El espacio aéreo es una región de miles de kilómetros que se extiende desde el suelo hasta el espacio profundo, y vigilarlo es esencial para garantizar la seguridad nacional. En ese contexto, los radares se posicionaron como herramientas claves.
Un dato: recientemente, la cartera de Defensa instaló dos de ellos en Entre Ríos y en Tierra del Fuego. Con respecto a este último, al poco tiempo de haber sido instalado pudo detectar supuestos vuelos irregulares provenientes desde Chile y que habrían tenido como destino las islas Malvinas.
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EL UNIVERSO DETRÁS DE LOS RADARES
En el año 2004, Argentina aprobó la creación del Sistema Nacional de Vigilancia y Control Aeroespacial (SINVICA) con el objetivo de proteger los intereses nacionales. Desde entonces, la Fuerza Aérea Argentina se convirtió en la responsable de la defensa, la vigilancia y el control del espacio aéreo. Hoy los radares funcionan los 365 días del año, durante las 24 horas del día, y la información que recolectan es procesada por el Comando Conjunto Aeroespacial.
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Básicamente, la primera parte del proceso apunta a determinar la existencia de un móvil aéreo en un espacio determinado: la detección. Seguidamente, el personal busca identificar y resolver si se trata de un vuelo declarado o si es una aeronave irregular. Si se llegara a tratar de esta última, se activa una tercera actividad, que es la interceptación. “Este sistema permite lograr que la República Argentina tenga la capacidad de ejercer soberanía. Con estas herramientas, nosotros podemos ver el movimiento aéreo y ejercer presencia”, aclara el vicecomodoro Alejandro Avellaneda desde la Base Aérea Militar Merlo. En ese sentido, el oficial, que en el presente es el jefe interino de la base, aclara que es un tema que, para concretarse, involucra tanto sensores como personal, comunicaciones, elementos logísticos y sistemas de armas, que, en este caso, se tratan de aeronaves.
¿En qué consiste la interceptación? “Es el momento en el que el personal hace el guiado de las aeronaves propias y las orienta hacia el vuelo irregular con el objetivo de que el piloto pueda determinar qué irregularidad presenta la aeronave. Una vez interceptada, se les transmite la información a las Fuerzas de Seguridad, quienes resolverán si se acompaña a la aeronave al lugar donde aterrizará –donde la esperarán las FF. SS.– o, si se le sugiere hacerlo, en un aeródromo propio. Eso se resuelve según la situación que se esté desarrollando”, responde Avellaneda, al tiempo que aclara: “Hay responsabilidades que competen a la Fuerza Aérea y otras que competen a las Fuerzas de Seguridad. Tenemos una actividad complementaria”.
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LA INTERVENCION DE INVAP
Cabe señalar que, durante la guerra de Malvinas, los radares fueron parte fundamental de la defensa del archipiélago. Pero, con el tiempo, los radares con los que contaba el país comenzaron a degradarse y los distintos proyectos que existieron para su actualización nunca llegaron a concretarse.
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El año 2003 fue un momento clave para todo este proceso, pues fue cuando se sentaron las bases para la producción de radares terrestres nacionales, esta vez por parte de INVAP, dado que la firma podía aprovechar la experiencia de la frecuencia utilizada en sus satélites. Desde entonces, Argentina trabaja en los mecanismos para observar, vigilar e identificar los vuelos que no son declarados y que tampoco cumplen con los mecanismos de información. De hecho, el Comando Conjunto Aeroespacial estuvo a cargo de la vigilancia y del control aéreo durante la cumbre de la CELAC.

DEF dialogó con el ingeniero Darío Giussi, durante una visita a INVAP, y explicó que la empresa lleva cerca de 20 años trabajando en esta materia y que, si bien también se están expandiendo a otras áreas de defensa, existen tres programas soberanos de radarización encarados por Argentina: “En principio, el de su tránsito aéreo comercial, con los radares secundarios, dio lugar a los de vigilancia y control aeroespacial no colaborativos, que son los de defensa y que opera la Fuerza Aérea Argentina. Y, en última instancia, el sistema de radares meteorológicos que son de uso civil pero que tienen impacto en Argentina por su importancia para la detección de fenómenos climáticos severos con impacto en las actividades agropecuarias”.
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En palabras de Giussi, la actividad espacial desarrollada comenzó con un primer radar, el del Southcom, que es de apertura sintética (en un satélite). “Desarrollamos una tecnología que tiene una enorme importancia y que dominan pocos países en el mundo, que tiene uso en el ámbito de la defensa y en otros. Hasta le fecha, llevamos realizados más de 100 radares: es una actividad en pleno desarrollo”, indica desde Río Negro. Además, agrega que, aparte de los mencionados, la firma se encuentra trabajando en radares aerotransportados para el sistema Pucará Fénix de la Fuerza Aérea y para plataformas de la Armada Argentina. “Estamos trabajando en nuevos radares de Defensa Antiaérea para las Fuerzas Armadas, en una nueva generación de los radares RPA, que estamos exportando a Nigeria; lo cual representa un hito para la tecnología argentina”, finaliza.
UNA CUESTIÓN DE SOBERANÍA
Como explican desde Merlo, el decreto SINVICA, y el programa que se desprende de él, prevé una cantidad finita de sensores. “Hoy en día, se van materializando escalonadamente y estamos en proceso de cubrir la totalidad de lo previsto por el decreto”, dice Avellaneda.
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Para él, la importancia de estas herramientas se debe a la obligación que tenemos de preservar nuestros recursos naturales: “Todo país tiene la obligación de ejercer la soberanía en distintos puntos, sean territoriales, marítimos o aeroespaciales. Eso le permite a un Estado preservar lo que es propio y, de alguna forma, regular y controlar que no existan vulneraciones por parte de terceros para quitarnos las riquezas naturales de la República Argentina”. En síntesis, la capacidad del SINVICA brinda al Estado el sostenimiento a la hora de ejercer la soberanía en el espacio aéreo. En palabras de Avellaneda, sus herramientas permiten que el Estado conozca quienes sobrevuelan los puntos sensibles que tiene el país, qué y cuándo ingresan o qué sacan y cuándo salen. “El decreto le otorga, en este caso a la Fuerza Aérea, las herramientas que hagan falta para brindar ese ejercicio de soberanía”, concluye.
Cabe señalar que, recientemente –a meses de haber instalado el radar en Río Grande– reabrió la X Brigada Aérea en la capital santacruceña de Río Gallegos. A ella, le fueron asignados los aviones Pampa III como dotación permanente. De esa manera, tras casi 27 años, la unidad volvió a contar con aeronaves de combate. “En el siglo XXI, tenemos el desafío de mantener nuestra presencia, vigilar y controlar nuestros espacios y tener la atención puesta en el desarrollo científico, tecnológico y de defensa”, reconoció en aquella oportunidad el ministro Jorge Taiana.
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