
Oriundo de Merlo, Saúl Wilfredo Pérez luchó por nuestra soberanía en Malvinas con el Regimiento de Infantería 6 del Ejército Argentino. Soldado clase 62, ya había terminado el servicio militar obligatorio cuando Argentina recuperó las Islas el 2 de abril de 1982. Sin embargo, el juramento de defender la bandera, que había hecho un año antes, lo llevó al archipiélago.
Mientras esperaba, junto a otros camaradas, la llegada de una aeronave con material para el Regimiento tomó un diario y se dispuso a leerlo. Un fotógrafo inmortalizó aquel momento y, desde entonces, la imagen es una de las más icónicas de la Guerra. Incluso, la editorial TAEDA la incorporó a su muestra “Malvinas, retratos de un sentimiento” y la lleva, junto a otras, a distintos puntos del país. Apropósito, este fin de semana se encuentra en el Centro Cultural Municipal de Comodoro Rivadavia, en la provincia de Chubut.

DÍAS DE GUERRA Y UN INSTANTE INMORTALIZADO
-¿Cómo te encontró la Guerra de Malvinas?
-Yo me había ido de baja en marzo, porque entraba mi hermano al servicio militar. Recuerdo que un domingo a la madrugada regresé de salir a bailar y me acosté. Estaba entredormido cuando tocaron el timbre y escuché que mi papá atendía. Al regresar, mi mamá le preguntó quién era un domingo a esa hora, él le respondió que me había llegado la carta. Me empecé a despabilar ,me levanté y mi papá me dijo que me tenía que presentar al mediodía. “Bárbaro”, les dije. Mi papá me llevó y cuando llegué mi Compañía estaba presente, casi al completo. Fue una alegría. Nos volvimos a encontrar todos. Estábamos contentos de poder defender nuestra patria.
-Cruzaste a Malvinas el 13 de abril, ¿cómo fue ese viaje?
-Nos embarcaron, aterrizamos y, cuando bajaron la compuerta estaba todo oscuro. Afuera, un cartel que decía: Fuerza Aérea Argentina -Islas Malvinas. Nos ubicamos en un sector al costado del aeropuerto, armamos carpa y nos fuimos a dormir. Ahí empezó nuestra aventura. Nos sacaron de ahí un día antes del ataque del primero de mayo, para ir a Puerto Argentino. Luego, nos enviaron a custodiar una zona entre Puerto Argentino y el Aeropuerto, por sí desembarcaban los ingleses.
Estuvimos ahí hasta el 11 de junio, cuando nos trasladamos a Puerto Argentino porque existía la posibilidad de que fuéramos a apoyar a la Unidad que estaba en Monte Longdon, pero eso no ocurrió. Los ingleses ya estaban cerca, esas últimas noches no dormimos. El último día, el 14 de junio, yo caí herido junto a otro compañero.

-¿Qué les ocurrió?
-Había una casa donde íbamos a higienizarnos y ese día nos tocaba ir. No sé si fue un misil o proyectil de mortero… pero se ve que localizaron una ametralladora antiaérea, que creo que era de la Armada, que estaba cerca y lo mandaron ahí. Salimos expulsados, cuatro o cinco metros hacia atrás. Con mi compañero estábamos heridos.
Recuerdo que una vez que cesó el fuego, vino la ambulancia y nos sacaron. Yo no me quería ir, me quería quedar, pero me llevaron igual.
-¿Qué recuerdos guardas?
-Yo fui dos veces a Malvinas. Llegamos el 13 de abril pero no habían venido con nosotros los materiales para cocinar. El teniente coronel nos dijo que había que ir a buscarlo porque nadie los iba a embarcar si no se reclamaba. Así que un cabo primero nos convocó a mí y a otro soldado para ir a Comodoro Rivadavia. Llegamos, averiguamos qué vuelo iba a Malvinas y al otro día regresamos con los materiales.
-¿Hay otros recuerdos que nos puedas compartir?
-Hay muchos. Una vez encontré una hoja de una revista en la que había una bandeja de plata con un pescado y rodajas de limón. Me la llevé. Todas las noches la miraba y se me hacía agua la boca. “Ya te voy a comer”, pensaba. Otro día fuimos a la ciudad a comprar cigarrillos, junto a otros compañeros. A nosotros nos habían dado un rosario. Aquel día nos cruzamos con un niño y su mamá, ellos mucha confianza no nos tenían, pero yo pensé en esa criatura, en medio de una guerra. Entonces, como argentino quise hacer mi parte: me saqué el rosario y se lo coloqué al nene. Él se lo dejó.
-¿Cómo fue el momento de la foto?
-Ese día llegaba Galtieri a Puerto Argentino, junto a otros funcionarios. Con él, llegaban también los medios. Éstos, a su vez, habían llevado diarios y los repartieron. Yo agarré un ejemplar de “Crónica” y me senté con unos camaradas a un costado, mientras esperábamos la llegada de una aeronave que iba a traer municiones y pertrechos para nuestra Unidad. Pero, como venía Galtieri, ese vuelo se retrasó y nos dejaron a la espera. Así que comencé a leer la sección de deportes.
-Entonces, ¿la foto no fue posada?
-No. Había varios reporteros tomando imágenes. Uno hizo la foto. De hecho, mis compañeros sí están mirando a la cámara, pero yo estoy leyendo el diario.
En un principio no le di trascendencia porque era una foto más de miles. Mi viejo sí me reconoció por el reloj que él me había regalado.

“DOLOR, TRISTEZA Y ANGUSTIA. HABÍAMOS PERDIDO”
-¿Cómo viviste el momento del cese del fuego?
-Yo estaba en el hospital. Era un caos. Muchos gritos de dolor, varios pidiendo por sus madres. Yo tenía la quemadura en la pierna. Así que me agarraron entre varios para sacarme parte de la piel quemada. Me curaron y me vendaron. Desde un ventanal pude ver cómo bajaban nuestra bandera. Sentí dolor, tristeza y angustia. Habíamos perdido.
Yo lamento haber vuelto y no haberme quedado allá, con mis compañeros. ¿Por qué yo no y ellos sí?, algunos me responden que fue para que la Causa no se olvide, para que yo pueda contar la historia en las escuelas o universidades. Pero a mí me duele. En el Regimiento de Infantería 6 se maduraron héroes que entregaron su vida por la Patria. Al regresar, nos reunimos con compañeros para hablar, eso nos hace bien. Escuchar al otro, poner el hombre para que llore, abrazarlo… es una hermandad.
-¿Cómo fue tu regreso al continente?
-Me llevaron al Irizar y de ahí a Comodoro Rivadavia. Me volvieron a coser la herida, pero, como necesitaba injertos, tenía para rato. Esa semana nos llevaron en un avión de Aerolíneas Argentinas hacia El Palomar y de ahí al hospital de Campo de Mayo. Mi viejo, al verme, me abrazó y lo primero que hizo fue preguntarme qué me habían hecho y me agarraba las piernas. Estuve internado ahí 32 días y me terminé escapando.
DESMALVINIZACION: “LA GUERRA FUE DURA, PERO PEOR FUE LA POSGUERRA”
-¿Qué te pasa con los “chicos de la guerra”?
-No éramos tan chicos. La patria nos convocó, el deber de defenderla nos convocó. En definitiva, teníamos que cumplir, como cualquier argentino. Yo quiero recuperar las Malvinas, que flamee nuestra bandera y poder entrar sin pasaporte.

-¿Cómo viviste la desmalvinización?
-Merlo fue el primer distrito en la provincia de Buenos Aires que le dio trabajo a los Veteranos. Fue el primer municipio en reconocer a sus héroes. En ese entonces nos dieron una oficina de recursos humanos de Veteranos de Guerra de Malvinas para que nos ayudáramos. Eso sirvió muchísimo. El proyecto se replicó en otros municipios. En Merlo nos sentimos orgullosos. Por ejemplo, tenemos el hospital “Héroes de Malvinas”.
-¿Cómo definirías la etapa posterior a la Guerra?
-La guerra fue dura, pero peor fue la posguerra. Es muy feo. Veníamos con una carga emocional fuerte, porque habíamos perdido un territorio. Nos sentimos muy culpables. Hicimos todo lo posible, con lo que teníamos. Volvimos sabiendo que en las islas flameaba bandera británica, con compañeros caídos. Cuando volvimos nos llamaron los loquitos. Además, al no tener contención, muchos sufrieron depresión.
-A lo largo de los últimos años existieron varios reconocimientos y políticas que apuntan a eso, ¿llegaron tarde?
-Es una alegría amarga, porque quienes esperaron durante estos años no lo pueden sentir porque muchos se suicidaron. Fallaron los gobiernos. Fuimos los loquitos de la guerra y no le importamos a nadie. No podíamos conseguir trabajo, éramos jóvenes sin visión de futuro.
Si no tratamos de debatir estos temas, no va a cambiar más esto. Primero tiene que estar la patria y, por sobre todas las cosas, ser patriota. Malvinas es sembrar memoria, verdad y soberanía: eso es lo que le hace falta a esta Argentina. A mí me calman los hechos concretos que le dan mejor calidad de vida a los Veteranos de Guerra y a su grupo familiar.
-Vos hiciste un juramento que, en definitiva, cumpliste en 1982. ¿Qué te pasa hoy, cuando ves flamear la bandera argentina?
- Yo vivo la causa todos los días, no hay día que no me despierte pensando en lo que soy, en lo que fui y en lo que hicieron de mí. Yo no me rendí. Me ha tocado pasar por Plaza de Mayo y ver que estaban arriando la bandera: me detengo y me quedo hasta que terminen porque por esa bandera murieron y entregaron su vida mis compañeros. Desde donde podemos, llevamos adelante nuestra lucha. Mientras pueda cambiar la cabeza a una persona y logro que pueda sentir amor por la Patria, ya está.
Este año se cumplen 41 años y todavía siguen existiendo deudas con los Veteranos, los caídos y sus familiares. No es justo.
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