
Bajo las arcadas del Palais Royal, en París, una prensa manual vuelve a producir tarjetas, invitaciones y papelería personalizada con un procedimiento que estuvo cerca de desaparecer. Tras el retiro de su último especialista, el estampado manual con balancín volvió a tener impresores capacitados para mantener viva la técnica.
El procedimiento, llamado timbrage au balancier en francés, combina tinta y presión para dejar sobre el papel una impresión de color y relieve. Escudos, iniciales, monogramas y direcciones quedan impresos con un relieve que la impresión plana no logra. La continuidad del oficio quedó en manos de Papier Royal, que incorporó las prensas y miles de bloques grabados de Atelier Lejeusne.
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Según informó National Geographic, el relevo impidió que la técnica quedara limitada a una demostración de museo. El artesano Éric Lejeusne, quien aprendió el oficio a comienzos de la década de 1980, capacitó durante seis meses a los impresores que asumieron la producción antes de su retiro.

El balancín imprime relieve y color sobre tarjetas, sobres e invitaciones
El balancín usa dos piezas: una contraparte de cartón tallada a mano y un bloque de acero grabado que se entinta antes de presionar el papel. Al accionarse la prensa, ambas comprimen el papel y generan una imagen con volumen. El resultado reúne la intensidad de la tinta con un relieve perceptible al tacto.
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La técnica se consolidó durante el siglo XIX en los talleres de grabado y en el mercado de la correspondencia de prestigio. Sin embargo, su lenguaje visual procede de una tradición más antigua. El grabador francés Charles Mavelot publicó en 1680 el Nouveau livre de chiffres, un repertorio de letras, adornos e iniciales entrelazadas. El Departamento de Artes Gráficas del Museo del Louvre conserva ejemplares de esa obra, que difundió motivos decorativos asociados con la aristocracia y la corte.
Con el tiempo, los monogramas y los escudos llegaron a las tarjetas de visita, los membretes, las invitaciones y las solapas de los sobres. El trabajo exige controlar la cantidad de tinta, la presión y la reacción de cada papel, variables que no se resuelven con una configuración automática. “Hay que repetir el gesto para lograr regularidad”, explicó el impresor Benoist Dallay a National Geographic.
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Las prensas automáticas comenzaron a desplazar a las manuales mucho antes de la expansión del correo electrónico. Lejeusne supo que en París habían operado cerca de 15 balancines; cuando ingresó en el taller A. Georges, en 1982, solo dos seguían en uso. Las máquinas automáticas y semiautomáticas podían realizar encargos similares con mayor rapidez y menor esfuerzo físico.

Lejeusne preservó el oficio tras el cierre de los talleres tradicionales
Éric llegó a A. Georges a los 19 años, luego de regresar a la capital francesa en busca de empleo. Allí aprendió a utilizar el balancín de manera manual, mientras otros trabajadores empleaban maquinaria más moderna. En 2003 compró una prensa sin uso y fundó Atelier Lejeusne junto con su esposa y socia, Laurence Lejeusne.
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La pareja instaló el negocio en la rue Eugène-Varlin, en el distrito 10 de la ciudad. Tras el cierre de A. Georges, Lejeusne compró la máquina con la que se había formado y su colección de bloques grabados. El taller atendía pedidos reducidos, de entre 100 y 200 unidades, para particulares, organismos estatales, embajadas y comercios especializados.
La actividad enfrentó dos transformaciones. Por un lado, el correo electrónico redujo la necesidad de correspondencia formal. Por otro, los clientes empezaron a solicitar diseños propios —nombres, logotipos y escudos familiares— en lugar de elegir motivos históricos disponibles en los catálogos. Cada bloque nuevo exigía trabajo de grabado, acero y una inversión difícil de recuperar en pedidos pequeños.
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Cuando Lejeusne preparaba su retiro en 2022, no tenía aprendices ni un manual escrito que detallara cada etapa del proceso. La técnica dependía de conocimientos que Lejeusne había acumulado durante décadas. Olivier de Sercey, empresario de papelería y antiguo propietario de A. Georges, sostuvo que conservar un oficio solo tiene sentido si el método continúa en uso y no se limita a una exhibición histórica.

Papier Royal recuperó las prensas y conserva 12.000 bloques grabados
El diseñador y empresario Ramdane Touhami compró la compañía de Lejeusne, sus prensas y su archivo de matrices después de conocer el riesgo que corría la actividad. Reabrió el proyecto bajo el nombre de Papier Royal, en el Palais Royal. El establecimiento reúne más de 12.000 bloques de acero grabados, algunos del siglo XIX, que siguen disponibles para los encargos actuales.
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Parte del archivo procede de talleres que produjeron papelería institucional para las presidencias de Georges Pompidou, Valéry Giscard d’Estaing y François Mitterrand. Los bloques se seleccionan, se entintan y vuelven a sus vitrinas al finalizar cada pedido. Dallay, el impresor principal de Papier Royal, definió la colección como un testimonio del trabajo parisino de grabado.
Antes de dejar el taller, Lejeusne capacitó a Dallay y a otro impresor. Desde entonces, Dallay formó a cerca de 10 personas. El objetivo es ampliar una cadena de transmisión que durante años dependió de un solo especialista y permitir que los visitantes encarguen trabajos directamente en el local.
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Papier Royal recibe pedidos de clientes de distintos países interesados en papelería personalizada y trabaja además para unas 10 empresas parisinas que ofrecen tarjetas de presentación a sus propios clientes. El estampado con balancín sigue vigente gracias al trabajo manual con tinta, presión y papel.
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