La otra cara del ascenso: la historia detrás del dirigente que lloró por la derrota de su equipo en la final

Tras perder el partido por el segundo ascenso a la B Metropolitana, la imagen del directivo Oscar Lapegüe llorando por la derrota de Defensores Unidos se hizo viral. Una historia de lucha y pasión que se repite en las categorías más bajas

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Oscar Lapegüe, directivo del CADU,
Oscar Lapegüe, directivo del CADU, rompió en llanto tras perder el ascenso a la B Metropolitana (@Bundeslumpen)

Es una historia que refleja miles. La voz de una persona está hablando por la gran mayoría. Allí donde el fútbol pierde todas las escamas adulteradas por el negocio, aparece la pasión. Mientras más profundo es el ascenso, más cerca se encuentra de convertirse en el sinónimo del sentimiento más primitivo que hizo grande a este deporte. El llanto de Oscar Lapegüe, dirigente de Defensores Unidos, no es más que la foto de un centenar de pasionales directivos mirándose al espejo.

El sábado el equipo de Zárate cayó con San Miguel y quedó en la puerta de retornar a la B Metropolitana tras dos décadas. Lapegüe, pro secretario del CADU, se sentó detrás de las plateas y sólo pudo exteriorizar su desazón llorando. Su imagen se hizo viral por intermedio del sitio Bundeslumpe encargado de seguir el ascenso, Infobae lo contactó para conocer la pasión detrás de esas lágrimas.

"El llanto fue porque… El fútbol es un sentimiento. Una pasión para lo que nos gusta. Para la gente que estamos en clubes como CADU, que es una ciudad, se vive el doble. Se te pasan muchas cosas por la cabeza", explica este hombre que heredó la pasión de su padre y toda la vida estuvo relacionado al club.

Lapegüe trabaja 9 horas en una empresa química de Zárate y luego le dedica alrededor de 3 horas diarias al club ad honorem, como la mayoría de los dirigentes que están en clubes de los últimos peldaños del fútbol profesional argentino: "En esta foto se ve reflejado lo que es el fútbol de acenso. El sentimiento de los dirigentes que trabajan. La foto me la sacaron a mí pero es el reflejo de todos. Acá se trabaja a pulmón".

No es una postura. No hay otro síntoma detrás de ese llanto más que la herida que genera una pasión. Lapegüe no tiene dobles intenciones en su cargo. No busca el éxito personal ni el despegue económico. Rememora el momento y su voz se entrecorta: "Vine para la zona de plateas, que está al lado de los vestuarios, y la encontré a mi hija que estaba como yo. Nos abrazamos un ratito y me quedé sentado, llorando. No podía entender cómo no habíamos ascendido".

Zárate es una ciudad ubicada a 90 kilómetros de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que tiene como principal polo deportivo y social a Defensores Unidos, que cuenta con cinco estadías en la B Metropolitana como máximo logro. Lapegüe, hincha y dirigente, acarrea su sentimiento por mandato familiar: "Es más fácil ser de Boca o River que de Defensores. Yo, para que te des una idea, vivo enfrente del córner de la cancha. Abro la ventana y veo la cancha. Todos estamos en el club".

El CADU irrumpió en las noticias en las últimas semanas no sólo por la importante definición deportiva que lo tenía como protagonista sino que también por otro noble gesto: el técnico del equipo, Gustavo Puebla, se metió en el vestuario de San Miguel para felicitar al rival por el logro tras perder la definición de reducido.

"El fútbol argentino viene un poco revuelto: lo que nos pasó a nosotros de no conseguir el ascenso y que no haya ningún incidente debería ser lo normal, pero fue un orgullo", advierte el hombre de 56 años en tono con la línea de un club que perdió el ascenso y, a pesar del dolor, supo tomarlo como lo que es: un juego que domina la pasión pero no la conciencia.

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