Monseñor Santiago Olivera, obispo castrense: “Somos servidores de los que nos sirven”

En diálogo con DEF, el obispo castrense se refirió a la espiritualidad de los hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas y de Seguridad en tiempos de pandemia.

Monseñor Santiago Olivera, obispo castrense, en un mano a mano con DEF. Foto: Fernando Calzada.
Monseñor Santiago Olivera, obispo castrense, en un mano a mano con DEF. Foto: Fernando Calzada.

Los capellanes castrenses han acompañado a los Ejércitos desde tiempos remotos. Su función está íntimamente ligada al estado de las tropas y su moral. En nuestra historia, cuando el general San Martín decidió emprender el cruce de los Andes, llevó con él a un grupo de sacerdotes para que alentaran a los soldados. La guerra de Malvinas tampoco fue la excepción: en numerosos testimonios de veteranos se aprecia el lugar que ocupó la espiritualidad a lo largo el conflicto. De hecho, durante el Plan Proyecto Humanitario para identificar a los caídos en las tumbas del cementerio de Darwin, se encontraron infinidad de rosarios, estampas y otros objetos religiosos entre los restos.

En el contexto de una guerra muy diferente –la que se libra contra la pandemia del COVID-19–, DEF dialogó con el obispo castrense, monseñor Santiago Olivera, sobre la actividad que llevan adelante los capellanes para acompañar a los efectivos de las Fuerzas Armadas, Prefectura, Gendarmería y de la Policía Aeroportuaria. A principios de este año, el representante de la Iglesia en las Fuerzas mantuvo una audiencia privada con el papa Francisco, oportunidad en la que el sumo pontífice envió rosarios para los militares que se encuentran detenidos o bajo arresto domiciliario por causas de lesa humanidad.

-¿Cuál es la misión de los capellanes castrenses?

-La Iglesia confía al Obispo castrense esta porción del pueblo de Dios: aquellos que trabajan en el área de defensa y de seguridad. Es una diócesis sin territorio fijo pero muy importante por el particular modo de vida de los fieles. La Santa Sede lo ha pensado para atender los cuidados espirituales de estas personas, que son trasladadas a distintos puntos del país y del exterior. Se las acompaña en cada realidad que viven, incluso, ante un conflicto bélico. A Malvinas han ido sacerdotes, pero también acompañan, por ejemplo, los viajes de la Fragata Libertad. Además, tenemos un capellán que acompaña la misión de paz en Chipre. Es un gran trabajo que exige de nosotros creatividad para anunciar el evangelio y acercar a la Iglesia. Un sacerdote diocesano castrense se distingue del territorial, porque tiene que estar dispuesto a ir a cualquier lado para poder atender y servir a nuestros fieles en su peculiar forma de vida.

"La Iglesia confía al Obispo castrense esta porción del pueblo de Dios: aquellos que trabajan en el área de defensa y de seguridad", dice monseñor Olivera. Foto: Archivo DEF.
"La Iglesia confía al Obispo castrense esta porción del pueblo de Dios: aquellos que trabajan en el área de defensa y de seguridad", dice monseñor Olivera. Foto: Archivo DEF.

-En la actualidad, los hombres de las Fuerzas Armadas y de Seguridad deben desplegarse en distintos puntos del país en apoyo de las acciones que se llevan adelante en el marco de la pandemia. ¿Cómo los acompañan en este momento los sacerdotes?

-Como decimos nosotros: “Somos servidores de los que nos sirven”. Los hombres de la Fuerzas Armadas responden a una vocación que, creo, debe ser la única que tiene la dimensión de entregar la propia vida por la defensa de nuestro territorio. Es algo que a nosotros nos conmueve mucho, es una profesión basada en el amor a la Patria, a Dios y al prójimo, con el objetivo de custodiarlos y defenderlos. Son hombres y mujeres de una gran fe y con una profunda espiritualidad. Cuando falta un capellán, lo reclaman y lo valoran. En este caso, cuando hay tragedias, desastres climáticos o circunstancias difíciles, están allí, socorriendo y visitando lugares distantes donde se requiere su asistencia. En tiempos de pandemia, están sosteniendo y acompañando, llevando alimentos a distintos lugares del territorio nacional e, incluso, generando elementos como alcohol en gel y barbijos. Esto es una práctica concreta: defender y entregar la propia vida. Ponen al prójimo en primer lugar y así lo viven.

-¿Qué les diría a aquellos que hoy les toca trabajar en este contexto complejo?

-En estos tiempos de coronavirus, ellos están sirviendo al pueblo argentino. Como pastor, les doy gracias a los hombres y mujeres que abrazan esta vocación que, a veces, comienza simplemente como una profesión, pero en la que luego descubren el significado del sacrificio. Gracias por la entrega cotidiana, no solo en tiempos de pandemia, sino también de catástrofes. Estos hombres y mujeres están al pie del cañón ante las dificultades. Los animaría, les agradecería y recordaría la palabra de Jesús: “No hay mayor amor que dar la vida por los amigos”. También, vaya un reconocimiento a las familias que acompañan las decisiones de sus esposas, esposos e hijos. Hay que valorar la grandeza que supone prepararse para dar todo.

-¿Por qué rezamos en momentos críticos?

-La oración es un trato de amistad con quien sabemos que nos ama, nos ayuda a ver con más claridad, a caminar con fortaleza y a ver nuestra fragilidad. Es una necesidad, como el oxígeno para vivir. ¿Por qué y para qué rezamos? Jesús rezaba y los cristianos tenemos que imitarlo. Creo que en los momentos críticos se juega y se ve en quién creemos. “El señor es mi pastor, nada me puede faltar”, reza el salmo. “No se inquieten”, dice Jesús, “No temais”, dice la Biblia. A veces tenemos miedos, angustias y pasamos momentos difíciles, sin embargo, la fe ilumina. La última palabra no es la enfermedad, no es la guerra y tampoco lo es el coronavirus. La última palabra es la vida, esa es nuestra esperanza.

"El papa es un don para la Iglesia y para nuestra Patria. Creo que con el tiempo, la historia va a dimensionar mucho más que un argentino condujera la Iglesia", sostiene el obispo castrense. Foto: Archivo DEF.
"El papa es un don para la Iglesia y para nuestra Patria. Creo que con el tiempo, la historia va a dimensionar mucho más que un argentino condujera la Iglesia", sostiene el obispo castrense. Foto: Archivo DEF.

-Hace poco usted fue testigo del retorno de la imagen de la Virgen de Luján que estuvo en Malvinas. ¿Cómo vivió ese momento?

-Para mí fue un regalo muy grande haber podido entablar el diálogo con el obispo castrense del Reino Unido para solicitar el regreso de la Virgen de Luján que estuvo en Malvinas. Tras haber estado en Malvinas, la imagen de la Virgen permaneció en Inglaterra hasta que la agrupación “La fe del Centurión” se contactó para que regresara a nuestro país. Los ingleses aceptaron el pedido y la imagen pudo retornar. Camino a la Argentina, también se organizó una audiencia con el santo padre. Finalmente, la Virgen de Luján malvinera y misionera, a la que muchos soldados han mirado, volvió. Es una fuente de consuelo para los veteranos y para las familias que tienen a esos hijos, esposos, padres y hermanos en las Malvinas. El obispo británico Paul Mason ha sido muy cordial.

-Recientemente escribió una carta al lector, en el diario La Nación, en la que se refiere a la situación de los militares presos por delitos de lesa humanidad. ¿Qué lo llevó a reflexionar sobre este tema?

-La carta surge tras escuchar a gente que está viviendo esta situación, hombres concretos que se me han confiado. En estos tres años he conversado con muchos y he podido ver una actitud bien cristiana en muchos de ellos. Son situaciones bien complejas y difíciles. Como obispo y como cristiano, sé que el corazón del hombre puede cambiar, sé que Jesús comprendería. Siempre debe seguirse lo que dice la justicia. Pero también hay cuestiones vinculadas a la situación humana de las personas. Los derechos humanos son para todos, sino ¿en dónde estamos? El hombre tiene capacidad de cambio, de reparación, de atención, y tiene una dignidad. Esto siempre nos lo enseña el papa Francisco.

-¿En qué consiste puntualmente su acompañamiento a estos hombres?

-Yo los visito, trato de estar cerca –no tanto como quisiera–, pero rezo y hago rezar. Hay un sacerdote que se encarga particularmente de este grupo de fieles. Estoy seguro de que Jesús estaría con aquellos que más están sufriendo. El Santo Rosario es muy importante para ellos, por eso me alegro mucho de que el Santo Padre, a mi pedido, me entregara algunos para que les dé a los detenidos y para que sus familias pudieran tener también un gesto de la Iglesia.

Monseñor Olivera escribió un libro sobre el cura Brochero y destaca que el hombre que fue beatificado en 2013 "hablaba con el lenguaje de su gente". Foto: Fernando Calzada.
Monseñor Olivera escribió un libro sobre el cura Brochero y destaca que el hombre que fue beatificado en 2013 "hablaba con el lenguaje de su gente". Foto: Fernando Calzada.

- ¿Qué reflexión le merece el papado de Francisco?

-El papa es un don para la Iglesia y para nuestra Patria. Creo que con el tiempo, la historia va a dimensionar mucho más que un argentino –el primer papa de América Latina– condujera la Iglesia. Yo he tenido la dicha de escribir un libro sobre el cura Brochero, Pastor con olor a oveja, en el que relaciono a Francisco con el santo, porque Brochero hablaba con el lenguaje de su gente. El papa Francisco también lo hace, con palabras, gestos y actitudes. Francisco nos invita a pensar en una Iglesia que se hace prójimo, que nos ayuda a cuidar la casa común –nuestro medioambiente– y que se preocupa por todos los hombres, fundamentalmente, por los más desprotegidos, enfermos o presos. Nadie es profeta en su tierra. Francisco es una persona que está haciendo mucho bien y, sin lugar a duda, valoraremos cada vez más su entrega y su papado.

-Imaginando que pudiera dar una misa en estos tiempos de pandemia, ¿qué les diría a los argentinos?

-Que Dios está con nosotros, que aprovechemos esta prueba para ser mejores, sacar lo mejor que tenemos para descubrir que somos peregrinos, que no tenemos aquí una morada permanente y que, por lo tanto, no podemos aferrarnos a nada. Solo poseemos aquello que entregamos. Invitaría a poner nuestra mirada en el cielo y nuestros pies en la tierra, a vivir de acuerdo con el Evangelio y a mostrar que amamos a Dios. Estamos de paso, y una pandemia nos puso a todos frente al riesgo de la enfermedad y de la muerte. Dios es la vida, si uno es consciente de que un día vamos a morir –que es la única certeza que tenemos–, ¡cuántas cosas cambiarían!, porque entonces podríamos pensar dónde ponemos nuestro corazón, dónde vale la pena preocuparse y qué podríamos decirles a quienes están con nosotros.

Brochero: la inspiración de Olivera

Mientras era obispo de la diócesis de Cruz del Eje, tierra del cura José Gabriel del Rosario Brochero, monseñor Olivera tuvo la oportunidad de acompañar el proceso de beatificación y, más tarde, de santidad del “Cura Gaucho”. El trabajo de la Arquidiócesis de Córdoba y de la diócesis de Cruz del Eje fue fundamental para la causa de Brochero. Una vez confirmados los milagros de la curación de los niños Nicolás Flores y Camila Brusotti, el papa Benedicto XVI beatificó a Brochero. Más tarde, Francisco lo declaró santo.

"Aprovechemos esta prueba para ser mejores, sacar lo mejor que tenemos para descubrir que somos peregrinos, que no tenemos aquí una morada permanente y que, por lo tanto, no podemos aferrarnos a nada", concluye Olivera. Foto: Fernando Calzada.
"Aprovechemos esta prueba para ser mejores, sacar lo mejor que tenemos para descubrir que somos peregrinos, que no tenemos aquí una morada permanente y que, por lo tanto, no podemos aferrarnos a nada", concluye Olivera. Foto: Fernando Calzada.

“El padre Brochero fue un santo sacerdote comprometido con su gente. Amó a Dios con toda su fuerza y fue puente para que los hombres y mujeres de su tiempo se encontraran con Jesús. Estaba convencido de que el desarrollo para su tierra, Traslasierra, iba a ser conseguido por mejores personas”, relata Olivera. El hoy obispo castrense admira al santo cordobés porque, como detalla, tenía una predilección especial por los más humildes y necesitados. De hecho, murió solo, enfermo de lepra: “Se había contagiado de un feligrés, porque él se acercaba a todos para asistirlos. Es un modelo de ciudadano que se puso la Patria al hombro y trabajó por el desarrollo”.

El santo cordobés logró llevar acueductos, bancos, turismo, caminos y escuelas a los poblados de Traslasierra. Además, fue un referente en la educación de su tiempo. Un dato que aporta Olivera: recién ordenado, Brochero ayudó durante la epidemia del cólera en Córdoba. “Es un ejemplo de cómo nos debemos comportar en tiempos de epidemias. Por lo pronto, ser respetuosos, pero también cuidar a nuestro pueblo”.

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