Juan Àngel Escobar quiere acudir a Lima 2019 (Foto: CONADE)
Juan Àngel Escobar quiere acudir a Lima 2019 (Foto: CONADE)

Por Martín Avilés

La inminente llegada de la adolescencia parecía ser una sentencia para Juan Ángel Escobar. El destino le tenía reservado un lugar en la lista de los pandilleros más temibles de su colonia hasta que la lucha grecorromana apareció para darle un vuelco a su vida, tal y como años más tarde, convertirse en stripper lo sacó de algo más que un apuro.

Desde niño le apodaron "El Valiente", y no era para menos, pues el miedo fue uno de los primeros rivales que venció cuando tuvo que ver su suerte en las calles de la colonia 13 de mayo en Guadalupe, Nuevo León, uno de los barrios más peligrosos de ese estado.

Pero Escobar nació con ángel y bajo un presagio. Era la madrugada del 18 de agosto de 1987, su abuela María apenas había cerrado los ojos cuando soñó a San Miguel Arcángel, quien le dijo que su nieto nacería la mañana siguiente. Tan pronto cantó el gallo, tomó su abrigo, una cobija y se llevó casi a rastras a su hija rumbo al hospital.

"Es gracioso porque mi mamá no tenía ni contracciones ni nada, la subió a un urbano y justo le empezaron a dar las contracciones", describe a Infobae México Juan Ángel esa escena que por años ha sido transmitida en su familia. "Mi abuelita bajó a todos del camión y la llevó directamente al hospital; obviamente ella apenas llegó y explotó".

Doña María miró a través de una ventana a su nieto recién puesto en la incubadora y entre un éxtasis de júbilo, tuvo la claridad para predecir de un solo grito el futuro del menor.

"¡Él va a ser un campeón, él va a ser un campeón! ¡Es mi nieto, es mi nieto!", fue la exclamación que retumbó en aquel hospital de Aguascalientes, donde nació Escobar pesando 4.8 kg.

Hambre y una vida difícil

Escobar aprendió a pelear en las calles de Guadalupe, Nuevo León (Foto: CONADE)
Escobar aprendió a pelear en las calles de Guadalupe, Nuevo León (Foto: CONADE)

Juan Ángel saboreó en sus primeros años ese amor incondicional que solo una abuela puede sentir a sus nietos. Fue ella quien se dedicó a cuidarlo mientras la madre del menor se ganaba el sustento lejos de aquel rancho que atestiguó los primeros pasos del hoy atleta mexicano.

Pero su madre -también de nombre María- optó por buscar independencia. Tomó a sus hijos y emprendió el vuelo rumbo a Nuevo León, uno de los estados más desarrollados de México, ubicado a unos 570 kilómetros de Aguascalientes.

"Ahí empezó la etapa más dura de mi vida, pues para mi mamá no fue nada fácil encontrar un empleo", lamenta el gladiador de ahora 31 años.

Juan Ángel y su familia pasaron hambre. Mucha. Hacer tres comidas al día pasó a ser un lujo inalcanzable en sus vidas, así como lo fue tener luz y agua en casa.

"Comíamos a veces, a mi mamá le regalaban comida ya pasada en ocasiones", expone el luchador, quien atribuye a esas carencias la razón por la que buscó en las calles una salida. 

Y es que a pesar de su mala alimentación, Juan Ángel gastaba sus disminuidas energías en su vecindario, donde encontró una ventana a ese tormento en su entorno familiar. Fue ahí donde forjó su carácter y aprendió a defenderse, lo que –sin saberlo- le serviría para comenzar a labrar su camino hacia la lucha grecorromana.

"Yo no me dejaba de los niños más grandes, siempre me pegaban pero yo me mantenía, me levantaba enojado y ya me iba a mi casa a llorar de impotencia; decía que cuando estuviera grande yo le iba a pegar a él. Desde ahí nace 'El Valiente', porque estaba la película de Los valientes no lloran, me preguntaban que por qué no lloraba cuando me pegaban y yo siempre respondía: 'porque los valientes no lloran'", remembra.

Fue cuando entró a sexto de primaria que comenzó a interesarse por el deporte gracias a su maestro de educación física, quien lo impulsó a participar en marcha y 100 metros planos.

"En caminata gané la competencia municipal y me fui a la estatal, y en 100 metro igual di el tiempo para la estatal. Yo el municipal lo corrí descalzo, como yo tenia unos zapatos nada más, eran zapatos o tenis, y yo tenía zapatos porque mi mamá la neta dijo: 'pues mejor zapatos para la escuela', pero yo gané la competencia descalzo", presume.

Llegó la lucha

En sexto de primaria se acercó al deporte. (Foto: CONADE)
En sexto de primaria se acercó al deporte. (Foto: CONADE)

La vida callejera lo jaló de vuelta y se alejó del atletismo. Las retas de fútbol le dieron ánimos para probarse en las fuerzas básicas de Tigres pero al no poder comprarse unos tachones y espinilleras, declinó. Y aunque su camino parecía distanciarse del deporte, llegó su momento cuando estaba por cumplir 13 años.

"Llego a la lucha porque a un amigo lo querían golpear, eran 14 chavos y me di cuenta que necesitaba mejorar. Empiezo a asistir a lucha en enero del 2000, a fin de mes hubo un estatal y pelee creo que con dos y las dos luchas las gané. Entrené todo el mes y a fin de mes yo gané el estatal", afirma.

Su maestro, Luis Carlos López, fue el artífice de su éxito. Y no porque hubiera descubierto sus evidentes cualidades, sino por haberlo apoyado incluso pagándole el viaje al Campeonato Nacional.

"Pero seguía de pandillero, de vez en cuando iba a aventarme un tiro, me gustaba. En aquel entonces fui a unos XV años, me puse guapito; ahí nos topamos con una banda y empezamos a hacernos de palabras. Cuando fui al baño, antes de que empezara la música disco, entró 'El Sánchez', uno de la otra banda que estaba, y me dio 11 puñaladas con un vidrio, son todas las cicatrices que tengo por todo el cuerpo", lamenta.

Escobar se miró en el espejo y notó que se le veía el hueso en una de las heridas de su rostro, de inmediato lo llevaron al hospital y le dieron un total de 67 puntadas.

"Reflexioné qué quería de la vida, pensé en que si cobraba venganza lo iba a matar y eso sería ir a la cárcel y lastimar a mi familia, me hubiera perdido esta etapa como deportista de mi vida. Así me encarrilé directo al deporte", dice con un gesto de alivio.

El inicio del éxito

Recibió 11 puñaladas en una riña entre pandilleros (Foto: CONADE)
Recibió 11 puñaladas en una riña entre pandilleros (Foto: CONADE)

El éxito llegó a partir de ese momento, ingresó a la preparatoria y ganó el Panamericano en 2003 y arrasó en cada competencia que participó al año siguiente. Pero como bien dicen, lo importante no es llegar sino mantenerse.

Su carrera comenzó a irse en declive, luego de perder su boleto a los Juegos Panamericanos Río 2007 y caer en el Nacional por rudeza innecesaria, le retiraron la beca deportiva.

"Y luego para colmo choco mi carro, aparte de que pierdo la plaza de los Juegos, tenía un carro que me compré, lo andaba pagando en ese entonces y no saqué seguro. Ya ganaba como 10 mil pesos al mes más o menos y el carro se lo estaba pagando a mi tío, a quien precisamente le quedé a deber como 15 mil", recapitula.

En total, Escobar debía cerca de 60 mil pesos tras el percance. Se encontraba desesperado, hasta que habló por teléfono con su hermana, quien le propuso una manera de ganar dinero fácil.

"Me dijo 'hay un antro aquí de strippers que yo conozco'. Pensé que conocía a gente pero no y así me metió de stripper. Al siguiente día empiezo a ver el ambiente, que yo no sabía bailar y me dicen '¡súbete!'. '¡No!', dije. Estaba de su chingada madre, yo ni sabía bailar y la neta no me agüité, porque había unos strippers que no saben bailar están bien tontos y aparte tenían cuerpo bien feo. No los critico pero si vas a bailar, échale, échale galleta compadre, y yo la neta estuve bien rayadito, bien marcadito", dice entre risas.

Poco a poco, Juan Ángel comenzó a desinhibirse, aprendió a cautivar a las mujeres con sus bailes y perfeccionó su disfraz hasta crear un personaje.

"Tenía el pelo más o menos largo y me hice un churrito. Tenía un amigo que dibujaba, me puse unos lentes y le dije a mi amigo que me pintara una S de Superman, la S se veía súper wow, se veía bien chingón y a mi bóxer también le puse la S igual de Superman", indica.

El oriundo de Aguascalientes comenzó a ganar buen dinero y se encontraba tranquilo con esa nueva vida, hasta que se enteró de los rumores sobre su retiro y despertó su ego. Volvió a entrenar y alternó su vida de stripper con la de atleta de alto rendimiento. Así hasta que tuvo que decidir entre ambas a sus 22 años.

"La última vez que yo baile fue en diciembre del 2009, de hecho en noviembre, con el dinero que llevé ahorrado me pagué un campamento en Turquía, para yo poder tener un buen resultado en 2010 y precisamente con el dinero que yo tuve también me compré mi BMW", presume.

Escobar sacudió al continente entero al ganar la medalla de oro en los Panamericanos de Mayagüez. Una lesión en la rodilla lo dejó fuera de Londres 2012, pero volvió para coronarse en los Centroamericanos Veracruz 2014 y fue bronce en Toronto 2015.

"Mi mayor logro es haberme convertido en una persona de bien y haber sido la guía de todos los niños que ahora se están convirtiendo en campeones en Monterrey. Ahora 'El Valiente' ya no lo conocen como 'El Valiente', lo conocen como Juan Ángel Escobar y a nivel mundial en el 2014 fue el octavo lugar del mundo. Yo ya me hice un espacio, ya estoy en un pared donde siempre voy a ser inmortal, donde están escritos los mejores ciudadanos de Nuevo León", zanja.

Juan Ángel Escobar está por sellar su boleto a los Juegos Panamericanos de Lima 2019, una parada más en el camino rumbo a Tokio 2020, donde espera poner punto final a su leyenda, la de un auténtico luchador de la vida.