Tras una pared con Bertoni, Bochini mete el gol del empate, y del campeonato, cuando faltaban siete minutos. Independiente se coronó en Córdoba, con tres hombres menos.
Tras una pared con Bertoni, Bochini mete el gol del empate, y del campeonato, cuando faltaban siete minutos. Independiente se coronó en Córdoba, con tres hombres menos.

Por Eduardo Bolaños, autor del libro "Inolvidables partidos olvidados"

En enero de 1978, el fútbol local tenía su oferta con las instancias decisivas de Nacional 1977. Un extenuante Metropolitano (desarrollado entre febrero y noviembre) hizo pensar a algunos dirigentes en la suspensión del Nacional. Todo quedó como estaba pautado, y jugando domingo y miércoles casi sin descanso, el certamen federal tuvo acción. A mediados de enero Talleres e Independiente se clasificaron finalistas. Eran dos equipos que tenían más similitudes que diferencias, a partir de una premisa de buen juego y ataque permanente.

Aunque Bertoni y Bochini ganaron la Intercontinental en 1973 (gol de Bochini), la hazaña de 1978 frente a Talleres -otra vez con gol de Bochini- quedó en el corazón de los hinchas al mismo nivel que el triunfo ante la Juve.
Aunque Bertoni y Bochini ganaron la Intercontinental en 1973 (gol de Bochini), la hazaña de 1978 frente a Talleres -otra vez con gol de Bochini- quedó en el corazón de los hinchas al mismo nivel que el triunfo ante la Juve.

El cuadro cordobés, desde 1974 era uno de los principales animadores de los nacionales, y se encontraba ante la inmensa chance de ser campeón por primera vez, dirigido por un buen entrenador como Roberto Saporiti.

La ida fue el sábado 21 en Avellaneda, donde se dio la paridad esperada, pero lejos del nivel que ambos podían brindar. Fue 1-1 con sendos goles de penal (Trossero para el local y Cherini para la visita). Los cordobeses lo sintieron como un triunfo, no solo por no haber perdido en Buenos Aires, sino porque en caso de empate, los goles marcados en condición de visitante tenían doble valor.
Por eso el recibimiento fue tan eufórico, según crónicas de época, como nunca se había vivido en la provincia. Decenas de hinchas colmaron las instalaciones del aeropuerto de la capital para acompañar a quienes sentían como héroes, en el trayecto desde allí hasta el lugar de concentración. El anhelo, el sueño y desvelo estaban cerca. A tan solo 90 minutos.

Independiente viajó hacia Córdoba confiado en su mística y en la categoría del plantel. Motivados por un técnico que era mucho más que eso. Configuraba a un padre, un hermano, un amigo. Todo eso representaba José Omar Pastoriza, quien sería protagonista relevante en la revancha.
Ésta se disputó en el estadio del Barrio Jardín, la casa de Talleres, donde era prácticamente inexpugnable. Tomando los dos últimos nacionales (1976 y el corriente de 1977) había disputado allí 18 encuentros con 15 victorias, 2 empates y solo una derrota. Convirtió 48 goles y apenas recibió 16. Los 15 triunfos los había conseguido en forma consecutiva. Datos aplastantes…

A falta de tres horas para el inicio, el estadio no tenía un solo claro. Tres horas más tarde era una hoguera irreverente, que se silenció por primera vez a los 29 minutos cuando Norberto Outes de cabeza, tras capitalizar un pase de Omar Larrosa, puso el 1-0 para la visita y el festejo para los 2.000 hinchas rojos que habitaban la popular. A poco de iniciado el segundo tiempo, Valencia (el 10, el mago jujeño aquerenciado en Córdoba) lanzó un centro desde la izquierda que pegó en el brazo del lateral Pagnanini. Duda para casi todos menos para al árbitro Barreiro que marcó el penal, que Cherini cambió por gol como en Avellaneda.

El reloj marcaba 75 minutos cuando llegó la jugada explosiva, la que activó el volcán en una, ya de por sí, caldeada noche cordobesa: Bocanelli conectó con un puñetazo un centro y mandó el balón al fondo del arco. Barreiro convalidó el gol y se desató un escándalo que llevó al paroxismo a los futbolistas de Independiente. Trossero, Larrosa y Galván vieron la tarjeta roja, y el resto de sus compañeros querían irse de la cancha al sentirse despojados.

Allí emergió la figura de Pastoriza, poniendo una calma y lucidez propias de los sabios. Se puso firme, les habló a cada uno de los ocho que quedaban y les tocó el alma con una frase que entró en la leyenda: "¡Vayan, sean hombres, jueguen y ganen!". Y reafirmó ese convencimiento realizando dos cambios insospechados. En lugar de reforzar la defensa para evitar una goleada, mandó a la cancha a un volante ofensivo (Mariano Biondi) y a un delantero (Daniel Bertoni).

Holan, el actual técnico de Independiente, junto a Bochini y Bertoni, socios para el gol en el histórico partido ante Talleres en Córdoba.
Holan, el actual técnico de Independiente, junto a Bochini y Bertoni, socios para el gol en el histórico partido ante Talleres en Córdoba.

Con tres menos, Independiente creía en la epopeya. Y la alcanzó a los 83 minutos en los pies de un hombre que se vistió con las ropas que mejor le quedaban. Las de héroe. Ricardo Bochini hizo una pared con Biondi, otra con Bertoni y llegó al punto del penal, cara a cara con el arquero Guibaudo, ante quien definió con una sutileza tan grande como la gloria que acaba de abrazar. Ese 2-2 sería el definitivo. Y el que encerraba el grito de campeón por el mentado (y reglamentario) valor del gol de visitante…

Independiente concretó la hazaña más grande en la historia del fútbol argentino, superponiéndose a las miles de trabas que le puso el destino en tan solo 90 minutos. Y Ricardo Bochini, invirtiendo la lógica, en lugar de recibirlo, hizo un regalo inolvidable a todo el pueblo rojo, en el día de su cumpleaños número 24.