Pagani al aire y encolerizado. Dice que el médico le aconseja fingir, pero que no logra “actuar” su enojo: “Me voy tenso del canal”
Pagani al aire y encolerizado. Dice que el médico le aconseja fingir, pero que no logra “actuar” su enojo: “Me voy tenso del canal”

Lleva más de medio siglo de periodista, pero Horacio Pagani siente que, para toda una generación, es como si hubiera nacido ayer. Es lo que tiene la televisión, y es precisamente la televisión lo que lo preocupa.
"Hace un tiempo estoy en la frontera de que este asunto de la televisión, de la locura, de las peleas no termine desfigurando mi carrera de periodista serio", admitió durante una extensa entrevista con Infobae en la que habló de su salud, de si es o no hincha de Boca, de Jorge Sampaoli, de Marcelo Bielsa, de Lionel Messi y de Diego Maradona. También, cómo no, de Juan Román Riquelme y César Luis Menotti ("se equivocó"), pero también de Cristina Kirchner y Mauricio Macri.

Pagani, de 75 años, y que conoce desde hace décadas al actual Presidente de la Nación, tiene una sensación: "Si pudiera, se va y larga todo. Pero no lo va a hacer".

– Hoy estás jubilado, pero seguís escribiendo y haciendo televisión. Tuviste un problema serio de salud que te impidió ir al Mundial. ¿Lograste tomarte las cosas con más calma?
– La verdad que no pude. Durante el Mundial me mandaban cámaras a mi casa, pero terminó el Mundial y volví a la tele, todo muy rápido. Caminar, descansar, cuidar lo que como… Lo hice durante un tiempo. Eso sí, tengo un medidor de pasos y trato de llegar a 7.000 pasos por día. Y en lo emocional el cardiólogo me pidió "fingí que te enojas, pero no te enojes". En el canal, en cambio, los productores quieren que me enoje, pero que no diga malas palabras.

– ¿Te piden que te enojes para que levantes el rating?
-Sí, que me enoje sin insultar. Yo les digo que me tomo la pastillita y me quedo tranquilo. No, no, hacé quilombo, me piden. Y ese es mi desafío actual, mi médico me pide que finja. Yo me voy mal cuando pasan esas cosas, me voy muy tensionado del canal. Pero no hablamos ni arreglamos nada. Todo lo que pasó, pasó ahí. Pero a mí me jode, me hace daño. Tengo que elegir, o seguir en esto o dejarlo.

– En tu última gran explosión, ¿te enojaste en serio, o era fingido?
– Yo siempre me enojo en serio. Se me salió la cadena, dije una serie de barbaridades, ni me acuerdo lo que dije.

– Escribir es algo que no cambiás por nada, ¿no?
– Tuve la suerte en su momento de que Clarín mandaba enviados especiales a todos los grandes acontecimientos deportivos, y eso me permitió viajar mucho.

– Es, de hecho, el título de tu libro.
– Claro, seis viajes a la Luna. Saqué la cuenta. Solamente a Las Vegas fui 30 veces, a Japón fui once veces, más todos los otros viajes son 4,5 millones de kilómetros, que son más o menos seis viajes a la Luna.

– Pero el año pasado hubo un viaje que no pudiste hacer, el de Rusia.
– Era mi décimo Mundial… Me hicieron tres by-pass, ahora estoy bastante bien, la recuperación fue muy buena, y me lo detectaron medio de casualidad. Me faltaba una semana para viajar a Rusia, tenía todo, pasajes, hotel, viáticos… Tenía en esos días un dolorcito leve en el pecho cada mañana. Me duchaba y se me iba. Se lo comenté a un médico amigo mío de los que cena con nosotros y me dijo que eso era muscular. Pero cinco días antes de irme lo llamé al cardiólogo. Me hicieron un electro y me dijo esa misma tarde que estaba todo bien. Pero al día siguiente me hicieron otro estudio, que también me dio bien. Y entonces me hicieron un cateterismo. ¡Diez puntos!, me dijeron después de examinar la primera arteria. Y después estuvieron diez minutos sin decir nada… No llegué a tener un infarto, pero pregunté qué pasaba si me agarraba en el avión. Vos no llegabas ni a Ezeiza, me dijeron… Tenías las tres arterias bloqueadas. Tengo hoy un metro de cicatrices, por esto y por el doble reemplazo de caderas. Tito Lectoure se vanagloriaba de que tenía un metro y medio, nunca lo entendí…

– ¿Cómo ves al país hoy?
– Malísimamente mal. Malísimamente mal… La situación es gravísima. Me parece bien todo el asunto de la corrupción que se investiga, pero este gobierno no cumplió con lo que había prometido. Te dicen que va a haber una inflación del 20, después es del 30, y del 40, y ahora te dicen que va a ser más que 50 por ciento… Evidentemente no pueden controlar la economía, y si realmente dependemos del Fondo Monetario Internacional, creo que estamos jodidos.

– Lo conocés a Macri, ¿cómo lo ves?
– La sensación que me da es que si él pudiera tomárselas, se va. Pero lo que pasa es que quedó comprometido consigo mismo. Lo que es evidente es que no pudieron acertar con el proyecto. Con casi cuatro años de gobierno dicen que necesitan cuatro años más. Cuando ganaron las elecciones se suponía que íbamos a estar mejor. Y no estamos mejor. Pero yo tampoco soy kirchnerista.

– ¿Qué te genera Cristina Kirchner?
– Me gustaría que se probaran todas sus acusaciones, pero su perfil autoritario nunca me gustó. Yo siempre fui de izquierda y nunca gané una elección. O sí, una, con Alfredo Palacios, la primera vez que voté, que se votaba por una banca que había quedado libre.

– ¿Seguís sintiéndote un cuerpo extraño en la televisión pese al éxito que tenés?
– Yo siempre digo que soy periodista gráfico. Yo disfruto más de una nota mía firmada en el diario que de toda esta sanata de la televisión. Y además esto me agarró tarde en mi carrera, yo estuve más de 30 años en el diario, en la tele estuve solo los últimos 15. Mis amigos del barrio, cuando era joven, me decían que yo tenía que laburar en la tele.

– Solés, de hecho, contar que en los 30 años en que hacías solo gráfica no te conocía nadie, pero que saltaste a la tele y no podés caminar por la calle.
– Cambió completamente. Y la circunstancia de que se te dé de grande esto todavía me sigue sorprendiendo. La televisión se ve en todo el país y en toda América. En el interior la gente corta para ir a comer a la casa y todo el mundo ve el programa. Una vez fui con mi mujer a Santiago del Estero, donde tenía que dar una charla, y le dije que a ver si encontrábamos una persona que no me conociera. Porque me daba cuenta de que me conocían todos. Todos. Con el calor que hace en Santiago y el corte para comer y la siesta, todo el mundo ve el programa en la casa. Pero soy consciente de que la televisión te da popularidad y el diario te da prestigio, que son dos cosas distintas. Entonces yo desde hace un tiempo estoy en la frontera de que este asunto de la televisión, de la locura, de las peleas no termine desfigurando mi carrera de periodista serio.

– ¿Te preocupa eso?
– Los pibes de la nueva generación ni saben de mi carrera de periodista gráfico. Me preocupa que haya confusión, porque yo discuto en la televisión, pero siempre trato de argumentar, no grito por gritar. Pero como se hizo el juego, la mayoría trata de provocarme para que reaccione. Esto es así, se da en este programa y también en Pasión por el Fútbol, donde estoy los domingos. Si me hubiese ocurrido esto hace 20 años me hubiera venido mejor, desde todo punto de vista, pero el tema es que ya estoy un poquito grande… Me llama la atención cómo me siguen los pibes. Trabajo en Bendita, que no tiene nada que ver conmigo. Yo no sé de chimentos, no conozco a nadie, prácticamente no veo televisión. A Beto Casella parece que le gusta que yo sea la antítesis del personaje de los chimentos. Al menos es un programa distendido en el que no me peleo con nadie, es mayoría de mujeres.

Horacio Pagani en su último casamiento, el tercero, junto a su esposa la exmodelo Cecilia Di Carlo.
Horacio Pagani en su último casamiento, el tercero, junto a su esposa la exmodelo Cecilia Di Carlo.

– ¿Te gusta eso de trabajar rodeado de mujeres? Al fin y al cabo te casaste tres veces…
– Es distinto, pero las mujeres también tienen lo suyo. Fuera del aire son como los tipos. Pero es más distendido, esto me cambió el público. Antes el 80 por ciento me conocía por el fútbol, pero ahora las diferencias se han estrechado. Es otro público, gente grande que se evita ver esos noticieros terribles.

– Tenés también cada vez más presencia en las redes, ¿te importa?
– No entiendo nada de redes, a pesar de que tengo 1,2 millones de seguidores en Twitter. Instagram no lo manejo bien, pero me siguen cada vez más mujeres. La idea es sumar cada vez más mujeres, en Bendita hacemos promoción para eso. Es increíble… Mi mujer es la que más sufre. Yo atiendo estrictamente a todos los que me piden algo, porque si no sería un hipócrita. A mi mujer no le gusta tanto. Yo tengo la necesidad médica de caminar, y eso compromete la caminata. Hasta hace 15 años era un periodista como tantos otros, y lo de ahora es muy, muy fuerte.

– ¿Por qué tan fuerte?
– Yo soy muy amiguero, muy de juntarme a comer con los amigos. Me junto hace más de 30 años con mis compañeros del Banco de Boston, donde trabajé antes de ser periodista, y con mis amigos del colegio. Pasaron 50 años, 60 años, y seguimos hablando de lo mismo, del profesor, de la profesora… Y mis amigos del barrio. Me gusta mucho la sobremesa, estoy acostumbrado desde los tiempos en que laburaba en Clarín y cerrábamos a la una de la madrugada. Los tiempos del plomo, en los que el cierre era un verdadero parto. Nos íbamos a cenar a lo de Pepe Fechoría, mayoritariamente. Eso me costó dos divorcios, lógicamente. Se vivía al revés. En los primeros años había un solo franco semanal. Luego, cuando se impuso un segundo franco, que costó bastante conseguirlo, me lo pagaban para que yo fuera seis veces por semana. Yo necesitaba la guita, porque me había casado recién. Yo tenía franco los miércoles y laburaba sábado y domingo. Era muy difícil, porque no se podía establecer un vínculo social, a qué pareja amiga le decís de cenar un miércoles a la noche. En esos tiempos se laburaba en serio, era todo más penoso, más difícil. En los viajes al exterior era más difícil mandar los materiales que conseguirlos. Ibas a los correos a mandar con las teletipos. Me acuerdo de haber ido al correo en Roma con más de 300 líneas, y los tanos, acostumbrados a mandar una línea, dos líneas, vos les aparecías con 300, ¡y en otro idioma! Había que sobornar un poco al muchacho… Y acá se arreglaba, pero era penoso, necesitabas cinco horas para enviar los materiales.

– ¿Es mejor el periodismo de hoy?
– Para mí no es mejor, el periodista ahora tiene todo mucho más servido. Estuve 16 años en DeporTea, iba todos los viernes a charlar con los muchachos. Todos me traían lo mismo, porque lo sacaban de Internet. El periodista antes tenía el ojo del tigre, hoy todo se busca en Google. El promedio de los periodistas se ha anquilosado, falta esa vocación poderosa. Y se ha perdido mucho la independencia de opinión, porque los medios han tomado posturas ideológicas, políticas. Por suerte yo fui periodista deportivo y no sufrí tanto eso. Pero yo conozco a todos los muchachos de Clarín, y sé que lo que escriben lo escriben porque lo piensan.

– Sos hincha de Boca.
– No, no soy de ningún cuadro.

– ¿Te gusta el fútbol y no sos de ningún cuadro?
– Me gusta el fútbol y no soy de ningún cuadro. Soy hincha de la selección argentina y socio de Argentinos Juniors porque me regalaron un carnet de socio honorario. No, yo no digo de quién soy hincha. Que se sospeche es una cosa y que lo diga es otra cosa. También es una novedad que los periodistas digan de quién son. Antes nadie lo decía. Estoy en desacuerdo con que los periodistas digan de qué cuadro son, porque invalidan su opinión, por más que sean sinceras y verdaderas. Si un tipo dice que es de River, los demás hinchas no le creen lo que dice. Compromete su credibilidad, por más que sea un tipo creíble. Es lo mismo que si un analista político dice claramente a qué partido representa.

– ¿Es cierto que hace años que no vas a la cancha de River?
– Sí, voy cuando juega la Selección. Pero yo dejé de ir a la cancha hace tiempo, después de mis operaciones. Y si voy alguna vez a la cancha de Boca, que es cerca del diario, me abruman con el tema de las fotos. Y muchas veces, a partir de una opinión, sentís tipos que te dicen cosas. Al estar expuesto por la televisión se transforma en algo casi peligroso ir a la cancha. En general hay intolerancia, pero en el fútbol es… Pablo Pérez dijo que hubiese preferido ser campeón del mundo con la selección que ganarle la final a River. Y se arma un debate de media hora con eso. Yo, lo que digo, es que yo no debato sobre declaraciones, no somos psicólogos o sociólogos para interpretar qué quiso decir. Una cosa es la gente, a la que solo le importa la camiseta argentina cuando llegan los Mundiales, pero para un jugador, ser campeón del mundo con la selección es lo más grande. Ruggeri, que jugó dos finales de la Copa del Mundo, representa esa línea, la de un jugador de fútbol en su máxima expresión. Pero vivimos del chismerío, del juego del fútbol cada vez se habla menos.

– ¿Qué te pareció lo de Ricardo Centurión en televisión, el nivel de exposición al que se sometió?
– Me gustó lo de Centurión, y por supuesto que me criticaron. Él dijo lo que siente y se hace cargo, prefiere ir a tomar una copa con los amigos que dormir. Está claro que si él se cuidara tendría mejores posibilidades en el fútbol, pero él es como es y tiene el origen que tiene. Y que Ruggeri lo aconsejara también me pareció bien. Además, cuando Centurión estuvo en Boca, ¿por qué razón el Mellizo lo quería a toda costa? Porque le cumplió en los entrenamientos y en todo lo que le tenía que cumplir. Después, la vida privada es una cosa de cada uno. Y tampoco estamos en presencia de un filósofo, es un jugador que viene de la villa.

– Sos el riquelmista más grande de la Argentina, probablemente. ¿Alguna vez sentiste que te pasaste de frenada?
– No, no. Yo hice una publicidad con él. Creo que habré estado en cinco o seis comidas con él cuando vino a La Raya con Coco Basile. Yo no tengo ninguna relación personal con Riquelme. ¡Y la gente piensa que soy el viejo! Entrevistando a (Pablo) Aimar a propósito de lo del Sub 17…

– Interrumpo: ¿no te generó ninguna sospecha?
– Yo creo que no, pero tampoco creo que sí. Son pibes que no estaban en eso… Que se diera el resultado exacto para que ellos se clasificaran y Argentina fuera campeón, en el ambiente del fútbol genera sospechas inevitablemente. Pero yo creo que no. Aimar dijo dos cosas: que el fútbol está sobreanalizado, algo que yo digo siempre. Se habla del fútbol como si fuera una ciencia, cuando en realidad es un juego. Y dijo que el azar tiene una influencia fundamental, otra cosa que yo siempre digo. Y dijo que los dos tenemos la guía del mismo jugador, es decir, que Aimar es riquelmista. De los 30 últimos años el mejor es Maradona, pero el tipo que mejor entendió el juego es sin lugar a dudas Riquelme. Son muy poquitos los jugadores que entienden el juego, más desde que se instaló la dictadura de los entrenadores, los jugadores son obedientes cumplidores de órdenes.

– ¿Alguna vez Riquelme te agradeció por todo lo que hiciste por él?
– Lo hizo con un gesto, me mandó una camiseta, sin que yo se lo pidiera, firmada por él. Y él suele decir que me hizo ganar guita con la publicidad. Yo le digo a él que es al revés, que a él le deben haber pagado un puchito más que a mí…

– Está claro que Messi no te genera esa pasión, ¿no?
– Y, lo que yo digo es que Messi viene siendo el mejor del mundo desde hace diez años. Y yo digo que eso es una cosa muy importante. Muy importante… qué digo. ¡Casi increíble! Pero es un jugador de él y la pelota, que aprendió en los últimos tiempos a colaborar con el juego, pero es él por él mismo. Y Messi lleva más años en Barcelona que aquí, así se hace difícil establecer el vínculo de la pasión. No tuvo la suerte, además, en los Mundiales. No le fue bien en términos generales.

– Pero sin Messi la Argentina se iba eliminada en primera ronda en Brasil.
– Esa zona la eligió Grondona, sin dudas. Yo creo que fue el mayor fraude internacional que se hizo en la historia de la humanidad, ni siquiera del fútbol. En la transmisión de televisión sacaban los papeles de abajo y nadie veía… Salió (Juan Carlos) Crespi haciendo el gesto de las charreteras. Nadie veía de dónde sacaban los papeles para el sorteo. Fue una cosa increíble. Y a Argentina le tocó la zona más fácil y pasó raspando. Hay paralelismos entre Brasil 2014 e Italia 90. Aquel partido que se le ganó a Brasil… Por eso lo de fútbol, dinámica de lo impensado, que escribió Panzeri hace 60 años. Yo tengo el libro, era bastante intrincado Dante para escribir…

– ¿Qué te parece Menotti en la Selección?
– Si lo dejaran actuar y él pudiera… El Flaco cumplió 80 años, y los años no son caramelos. Le va a ser muy difícil. La diferencia entre él y los que estuvieron antes, como (Jorge) Burruchaga o el propio (Carlos) Bilardo, es que si no se hace lo que él quiere, él se va a ir, seguro que se va a ir. Esto de la Selección local… Hay demasiados compromisos, quizá se pueda ir armando algo para después de la Copa América, formar una Selección nueva con jugadores que se incorporen a los que ya se sumaron. Una Selección que no depende de Messi, una competitiva que tenga a Messi como el mejor refuerzo, la frutilla del postre. Yo no sé si va a funcionar que (Lionel) Scaloni, un tipo que no tiene ninguna trayectoria, debute como técnico en la selección.

– ¿Ves a la Copa América como un torneo trampa para la Selección?
– Yo creo que la Copa América sería buena como punto de partida de un nuevo proyecto, y no sé si en el nuevo proyecto va a estar Scaloni. El equipo se renovó, sí, pero eso debió haberse hecho dos años antes del Mundial anterior. Porque lo que pasó en el Mundial de Rusia es inédito y vergonzoso, que los jugadores se hayan rebelado contra el entrenador y hayan dicho que ellos asumían la conducción. Es un papelón histórico.

– Sampaoli te decepcionó…
– Sampaoli parecía un muñequito de torta… Un payaso que hablaba y… Era mucho la Selección para él, lo superaron los jugadores, evidentemente. Un tipo que dijo "esta Selección es más de Messi que mía", él mismo se autocalificó. Lo de él fue un papelón.

– Y no habló tras el fracaso.
– No habló nada, no.

– ¿No debería ser obligatorio que un técnico de la Selección se explique tras un Mundial?
– Bueno, tampoco habló Messi hasta hace poco.

– Por eso, en general, incluyamos también al capitán entonces.
– Lo que pasa es que si hablara quedaría como un ridículo, que se dejó manejar por los jugadores. Además ganó mucha plata…

– ¿Podía no dejarse manejar por los jugadores?
– Bueno, ¡él era el técnico! Si tenía el poder que decía que tenía… Recuerdo que estaba en una cobertura de una pelea en Irlanda y me sacaron al aire para decirme que Sampaoli había hablado con el padre de Messi para decirle que no sé qué cosa. ¿Cómo era eso? ¿El padre daba autorización? ¿Cómo el técnico de la Selección habla con el padre de un jugador? ¿Por qué no habla con el padre de (Sergio) Romero para explicarle por qué lo sacó del equipo cuando siempre había sido el arquero? ¿Cómo es eso de hablar con el padre de Messi? Eso demostraba que su caída era irremediable.

– Volvamos a Menotti…
– Dónde está el proyecto de Menotti preguntan algunos periodistas. Bueno, primero que Scaloni viva en la Argentina, porque es curioso que el técnico de la selección viva en el exterior. Eso es bastante raro.

– Te pueden decir que la mayoría de los jugadores convocables están en Europa.
– Bueno, pero desde acá o desde allá los ve por televisión, ¿qué sentido tiene que esté allá cuando tiene que entrenar a la Selección acá? Creo que lo de la Selección local va a ser un punto ríspido, cuando no le den los jugadores. Desde que se hizo cargo que no lo veo a Menotti. Yo lo suelo ir a ver a un lugar donde come una vez por semana. Pero supongo que si no le dan bola a lo que dice se va a ir.

– ¿Crees eso?
– Me pareció raro, primero, que aceptara. Pero hay que ver las condiciones que fijó y lo que le dijo (Claudio) Tapia. Por ahí le chingó un poquito el Flaco, porque como el Flaco es muy abierto, a mí mucho no me gustó que criticara la forma de juego de la selección estando él adentro.

– Hay algo raro ahí, por momentos Menotti parece un comentarista de la Selección.
– Esa parte no me gustó, te digo la verdad.

– ¿Y aquello de que no era bueno convocar a Messi?
– No, esa parte me gustó. Él dijo que él no se metía en la designación de los jugadores, que a los jugadores los designaba el técnico. Me pareció que no fueron afortunadas, por eso, esas primeras declaraciones. Porque está adentro, por más que él no tomara las decisiones. Está fuera de ejercicio, hace muchos años que no habla públicamente así. ¡Habló con (Fernando) Niembro, que hacía 40 años que no se dirigían la palabra! A mí me pareció asombroso. Ojalá pudiera estar él tomando decisiones, pero no lo creo.

– ¿Qué te parece Bielsa?
– Un muy buen entrenador, exageradísimamente proclamado por una gran parte de los periodistas, especialmente los más jóvenes, aunque algún veterano también. Es el técnico con mejor marketing, como dice un amigo mío. Muy buen entrenador, lo dicen todos los jugadores. Pero un entrenador que, en el mejor momento de su carrera, no llevó a Riquelme al Mundial de 2002… Vuelven en la primera ronda, dije yo. Y volvieron en la primera ronda. Un tipo que deja afuera a Riquelme en ese Mundial no puede decirse que es el tipo que más entiende de fútbol. La idea de que el mediocampo es de tránsito… Él despreció la escuela del fútbol argentino diciendo que todo iba a ir rápido. Y además, Bielsa es inteligente al no aceptar nunca, o quizás no se lo ofrecen, un equipo con chances de salir campeón en Europa. Ahora está dirigiendo en la segunda división de Inglaterra, ¡acá pasan los partidos y le elogian los partidos de la segunda división de Inglaterra! ¿Por qué no nos ponemos a elogiar los partidos de la B de acá? Entonces, como está Bielsa, se elogia a un equipo de segunda división. Y nunca elige a un equipo que tenga posibilidades de ser campeón…

– Bueno, en 1998 tomó a la selección argentina.

– Aquella Argentina, en las eliminatorias que ganó al galope, estaba totalmente sobrevalorada por la prensa. Nunca me gustó, siempre dije que le faltaba el tipo que parara la pelota en medio de la cancha, que en esa época era Riquelme.

– ¡Pero eso no es él, eso no es Bielsa!
– Bueno, ¡y así le fue! Se volvió en la primera ronda del Mundial. Y después dirigió al Olympique de Marsella, al Lille y lo rajaron. Siempre elige equipos intrascendentes, y está exageradamente valorado por los periodistas. Mirá, cuando fue la Copa América de Paraguay, en 1999, yo me dije que no podía ser que no conociera al técnico de la selección argentina. ¡Porque no lo conocía! Tenía un montón de años en el periodismo. Llamé al jefe de prensa de la AFA y le dije que quería tener una charla con él, no para entrevistarlo, sino para conocerlo.

– ¿Y cómo fue ese encuentro?
– Al rato me llamó y me dijo que Bielsa me veía después de la cena en la concentración, que estaba en los suburbios de Asunción. Dificultosamente llegué ahí con mi auto. Lo normal es que te digan "pase, tomamos un café y charlamos". Pero no, el tipo vino hasta la puerta de afuera, donde estaba yo, y me dijo "¿le gusta caminar?". Y me sacó a caminar por los suburbios, que eran precipicios en cada esquina. Estuvimos hablando como una hora, más de una hora. Me dijo reiteradamente que si salía publicado lo que hablamos, él iba a pensar mal de mí. Le dije que no iba a publicar, se lo dije otra vez por segunda vez. Ya a la tercera le dije que me estaba rompiendo las pelotas. ¡Te dije que no voy a publicar nada!

– Pasaron ya 20 años.
– Sí, son ya 20 años, alguna cosa puedo contar. Me dijo: "Yo lo leo hace 20 años, lo que usted propone ya no funciona en el fútbol. No se puede, no se puede. ¿A usted quién le gustaba más, Rojitas u Ortega?". Rojitas, le digo. "Bueno, yo a Ortega le tengo que dar variantes, porque cuando sale de la gambeta necesita compañeros atentos, porque si no se embarulla con la pelota y no sabe a quién dársela". Bueno, perfecto, son cosas del fútbol, le digo. Llega la Copa América de Perú en 2003. Argentina juega con línea de cinco. Zanetti por un lado, Sorín del otro y tres centrales. A mí no me gusta, no me gusta. Me gusta jugar con línea de cuatro. Y empieza la Copa América, Argentina gana por seis o siete goles a Ecuador y jugó con línea de cuatro. "Se refundó el fútbol argentino", escribí en el diario, "¡un partidazo!". Voy al día siguiente a la conferencia de prensa y ahí estaba Bielsa, que te contesta sin mirar a la cara. Le digo que el equipo jugó mejor con línea de cuatro. "No jugué con línea de cuatro", me dice. ¿Qué soy, pelotudo?, me dije. "No jugué con línea de cuatro". Y me sacaron el micrófono. Después pasaba, miraba y no saludaba. Jugó la final con línea de cinco nuevamente y perdió miserablemente en el último instante del partido, aunque debió haber ganado. Y dios lo castigó por jugar con línea de cinco. Y bueno, nunca más hablé una palabra con él. Y ojo, en el Mundial de Corea/Japón, pese a que yo no coincidía con Bielsa, escribí que Argentina mereció seguir adelante. Y el hermano de Bielsa, Rafael, dijo que yo había sido crítico en el éxito y un caballero en la adversidad. Esa frase me quedó grabada. Mi misión como periodista no es hacer leña del árbol caído. Aunque gané una apuesta, una comida para cuatro, (Luis) Majul decía que Argentina salía campeona del mundo y pagó la apuesta con un canje que tenía con un restaurante.

– Maradona, ¿qué te genera hoy?
– Yo le hice la primera nota a Maradona en un medio grande. Había cumplido 16 años hacía menos de diez días. Yo lo había visto jugar en un preliminar de la Selección en la cancha de Vélez junto a un pibe Luna, que la rompieron. Fui con mi Fiat 600 y el fotógrafo con la camioneta del diario. Le dije que el pibe era ese de rulos que estaba ahí. Cuando vuelve me dice "¿quién se cree que es este pelotudo, Pelé? No se quería parar para sacarse la foto…". Le hice la nota, todo fenómeno y lo llevé en mi Fiat 600 a su casa en la calle Argerich. Había dos nenes jugando en la calle, que eran sus hermanitos. Y me dijo: "¡Los tres vamos a jugar en Primera!". Así que mirá si lo conozco… Estuve invitado a su cumpleaños de 17 y 18. Lo conozco de pichón. Le dije en aquella nota: "Vos vas a ser figura del fútbol mundial y un día me vas a negar una nota a mí". Cuando fue aquel quilombo de la calle Franklin yo escribí una nota contra aquellos que lo criticaban, incluyendo Bilardo, del que no quiero hablar porque está enfermo. Pero era un secreto conocido por todos que Diego se drogaba. Mi nota se titulaba "Evitemos la hipocresía". Pero se enojó con Clarín y no hacía notas con Clarín. En el 86 éramos opositores a la selección de Bilardo, se dio ese título milagroso y (Juan) De Biase escribió una nota titulada "La gloria es de ustedes". Nítidamente. Yo no fui a ese Mundial, me quedé a cargo de la sección. Nosotros estábamos derrotados por el triunfo de la Selección, habíamos dicho que no teníamos chances. Y fuimos a Ezeiza a repartir papelitos en el micro de la Selección para que vinieran a festejar al diario. Imaginate, Bilardo los tenía guardados en un cuadro… No vino ningún jugador, ¡pero vino Maradona! Increíblemente. Y nosotros hicimos un circo fenomenal. Años después me fui a Arabia Saudita a cubrir un partido de la Selección de Basile, y en el vuelo de regreso terminé sentado entre (Fernando) Redondo y (Diego) Simeone, el agua y el aceite.

– Una ubicación increíble…
– Sí, nos la pasamos hablando de fútbol, obviamente éramos dos que pensábamos igual y otro que no, el Cholo. Y entonces le pedí al Cholo que le dijera a Maradona que quería hablar con él. Me llamó al hotel y me dijo que Diego no tenía ningún problema conmigo, pero que con Clarín no hablaba. Fui a verlo a Sevilla, al final hablamos, charlamos dos minutos y se metió en un ascensor. Ahí me calenté, juré que no hablaba más con él. Pero llegó el 94 y tuve que volver a hablar. Fue una relación de idas y vueltas. Basile cumple años el 1 de noviembre y él cumple el 30 de octubre. Una vez se apareció con una torta de cumpleaños en La Raya, yo estaba con Coppola. Charlamos y él defendía a Fidel Castro. "Vamos a hacer una revolución y yo voy a encabezar esa revolución. Vos vas a ser mi segundo, Diego". No le gustó. "Yo no soy el segundo de nadie", me dijo. "Vos con la pelotita, Diego, con la pelotita", le dije. "Esto es otra cosa". Se ponía loco, loco.

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