en la Copa Sudamericana en octavos.

Sus últimos dos pasos fueron efímeros. En Alianza Lima, al que arribó en inicios de 2019, apenas estuvo en el banco en 15 juegos con apenas tres victorias y una bajísima performance en la Libertadores sin triunfos en la fase de grupos y cuatro caídas en cinco juegos. A fines de abril dejó al equipo de Lima. No fue más duradero el paso por Cerro Porteño, club que quedará como el de la antesala a su presentación en Boca. Malos resultados y apenas el sabor de avanzar de octavos a cuartos de final en Libertadores dejando afuera al San Lorenzo de Pizzi. En octubre dijo adiós.

La historia hoy es otra. Vuelve a encontrarse con Juan Román Riquelme y con Boca. A sus 63 años tendrá su gran desafío, el mismo que persiguen los hinchas y el ídolo: alzar la Libertadores.
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