La historia del Turco García tiene todos los condimentos necesarios para concretar un proyecto cinematográfico. Sus aventuras en la pobreza de Fiorito, el debut en Huracán, su estrellato en Racing, la convocatoria a la Selección, sus problemas (ya resueltos) de adicción a la cocaína y su notable carisma podrían conformar un largometraje en donde el sueño del pibe sea la fuente de inspiración. Sería una especie de guión basado en el libro Claudio Turco García, Este soy yo, donde describe con una sinceridad brutal las anécdotas más interesantes que vivió en el transcurso de su carrera.

"Yo no soy ejemplo de nadie, solo espero que esto sirva de ayuda para muchos chicos que pasaron lo que pasé yo", le dijo a Infobae en el mano a mano que mantuvo en el predio Tita Mattiussi. Su humildad sigue intacta. Sus días de gloria no modificaron su esencia. Como lo explica desde la cancha auxiliar donde se entrenan las inferiores de Racing, "cuando uno viene de la pobreza,  llega a estar arriba y luego se cae, puede volver a levantarse; pero a otros les puede costar más".

El ex delantero es una clara muestra de superación. Desde sus inicios en Fiorito, donde fue vecino de Maradona, sus primeros desafíos se instalaron entre el potrero y las mujeres. Como no podía ser de otra manera, su debut se dio primero en la cama y después en las canchas: "Fue con dos hermanas de Lugano. Estaba con Walter (un amigo) y nos metimos en una habitación… a la semana volvimos para hacer el Cuchu Cambiaso".

Su primera experiencia sexual fue completamente opuesta a la que vivió en Huracán. Los temores de compartir la delantera con los campeones del 73 lo paralizaron.  "Hoy le dicen ataque de pánico, pero para mí era cagazo. Encima, cuando me levanté para calentar me corté con una chapa y no me podía mover", recordó con la satisfacción que le produce revivir el gol con el que hizo su presentación en Primera: "No lo podía creer, en el festejo me trepé al alambrado y la gente ni lo gritó. Íbamos perdiendo 3 a 1, seguro dirían ¿este es tarado?, pero ¿sabés lo que era hacerle un gol al Loco Gatti?".

Abonado a una locura que se instaló en su ADN, el Turco se aferró a sus travesuras desde chico. Como la vez que robó un televisor en medio de los festejos del Mundial 78 o cuando presionó a las autoridades de su escuela para conseguir el diploma gracias a una imitación de Los Beatles. Como si se tratara de una especie de Ringo Starr del conurbano, sus atributos musicales en la batería sirvieron para que logre su primer objetivo.

Sin embargo, su máxima frustración se dio en la previa del Mundial de Estados Unidos cuando sufrió una lesión que lo dejó afuera de la lista. "Yo me enojé con Coco (Basile), pero después le pedí disculpas porque siempre me bancó. Fue una cuenta pendiente. Para el 98, cuando sabía que no iba, me encerré en una oficina y arranqué con lo mío. Me dio un bajón y la probé por primera vez. Fue muy frustrante, no hice ningún tratamiento psicológico y creo que tal vez fue eso lo que me jodió", reflexionó.

"La cocaína la dejás o te deja. Yo no me podía ver sin dientes, ojeroso y sin mi familia. Fueron meses terribles. Me metía en las villas para buscar, mentía… mi mujer se metió en todos lados para rescatarme", confesó con la crudeza que lo caracteriza.

Aquellos días en los que tocó fondo fueron posteriores a los de Racing, donde vivió su mejor época. "La fantasía de las noches de joda" se amparan en las excéntricas cábalas que mantenía con Marcelo Saralegui, el Puma Rodríguez y otros integrantes del plantel que conducía Roberto Perfumo en 1991: "Íbamos al cabaret los sábados a tomar un café, pero no pasaba nada. Las chicas empezaban a trabajar después de las 12 y nosotros nos íbamos antes. Igual no era normal. Cualquiera que nos viera podría decir ¿Qué hacen estos en un cabaruche, si tienen que jugar mañana?" Además, después de los partidos las jornadas continuaban en Freer, Wanna, New York City o Caix.

Fue en ese Racing donde también se agarró a trompadas con el jefe de la Guardia Imperial, Cacho Ciudadela. La extorsión para que deposite parte de su sueldo a la barra brava fue el motivo que derivó en la pelea: "Nos dimos lindo, él me esperó un lunes cuando llegué al entrenamiento y pidió que nadie se meta. Me ganó por puntos".

En la Academia hizo de todo. Su amistad con Juan De Stéfano le permitió cranear la idea de convocar a Maradona como entrenador. Un visionario si se tiene en cuenta que en 2010Pelusa estuvo al frente de la Selección en el Mundial de Sudáfrica. Dos triunfos, seis empates y cinco derrotas marcaron el ciclo del técnico al frente del conjunto de Avellaneda. "Voló el Diego, voló el Puma (Rodríguez), voló Saraleguila gente pensaba que estábamos en la joda", analizó el Turco.

Era la década del noventa, donde la política y el deporte convivían permanentemente. La exposición mediática de Carlos Menem, su roce con la farándula y los amistosos que se armaban en la Quinta de Olivos (en plena temporada) representaban los puntos característicos en la época de la pizza con champagne. "Carlitos era un crack. Íbamos a jugar con el Mono Navarro Montoya, Giunta… él me adoraba. Me quiso llevar a River, pero Passarella dijo que no porque tenía el pelo largo. Carlitos jugaba con la 5 y se la dejábamos tocar, pero era un cono. Yo le decía: Carlos, movete que va a pasar un perro y te va a mear. Era un árbol", resumió con el humor que lo caracteriza.

Querido por muchos y odiado por nadie. El Turco García es de esos personajes entrañables que ni siquiera los hinchas de Independiente sienten rencor hacia él. Incluso después de haberse bajado los pantalones frente a la tribuna del Rojo o haberle convertido un gol con la mano en un cruce por la Supercopa. "No fue la Mano de Dios, fue la de Castellani. Yo pensé que había sido como la de Diego, pero cuando la vi casi me descompongo. Por ese gol y el de caño a Navarro Montoya todavía sigo choreando", bromeó con la sonrisa propia de un atorrante que sabe que sus picardías sirvieron para lastimar a los rivales de toda la vida.

Intrépido, carismático, entrador y transgresor. Surgido de los potreros de Fiorito, supo llegar al estrellato cuando logró los títulos de la Copa América en 1991 y 1993. Las adicciones son parte de su pasado, por ello también brinda charlas motivacionales para colaborar con los jóvenes que tienen problemas con las drogas. Tocó fondo y supo levantarse. Como la vez que cambió una gorra de Fidel Castro por cocaína. El Turco García, un pibe de barrio que se metió en el corazón de los hinchas de Racing a través de las locuras más insólitas que protagonizó a lo largo de su carrera. Una historia que merece su lugar en la pantalla grande.

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