
(Desde Madrid) La capital de España vivió un domingo para la historia del fútbol. Historia que quedará tapizada con los colores de River Plate como la hazaña del equipo que ganó la Copa Libertadores en una final a doble partido sin jugar frente a su gente en el Monumental. Infobae acompañó al Millonario desde cuatro horas antes del pitazo inicial en el Santiago Bernabéu en un día donde quedaron gargantas por el camino.

El Paseo de la Castellana quedó inundado con los colores rojo y blanco desde el Santiago Bernabéu hasta la plaza Cuzco, a 500 metros de distancia. "Esta hinchada se merece ser campeón", gritaban agitando los brazos en el aire. Banderas de River, de Argentina, remeras con el escudo estampado en el pecho, bombos, platillos… Todo recurso valía para alentar al equipo capitaneado por Leo Ponzio. Uno de los cánticos más repetidos recordaba al conjunto del Muñeco Gallardo que le apoyarían sin condicionantes: "En las buenas vamos a estar, en las malas mucho más". Dicho y hecho. Quedó grabado desde la grada de la emblemática cancha del Real, donde su equipo se vio por detrás en la final por tercera vez. Pero apareció Lucas Pratto de nuevo.
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Con la Puerta de Europa a sus espaldas, los fans de River Plate prepararon la previa cargados de alimentos, cerveza y litros de pasión. La banda principal sobre la que giraron los cánticos estuvo protegida por un cordón humano de hinchas agarrados por los brazos. Las cámaras trasladadas hasta la plaza de Cuzco lograron colarse para congelar los sentimientos, las ilusiones y los sueños de los miles de aficionados que pasaron en algún momento por la zona cero de River en Madrid, con permiso de la Puerta del Sol.



Ni siquiera el cielo de Madrid se libró. Mirar hacia arriba era sinónimo de encontrarse con una bandera de River, con un paraguas rojo y blanco, con un brazo estirándose para capturar un video para mostrar a la familia, a los amigos, a los compañeros de trabajo que se quedaron en la Argentina. En una de las fotos de arriba se vislumbra incluso una muleta en el aire. De pasión no les vamos a enseñar nada en España.
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La zona de fans de River Plate tuvo lugar para disfraces ingeniosos: desde un sultán con los colores de la Selección argentina a una gallina con el 25 a la espalda. Este mismo aficionado estuvo presente también en la celebración en la Puesta del Sol encaramado sobre una valla de dos metros disfrutando la noche victoriosa de su equipo.


Con agentes uniformados parados en hilera en la acera, un hincha de River se percató de la presencia de una mujer con el 10 a la espalda. No era el 10 del Pity Martínez. Era el de Juan Román Riquelme. El hincha, sorprendido, se dirigió a la Policía señalándola: "Disculpe caballero, ¿no la van a detener?". Acto seguido la escena se rompió con carcajadas de la fanática de Boca y de su homólogo de River, en un ejercicio más de la deportividad que reinó a 10.000 kilómetros de Buenos Aires.
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A cien metros del Santiago Bernabéu, se produjo el primer control policial. El dispositivo de seguridad embotelló al grueso de la afición de River Plate, que tuvo que desfilar frente al tanque de la Policía Nacional y hacer cola mostrando identificación, entrada en el celular para también someterse a los chequeos de los agentes. Al pie de la cancha pudieron comprarse banderas, gorras, bufandas y un abanico de accesorios para acompañar durante el partido. Al margen de Boca y River, los vendedores ambulantes también ofrecieron merchandising de los tres principales equipos españoles: Real Madrid, FC Barcelona y Atlético de Madrid.


Junto a ellos, una colección de puestos de comida rodearon la cancha del Real principalmente por dos costados: el Paseo de la Castellana y la Avenida de Concha Espina, zona reservada para hinchas de Boca Juniors. Como suele ser habitual en España, no hay comida caliente en estos puestos. Olvídense del choripán reglamentario a la salida de la cancha. Quedan cosas por aprender en Europa.
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Como en cualquier partido del Real en casa, los vendedores dispusieron frutos secos en cajas rectangulares de plástico sobre mesas plegables cubiertas por un mantel rosado. Anacardos, pistachos, pipas, gominolas, papas, refrescos… Los aficionados que quisieron disfrutar de una cerveza tuvieron que desplazarse a bares cercanos al estadio, ya que en estos puestos no se venden bebidas alcohólicas.
Fue una auténtica fiesta. Conforme iba cayendo la tarde, el frío se tradujo en más cánticos, bombos y ánimos en los momentos previos al comienzo del partido.
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El resto de la historia ya se la saben de memoria.
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