Julia Shaw es psicóloga, especializada en psicología criminal. Su área de estudio es la memoria y específicamente los falsos recuerdos, es decir, recuerdos de cosas que no pasaron en realidad, pero que parecen muy reales para las personas. Se define a sí misma como una hacker de la memoria, ya que, como ha demostrado en sus experimentos, es capaz de implantar en las mentes de las personas recuerdos de cosas que no sucedieron nunca, algo que, asegura, revela lo vulnerable que pueden ser los sistemas judiciales que basan las condenas en los recuerdos de testigos, víctimas o sospechosos.

Actualmente combina el trabajo académico y de divulgación con el asesoramiento en procesos criminalísticos. Además, acaba de sumar una faceta emprendedora al cofundar una startup que, a partir de la implementación de inteligencia artificial, busca desarrollar un bot con el que las personas puedan mantener a salvo sus recuerdos. Al día de hoy el experimento está en fase de prueba. El desarrollo fue ideado para ser utilizado en casos de denuncias de acoso o discriminación en el ámbito laboral.

-¿En qué está trabajando ahora?

-Acabo de cofundar una startup en Silicon Valley en la que usamos inteligencia artificial para intentar cambiar el modo en el que la gente recuerda. Básicamente estamos tratando de crear un científico de la memoria online al que le puedas hablar si pasa algo malo, un chat bot que te haga las preguntas exactas para poder grabar un recuerdo y guardarlo en una especie de cápsula donde no pueda ser modificado, como si se grabara en tu cerebro. La idea es lograr un sistema de extracción de memoria, con fecha y hora para cada recuerdo, que no se pueda modificar y que se pueda compartir. Lo ideamos para casos de reportes de discriminación o acoso, pequeños crímenes del ámbito laboral, quizás algún día avancemos a grandes crímenes.

-Usted se define a sí misma como una hacker de la memoria. ¿Qué significa esto?

-Implanto recuerdos en las mentes. Significa que soy capaz de llegar a los recuerdos de las personas, jugar un poco con ellos y luego volver a ponerlos en su lugar sin que se den cuenta. Esto es importante porque nos enseña cómo funciona la memoria y también cómo falla, nos permite entender cuándo cometemos errores, por qué lo hacemos, y cómo algunas partes de la memoria se recombinan y por qué podemos tener recuerdos de cosas que en realidad no sucedieron.

Julia Shaw, en diálogo con DEF. Foto: Fernando Calzada.
Julia Shaw, en diálogo con DEF. Foto: Fernando Calzada.

-¿Cómo lo hace?

-En una investigación que publiqué junto con Stephen Porter, hicimos un experimento en el que los participantes venían a verme tres veces bajo el pretexto de que se trataba de un estudio sobre los recuerdos afectivos de la infancia. Lo que hacía era usar información que me habían dado sus padres para convencerlos de que habían hecho cosas que jamás habían sucedido realmente. Todo comenzaba con un recuerdo real y luego seguíamos con los recuerdos falsos, una vez que me había ganado su confianza, que creían que yo los estaba ayudando a recordar cosas de su pasado. Al empezar con un recuerdo verdadero, sentían como un logro el haber podido recordarlo, y luego, en el segundo recuerdo, yo introducía el hecho falso, por ejemplo: "Estuviste involucrado en un incidente en el que atacaste a alguien con un arma y la policía llamó a tus padres". Para hacerlo, usaba partes de realidad, como decirles que habían estado allí con su mejor amigo, cuyo nombre yo conocía, y que el hecho había tenido lugar en su ciudad natal, que también conocía. Con estas partes de realidad y una sana dosis de su propia imaginación, lograba que crearan su propia narrativa de la situación.

-Eran situaciones en las que las emociones tenían un papel importante…

-Sí, son una gran parte. El objetivo del experimento era ver con qué facilidad se puede convencer a alguien de que vivió hechos muy emotivos que en realidad nunca existieron. Esto es importante porque tiene implicancias graves para el sistema judicial, alguien puede subirse al estrado y contar una historia que creen que es cierta, en su propia realidad, y que resulta que es un recuerdo falso. Al estar presentes las emociones, parecen recuerdos reales.

-¿Qué distingue un falso recuerdo?

-Dado que un falso recuerdo parece real, se vuelve una realidad personal. Un falso recuerdo es simplemente un recuerdo de algo que nunca sucedió, o que al menos no sucedió de esa forma. Puede ser un evento entero o una parte de él. Por ejemplo, podés pensar erróneamente que un amigo tuyo fue a cenar con vos la semana pasada con un grupo de gente, porque normalmente ese amigo te acompaña, ese sería un caso de un falso recuerdo muy pequeño y muy común. Luego están las versiones extremas, como creer que tuvo lugar un crimen que nunca sucedió, sea que vos fuiste testigo o incluso que lo cometiste. Eso es algo que puede mandar a alguien inocente a la cárcel.

-¿En qué o en quién se puede confiar si los recuerdos ya no son una fuente segura? ¿Hay un mensaje positivo en todo esto?

-Bueno yo creo que es algo hermoso, es decir, así es como funciona la memoria. Ahora bien, el hecho de que la gente conozca cómo funciona, o cómo falla, es algo que da poder. Es cierto que puede llevar a una crisis existencial, a repreguntarse todo, pero eso está bien. En última instancia, les permite protegerse en situaciones como que un policía use preguntas capciosas. Creo que permite adquirir control sobre lo que no sabés y esto también ayuda a vivir el momento, porque bueno, ¡el pasado como lo conocemos puede ser simplemente una ficción!

-¿Cuáles son las implicancias de esto?

-Están las implicancias para la identidad. El vínculo entre memoria e identidad es algo que analizo en un libro mío llamado The Memory Illusion, que es sobre la relación entre el yo y los recuerdos, o los recuerdos tal como los percibimos, y quienes somos. Por ejemplo, el creer que cometiste un crimen que no cometiste tiene enormes implicancias para la identidad, pero también el creer que tuviste una infancia feliz o triste, o que tuviste una pelea con un amigo o un novio.

“El pasado como lo conocemos puede ser simplemente una ficción”

-Más allá de los individuos, ¿hay implicancias colectivas, por ejemplo, en los medios, en la política?

-Seguro, para la manera en que contamos historias online, por ejemplo. El rol de las redes sociales es muy importante para la construcción del yo y también para la construcción de los recuerdos. Las fotos, historias o momentos que compartimos online son pedazos de recuerdos que vamos capturando, pedazos de la realidad que acomodamos en una manera que es la que puede haber sucedido en realidad, pero más frecuentemente es una especie de embellecimiento de la vida real. Estamos diseñando nuestras propias imágenes online como nunca antes, es cada vez más fácil y más rápido. Eso nos da un tremendo poder pero también mucha vulnerabilidad. Si por un lado podemos crearnos y reinventarnos a nosotros mismos prácticamente a diario, por otro lado, Internet nunca olvida. Además, en el proceso se suma otra gente, que participa con sus "me gusta", dejando sus comentarios, por lo que también tomamos partes de sus recuerdos y los entretejemos con los nuestros, así se llega por ejemplo a cosas como las noticias falsas. Hay mucho espacio para el abuso de estas herramientas.