Es curioso lo que ocurre en el barrio Las Heras, de Rosario. Buena parte de las paredes y los postes de luz están pintados con los colores de Rosario Central. Escudos, corazones, frases o simplemente dos franjas, todo casi siempre pintado de color azul y amarillo. Pero esa zona del Sur de la ciudad santafecina, es histórica por una buena jugada del cosmos: allí, un 24 de junio de 1987, nació Lionel Andrés Messi Cuccittini, el mejor jugador del mundo, hincha de Newell's Old Boys.

Los grafittis de Rosario Central abundan en el barrio donde nació Lionel Messi, acaso el hincha de Newell’s más prestigioso del mundo (Adrián Escandar)
Los grafittis de Rosario Central abundan en el barrio donde nació Lionel Messi, acaso el hincha de Newell’s más prestigioso del mundo (Adrián Escandar)

Lío, como le llaman en el barrio, vivía sobre la calle Estado de Israel, un trazado particular que en su recorrido es interrumpido en distintas oportunidades por avenidas, construcciones, terrenos inhabitados y, como en el caso preciso del 500 de la calle antes llamada Lavalleja, se corta por lo que supo ser un campo de entrenamiento militar.

La calle Estado de Israel es un particular trazado que atraviesa la ciudad de Rosario. A la altura de la casa familiar de Lionel Messi apenas entra un vehículo por lo angosto de la misma (Adrián Escandar)
La calle Estado de Israel es un particular trazado que atraviesa la ciudad de Rosario. A la altura de la casa familiar de Lionel Messi apenas entra un vehículo por lo angosto de la misma (Adrián Escandar)

A esa altura, precisamente en el 525, aparece la casa familiar de los Messi, la que se mantiene casi como hace 30 años ya que apenas fue refaccionada poco tiempo atrás por la construcción de dos garajes y una tercera entrada, llegando a la esquina de la calle Ayacucho.

La casa donde nació Lionel Messi, un 24 de junio de 1987 (Adrián Escandar)
La casa donde nació Lionel Messi, un 24 de junio de 1987 (Adrián Escandar)

No hace falta preguntar si efectivamente allí vivía el hijo pródigo del barrio en donde se conocen todos. Una presencia extraña es rápidamente advertida, y si además porta elementos para uso periodístico, como una cámara, rápidamente alguien preguntará: "¿Vienen por Messi"?

El barrio cuenta orgulloso los orígenes del 10. "Vivía pateando contra las paredes a cualquier hora del día. En el único momento en que no se lo escuchaba era cuando iba al colegio. Después se juntaba con los chicos del barrio y se pasaban horas y horas jugando y gritando", recordó una vecina a quien se le dibuja una sonrisa cuando agrega que más de una vez supo retar a Lionel cuando se acercaba, pelota en mano, a la hora de la siesta.

Lionel Messi en algunos equipos de Newell’s que integró en inferiores y en Grandoli, su primer club (camiseta naranja), donde fue dirigido por Salvador Aparicio, su descubridor (el señor de campera azul que aparece en la segunda foto de arriba, de izquierda a derecha)
Lionel Messi en algunos equipos de Newell’s que integró en inferiores y en Grandoli, su primer club (camiseta naranja), donde fue dirigido por Salvador Aparicio, su descubridor (el señor de campera azul que aparece en la segunda foto de arriba, de izquierda a derecha)

La zona es humilde, de gente trabajadora. Al caminar por allí se oyen las risas pícaras de los niños que intentan en vano esconderse para espiar al transeúnte. Hace 30 años las calles eran de tierra en la zona y allí Messi jugaba descalzo. "Era una pulguita pero debías verlo cómo se le animaba a los chicos más grandes con los que jugaba. Los encaraba y los pasaba como conos. Y no te exagero ¿eh?", aseguró Ramón Gallino, un vecino del lugar que se jubiló luego de muchos años de trabajo en Acindar, empresa metalúrgica donde fue compañero de Jorge, papá de Lionel.

Enfrente de la casa que han visitado turistas de todo el mundo vive Rubén Manicavale, cabeza de una familia particular en la vida de quien él se interesa en aclarar que no es ni Lionel, ni Leo, ni Messi: "Es Lío, así lo llamamos siempre", asevera. "Siempre venía a casa, desde que era chiquito. No tenía un año cuando mi mujer lo agarraba de las manitos y él, que no caminaba, la tironeaba para que lo acerque hasta una pelota", cuenta entre risas.

Rubén Manicavale, vecino de la casa familiar de los Messi (Adrián Escandar)
Rubén Manicavale, vecino de la casa familiar de los Messi (Adrián Escandar)

Rubén detuvo el barrido de la vereda de su casa para contar que él permitió que el cineasta Alex de la Iglesia conectara los cables eléctricos de sus móviles durante la grabación del documental que realizó sobre la vida de Lionel, simplemente llamado Messi. El futbolista visitó su casa incontables veces, como lo registra un sobre con decenas de fotos en las que aparece de pequeño, siempre junto a una niña: "Cuando Celia, la mamá de Lío se iba a trabajar, lo dejaba al cuidado de Silvia, mi mujer, que también cuidaba a Cintia, mi nieta, que fue muy amiga de él toda la vida".

(Adrián Escandar)
(Adrián Escandar)

Y así es. Cintia es Cintia Arellano, acaso la gran compañía de la infancia de Lionel Messi, la única con la que no tenía vergüenza. Su salvación en el colegio al que no le gustaba ir, ya que en el más bajo volumen de voz le decía la respuesta de los exámenes. "Prácticamente vivían juntos. En mi casa pasaban cumpleaños, fiestas, jugaban todo el día", recuerda con la mirada perdida en el repaso del tiempo y cada tanto muestra una foto que prueba cada una de sus palabras.

Lionel Messi y Cintia Arellano, su gran amiga de la infancia, en una foto que Rubén le prestó al autor de un libro sobre la vida del crack (Adrián Escandar)
Lionel Messi y Cintia Arellano, su gran amiga de la infancia, en una foto que Rubén le prestó al autor de un libro sobre la vida del crack (Adrián Escandar)

A escasas cinco cuadras de allí se encuentra la Escuela General N°66 Las Heras, donde Lionel Messi hizo toda su formación primaria. Lo recuerdan como un chico muy callado, que hacía lo justo y necesario, correcto, y siempre bien protegido por su familia. "No era de hablar mucho, sólo se desesperaba cuando era el momento del recreo para ir a jugar con lo que sea que tuviera a mano", contó Andrea Sosa, su maestra en quinto y sexto grado.

Escuela N°66 General Las Heras, Rosario (Adrián Escandar)
Escuela N°66 General Las Heras, Rosario (Adrián Escandar)

A los 18 años, cuando hacía cinco que Lionel ya era parte del Fútbol Club Barcelona, regresó a visitar a las docentes de su escuela primaria. Aquella aparición conmocionó a todos. "Nosotros ya sabíamos que él estaba triunfando allá en Europa y un día apareció acá, como si nada. No lo podíamos creer", agregó Andrea, quien además recordó que un muy joven Lionel aceptó gustoso tomarse fotos con ellas y con los alumnos.

El día que Messi regresó a la que había sido su escuela primaria en Rosario
El día que Messi regresó a la que había sido su escuela primaria en Rosario

Tiempo después el futbolista donó pintura y elementos de informática a la institución cuya pared trasera presume de un mural con la figura del futbolista que pintó el artista brasileño Paulo Cosentino.

(Adrián Escandar)
(Adrián Escandar)

Sus vecinos recuerdan a Messi como un chico "tocado por la varita" desde el vientre. Del barrio era también su abuela Celia, una de las personas más importantes de su vida, a la que le dedica, dedos al cielo, cada uno de sus goles. Cuenta la historia que fue ella quien un día, en el club Grandoli de Rosario, alzó la voz para gritar "¡acá hay uno, acá hay uno!", cuando Rubén Aparicio, técnico del equipo del club barrial, lamentaba la ausencia de un jugador para iniciar un partido. Ese día comenzó a forjarse la leyenda…

Andrea Sosa fue docente de Lionel Messi en 5° y 6° grado de la escuela primaria (Adrián Escandar)
Andrea Sosa fue docente de Lionel Messi en 5° y 6° grado de la escuela primaria (Adrián Escandar)

Luego, un día de 1993, Jorge Griffa, histórico formador de futbolistas de Newell's, llamó a la puerta de la casa familiar de los Messi y allí, previa presentación, pidió llevarse al pequeño de seis años a la cantera de La Lepra. Ruben, el vecino, ríe al recordar que no había desafío que Messi no pudiera afrontar. "Le daban un alfajor por cada gol que hacía. Como vieron que hacía muchos, le dijeron que le darían dos por cada uno que hiciera con la cabeza. Entonces él gambeteaba a todos y cuando llegaba al arco levantaba la pelota y ¡pac!, la metía con la cabeza… Después repartía los alfajores con los amigos. Qué pibe ese…", lanza en modo de admiración del Lío de la infancia.

Las calles del barrio de la infancia de Messi (Adrián Escandar)
Las calles del barrio de la infancia de Messi (Adrián Escandar)

Cuando tenía 13 años, Lionel cursaba ya sus estudios secundarios en la escuela Juan Mantovani. Allí se guarda entre sonrisas la historia de Alicia, una celadora que de tanto retar a Messi por jugar a la pelota una día le dijo: "Nene, dejá de patear y ponete a estudiar que así no vas a llegar a nada". Del momento en el que el 10 fue alumno de esa institución quedan muy pocas maestras. Una, Graciela Biscaini, contó que allí fue apenas seis meses porque entonces un día llegó el padre a buscarlo y a avisar que se irían a probar suerte a Barcelona…. Vaya si la tuvieron.

Graciela Biscaini, docente de Lionel Messi en la escuela secundaria de Rosario Juan Mantovani (Adrián Escandar)
Graciela Biscaini, docente de Lionel Messi en la escuela secundaria de Rosario Juan Mantovani (Adrián Escandar)

"Lío siempre vuelve al barrio", cuentan por allí. "Ahora harán dos años que no pasa pero es entendible porque el tipo no puede andar por la calle, aunque acá cada vez que vino fue uno más", recalcan los vecinos. Hablan de un buen pibe, de una familia trabajadora, de que hoy lo ven por la tele y a veces se les escapa una sonrisa con las jugadas que asombran al mundo. Para ellos eso era cosa diaria. Si hasta les parece verlo descalzo, pateando la pelota en la calle de tierra…

(Reuters)
(Reuters)