Luego de la reinauguración del Museo del Holocausto, se incorporaron piezas que antes no eran exhibidas. Foto: Fernando Calzada.
Luego de la reinauguración del Museo del Holocausto, se incorporaron piezas que antes no eran exhibidas. Foto: Fernando Calzada.

A partir de 2005, Naciones Unidas determinó que el 27 de enero sería el día Internacional de la Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto. 75 años después de la liberación de Auschwitz por parte de las tropas soviéticas, en Argentina la memoria sigue viva y tiene una función pedagógica: hay que conocer las atrocidades de la Historia para que no se vuelvan a repetir.

En Buenos Aires, el Museo del Holocausto es uno de los centros de investigación y exposición que a través de objetos, documentos y testimonios da cuenta del proceso de exterminio llevado a cabo por el nazismo. Inaugurado a mediados del año 2000, es la principal institución en materia de archivo, investigación y contacto con sobrevivientes.

El Museo del Holocausto es uno de los centros de investigación y exposición que da cuenta del proceso de exterminio llevado a cabo por el nazismo. Foto: Fernando Calzada.
El Museo del Holocausto es uno de los centros de investigación y exposición que da cuenta del proceso de exterminio llevado a cabo por el nazismo. Foto: Fernando Calzada.

Después de dos años de trabajo intenso, el 1 de diciembre se realizó la reinauguración –en febrero se informará sobre los días y horarios en que se puede visitar–. Entre las novedades, se incorporó tecnología que habilita una mayor cantidad de opciones para aprender sobre la tragedia, y la ampliación de 988 m2 que antes estaban en desuso. La inauguración contó con un mensaje del entonces presidente Mauricio Macri y líderes políticos de los principales partidos opositores. Fue una empresa que costó cuatro millones y medio de dólares, financiada por donantes, empresas y por la Ciudad de Buenos Aires a través del programa de mecenazgo.

“En materia de memoria, Argentina es vanguardia en América Latina”, explicó a DEF Jonathan Karszenbaum, director del Museo. “Ha tenido una política de estado consistente: a pesar de los distintos signos políticos, fue una auténtica política de Estado porque todos los gobiernos han mantenido un compromiso, ya sea con programas educativos o a través de impulsar leyes de recordación, con actos conmemorativos y con organizaciones de la sociedad civil como el Museo”.

Según el director del Museo del Holocausto, Jonathan Karszenbaum, Argentina es vanguardia en América Latina en materia de memoria. Foto: Fernando Calzada.
Según el director del Museo del Holocausto, Jonathan Karszenbaum, Argentina es vanguardia en América Latina en materia de memoria. Foto: Fernando Calzada.

Además, se incorporaron piezas que antes no eran exhibidas. Una de ellas es un rollo de la Torá de más de 800 años que tuvo un recorrido particular. Durante el Holocausto fue protegido por vecinos musulmanes que lo devolvieron a judíos sobrevivientes en la Isla de Rodas, y en la década del ‘80 los sobrevivientes los trajeron a Buenos Aires, a la comunidad Chalom, y la comunidad lo cedió al Museo en comodato para poder exhibirlo. “Nosotros buscamos destacar a aquellos que en medio de la persecución y exterminio extendieron una mano solidaria para proteger un documento tan valioso”, destacó Karszenbaum. También se cuenta con el salvoconducto –así se denomina a los documentos falsos elaborados en 1945 para que los desplazados y apátridas pudieran encontrar asilo en otros países– con el que Eichmann ingresó a la Argentina bajo el falso nombre de Ricardo Kleiment. En general, los objetos acompañan la narrativa del Holocausto, que es lo principal.

Otra institución de relevancia para recordar el Holocausto es el Centro Ana Frank Argentina. La historia de Ana Frank, adolescente judía que se escondió de los nazis en 1942 durante la ocupación de los Países Bajos y fue descubierta 2 años después, es un caso emblemático en todo el mundo. En el barrio de Coghlan se encuentra la primera institución miembro de la Casa Ana Frank en América Latina, donde además de la muestra permanente se suelen realizar presentaciones de libros y charlas.

En el Centro Ana Frank de Buenos Aires hay una réplica de la habitación en la que se escondió la joven judía en tiempos del Holocausto. Foto: Fernando Calzada.
En el Centro Ana Frank de Buenos Aires hay una réplica de la habitación en la que se escondió la joven judía en tiempos del Holocausto. Foto: Fernando Calzada.

“Trabajamos con una línea de tiempo para alternar el contexto histórico con la historia específica de la historia de Ana Frank. Trabajamos también con la representación escenográfica del escondite de Ana Frank, una réplica del que se encuentra en la casa original en Holanda”, explicó a DEF Victoria Penas, guía del Centro ubicado en la calle Superí.

Memoria y pedagogía

Uno de los objetivos prioritarios de ambos museos es educar a los más jóvenes. Además de recibir visitas de colegios durante el año, el Museo del Holocausto cuenta con el Proyecto Aprendiz, una travesía conjunta entre un sobreviviente y un joven, precedida por una capacitación integradora. Los encuentros transcurren en un marco íntimo y personal, elegido por ellos mismos. El sobreviviente comunica lo que sabe, lo que recuerda, quién ha sido y quién es, y el aprendiz se compromete a incorporar el relato y su esencia para transmitirlo en forma oral durante mucho tiempo más.

El Centro de Ana Frank Argentina es uno de los lugares que se pueden visitar en Buenos Aires para conocer más sobre la joven holandesa y el Holocausto. Foto: Fernando Calzada.
El Centro de Ana Frank Argentina es uno de los lugares que se pueden visitar en Buenos Aires para conocer más sobre la joven holandesa y el Holocausto. Foto: Fernando Calzada.

Por su parte, el Centro Ana Frank tiene un fuerte vínculo con la tarea pedagógica, tanto por la historia de vida de la joven Frank como por los recursos escenográficos que facilitan la empatía, el asombro y finalmente la reflexión por parte de los estudiantes que realizan la visita guiada.

“El desafío es que entiendan que la democracia no es algo que se dé por sentado y que por esa ausencia de democracia muchas personas fueron sacrificadas. Desde nuestra parte, nos apoyamos en la pedagogía de la memoria y la esperanza. A la hora de trabajar con estos temas la memoria es un valor que hay que aprender a enseñar. Es un desafío que la memoria no sea angustiante y que sea inspiradora, tiene que transformar el pasado en un aprendizaje”, destacó Victoria Penas.

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