
Todo empieza por casualidad, como pasa tantas veces. Claudia Piñeiro está en España, en alguno de tantos viajes con sus libros. Va a cenar con amigos. Canta un pájaro y una amiga saca el teléfono y abre una aplicación que le dice qué pájaro es. Claudia la quiere, la baja. Desde entonces, no puede dejar de escucharlos. Empieza a diferenciarlos, a reconocerlos, a ver cómo uno le contesta al otro. El canto invisible se hizo presente.
El tema no para: escucha pájaros y algo crece en su cabeza y el canto se va haciendo novela, la novela que sale ahora y se llama, claro, El canto invisible. Aparece un personaje que es una mujer de sesenta y pico, como ella, y está en el mundo de los libros, como ella, pero no es escritora: edita. Y lo que va a editar es un libro de una amiga suya que era ornitóloga y se murió en un accidente. La amiga se fue, el archivo le quedó a ella. Imposible no hablarle todo el tiempo, no discutir sus textos, explicarle las decisiones editoriales. Por ahí va.
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Después, Claudia Piñeiro, la del mundo real, decide ir a ver más pájaros a una zona rural. La acompaña Francisco González Táboas, observador de aves. En el camino paran a cargar nafta, pero algo pasa en la estación de servicio. “Se metió un pájaro”, le dice a la cajera. “Y no lo podemos sacar”. Claudia sonríe: tiene en el auto a la persona indicada. El muchacho entra, va despacio, se acerca al pájaro, que se deja agarrar. El pájaro se abre, muestra sus colores. Con suavidad, con amor, Francisco lo lleva afuera. “Y ahí había otro pájaro esperándolo”, cuenta Piñeiro. Y se emociona.

Hablamos de esto en medio de la Capital Federal: no se escuchan pájaros por acá, o casi. Hablamos, también, de otro eje de la novela. La protagonista, Julia, tiene un hijo que vive en otro país y otro que está acá nomás pero que, bueno, no piensa como ella. Para decirlo fácil: ella es más bien “progre”, el hijo un poco más liberal y el nieto adolescente, bueno, mira con simpatía a los libertarios. Eso, y algo que pasó —y que por ahora no sabemos— hace que abuela y nieto no se hablen hace un tiempo. No es tan raro: las visiones políticas son visiones de mundo: a veces es difícil dejarlas de lado.
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Algo más: cuando la amiga murió, Julia se enteró de que tenía una casa en las afueras, una especie de quinta y que se la había dejado a ella. Ahí va a pasar unos días y trabajar en el texto de la ornitóloga. Con el celular estrictamente apagado.
-Al final, resulta una novela esperanzadora.
-A mí me parece luminosa. Es un intento de dialogar con alguien, de buscar recursos para dialogar con alguien, aunque a lo mejor no resulta.
-Pensaba que un poco todos hablamos con los muertos, ¿no? Les hablamos.
-Es algo que yo no hago, por eso al principio no tenía esto de hablarle en segunda persona a una muerta. Me parecía poco verosímil en un punto. Es una conversación con uno mismo, probablemente. Y mucho más si la estás editando, porque tenés ahí la voz de la otra persona.
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-Eso me parecía lindo, ¿no? Esa cosa de que vos conversás con la voz de ella porque está escrita. Y eso se vinculaba con el canto de los pájaros. Muchos de los cantos de los pájaros se conservan porque están escritos. Hay una experiencia del Conicet en La Plata en la que rescataron un canto perdido, y lo pudieron hacer porque lo encontraron escrito. Escrito así: “Tuit, tuit, tuit, tuit”. Entonces fueron y lo grabaron, lo pusieron en un árbol y uno de los pájaros lo aprendió y se lo contó a sus pichones.
-Por eso la amiga es ornitóloga, vos querías hablar de pájaros y necesitabas alguien que supiera…
-Claro, yo antes escuchaba los pájaros y no sabía cuál era. Y ahora empiezo a distinguir, y veo que uno está acá y el otro le contesta. Fíjate que no se superponen.
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De los pájaros a los jóvenes libertarios
-Cuando escribiste El tiempo de las moscas estudiaste sobre moscas. ¿Acá estudiaste sobre pájaros?
-Sí, me puse a estudiar bastante, siempre enfocada en el canto. Yo no soy especialista en pájaros ni muchísimo menos, pero cada vez que aparece un pájaro en la novela, se trata de decir alguna cuestión relacionada con esa especie, y eso lo estudié. Estamos rodeados de todas estas cosas que no las miramos habitualmente, ¿no? Y además de estudiar pájaros, me puse a estudiar filósofos que hablan sobre los pájaros.
-¿Por qué tanto con los pájaros?
-Porque hay una mirada sobre la naturaleza que antes no había. Como que estabas rodeada de pájaros y los mirabas menos. Me parece que algunos de nosotros estamos más atentos a esas cosas. Antes el avistaje de pájaros era para gente mayor... Norteamericanos mayores que venían a hacer avistaje de pájaros. Hoy eso se da entre gente más chica también. Me parece que estamos más atentos a todo. No sé, ahí en el balcón estoy haciendo hidroponía: eso que ves es un repollo y la zanahoria está creciendo en agua. Yo antes no hacía esas cosas.
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-Pero también hay un intento de conversación en el vínculo con el nieto..
-Creo que estamos como en los extremos de una sociedad que está muy sin hablarse. Y entonces un chico de dieciocho años y una persona de sesenta como nosotras, sesenta y pico, parece como que estamos en carriles muy diferentes y me da la sensación de que esos extremos tienen más posibilidad de conversar que algunos que están en el medio.

-¿A pesar de la distancia ideológica?
-Esas mujeres que son las protagonistas, la editora y la ornitóloga, son dos mujeres que tienen sesenta y pico de años, casi llegando a los setenta, que vienen con la ideología de los setenta. Por supuesto, con todos los cambios que se dieron en estos años. Pero con esa ideología. Y te encontrás con que tu nieto tiene una ideología muy distinta. Yo no uso la palabra “libertario” ni nombro al presidente, pero digamos que es un chico que comulga con esas ideas. De hecho, yo me junté con chicos que comulgan con esas ideas para poder entender eso.
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-¿Y cómo fue? Vos sos una referente del progresismo...
-Lo que encontré antes que nada fue un agradecimiento porque conversaras, porque quisieras escuchar. Porque cuando fueron las elecciones en las que ganó el presidente actual, los que no estamos de acuerdo con ese tipo de políticas nos enojamos mucho con ese voto, sobre todo con los jóvenes. Decís: “Pero cómo puede ser, no entendían nada” Y de a poco te empezaste a enterar que tenés un sobrino, un nieto, el hijo de una amiga que quisiste toda la vida, que tiene esas ideas y decís: “Pero este pibe no es el monstruo que yo me imaginé que tenía que ser para votar a esta gente”. Entonces ahí hay que buscar qué pasó, qué no hicimos nosotros y qué deberíamos hacer. Y, también, qué tienen ellos para decirme y que yo tenga que escuchar, no solamente tratar de convencerlos de que están equivocados.
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-¿A vos te dijeron algo que te hiciera un clic?
-Tenían dos perfiles muy distintos los chicos que entrevisté. Uno era estudiante de Economía, más formado, más grande en edad. El otro, un chico del secundario, que un poco sus ideas tienen más que ver con el grupo de pertenencia, con sus compañeros, con su propia familia, etcétera. Pero en el que estaba en la universidad noté que sus convicciones tenían mucho que ver con lo económico. Después, cuando le preguntaba, por ejemplo, sobre el aborto, sobre las disidencias, me decía que estaba totalmente en desacuerdo con lo que se dice desde esos espacios. Siempre volvía al plan económico. Entonces, si hay que salir a defender una causa de otro tipo, probablemente podemos hacer vasos comunicantes. Como cuando salimos por las universidades o cuando salimos en la marcha LGBT. Yo creo que ahí estaba lleno de gente que había votado a este gobierno.
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-¿Y te dijeron cosas que no te gustaran tanto?
-Sí, escuché las críticas de ellos a cosas que a nosotros nos cuesta criticar. Por decirte, el INCAA. Por supuesto, para mí el INCAA tiene que dar préstamos, el INCAA es importantísimo para que haya películas. Ahora, si había cosas que funcionaban mal o se dieron préstamos de manera que no correspondía, entonces, y eso hay que cambiarlo. Podría dar otros ejemplos. Hay que revisar las cosas que se hicieron mal y cambiarlas. Eso no quiere decir que el INCAA no tiene que existir.

-Además de este aspecto, la novela tiene algo de enseñar cosas. Vas contando biografías de escritores, por ejemplo. Y aparecen poetas, hay muchas referencias a la poesía.
-Bueno, por eso también quise que me lo editara Gabriela Franco, que es poeta. Pero lo de la poesía creo que tiene que ver con el estado mío cuando escribí; estaba en una residencia de escritores en Bellagio, en un lugar con una belleza natural impresionante y además alejada de todo lo que permanentemente se me mete en la cabeza con el día a día de la Argentina. Mis novelas son siempre muy contemporáneas. Esta no deja de serlo, es contemporánea pero entró la poesía y es algo que yo me debía a mí misma.
-¿Sos lectora de poesía?
-Sí, pero me cuesta. Siento que necesitaría haber leído más poesía y me gustaría saber más desde el punto de vista académico.
-¿Y te pusiste a leer ahí en la residencia?
-Me puse a buscar poesías relacionadas con pájaros sobre todo. Entré por los pájaros. Y además me parecía que la poesía tiene algo que la acerca a una canción, un sonido, que puede tener algo del canto de los pájaros. Me parecía que, dentro de las producciones literarias, es lo que más se parece al canto de los pájaros.
-¿Y las minibiografías?
-Como introduzco el tema de los desaparecidos, en distintos sentidos, de alguna manera estos son escritores desaparecidos. Pero a mí últimamente me gustan mucho las novelas donde en el medio me cuentan otra cosa. Quise poner algo de lo que a mí me gusta encontrar cuando leo una novela, que no es solamente lo que les va pasando a los personajes, sino también, una deriva. Te pones a escribir sobre una cosa y te vas para allá y empezás. Decís: “Uy, qué interesante esto y qué interesante lo otro”. Yo me voy para todos lados.
-¿Vos sos de la gente a la que le interesa todo?
-Yo soy de la gente a la que le interesa todo, lamentablemente.
-Pero los desaparecidos no son los desaparecidos que uno se imagina, los de la dictadura.
-No. Porque la nieta -la hermana del nieto del que hablábamos- viene y le dice: “Tengo que escribir algo sobre escritores desaparecidos”. Uno enseguida piensa en Walsh, en Oesterheld. Y la nena había visto una película en Netflix donde había un personaje que era un escritor desaparecido, que era Salinger (que se retiró de la vida pública en los años 60). Eso también te marca una diferencia generacional.
-¿Cómo te resulta tener una protagonista que es tan parecida a vos?
-¿Cuál es parecida a mí de las dos? Yo creo que les presto cosas a todos. No pensé: “Voy a escribir a alguien parecido a mí”, pero, bueno, puede ser. La editora tiene más cosas parecidas a mí que otros personajes, pero no todo. Ella tiene una relación con sus parejas, que me parece que es bastante distinta de la mía. En realidad, creo que las dos tienen cosas mías. Pero no soy ninguna de las dos.
-¿Ves a tus hijos en esa generación joven que describís?
-Mis hijos son un poquito más grandes, están cerca de los treinta años. Yo quería que este chico de la novela fuera más un pibe de cerca de veinte. De todos modos, les pregunté un montón de cosas a mis hijos. Como quiénes son los influencers económicos, como el que en la novela es importante para el nieto de Julia. Y estuve viendo videos.
-Hay algo como un amor que se insinúa pero que es difícil...
-Hay una atracción, sin duda, pero creo que hay límites. Yo no creo que vos, guau, te enamorás y no podés hacer nada. O sea, a la edad de estas protagonistas, podés hacer algo. Si sabés que va a ser un problema con alguien a quien querés mucho, podés hacer algo. Entonces, no podés evitar la atracción, pero pasás.
-Me pareció que El canto invisible, el título, habla de los chicos. Vos lo contás con los pájaros, yo lo leo con los jóvenes.
-Hay una metáfora de tantos cantos que no escuchamos. Alrededor nuestro hay gente diciendo cosas que no escuchamos. Yo me acuerdo, en la pandemia, que decíamos: “bueno, hay que lavarse las manos y no sé qué”. Y entonces ahí te diste cuenta de que había gente en la Capital Federal, a pocas cuadras de tu casa, que no tenía agua para lavarse las manos. Vos decís: “¿Cómo yo no escuché antes que esta gente no tenía agua y ahora me entero porque se tienen que lavar las manos? Estoy segura que hoy de nuevo no tienen agua” Como después: “¿Pero cómo puede ser que voten tal cosa, que los va a dejar sin derechos laborales?” Y la persona te contesta: “Yo no tengo derechos laborales, yo no tengo indemnización, yo no tengo vacaciones”. ¿Qué pasó que no escuchamos todo eso? Esos cantos invisibles... No estuvimos atentos a esos cantos.
-¿Quiénes?
-Los que tenemos posibilidad de haber estado. Yo me reivindico como una persona progresista. Entonces digo: “¿qué pasó que no escuché esto?” ¿Qué pasó que la gente que es parte de la zona política que me interesa no escuchó eso?
-¿Hay futuro?
-Yo siempre pienso que hay futuro y creo que sí. Pero para que haya futuro lo que tiene que haber también es una alternativa. Yo creo que el futuro no tiene que ver con estos pibes que votaron algo que a mí no me gusta sino con que haya alguien que venga y dé una alternativa. Entonces, si hay una alternativa y ellos no la ven, trataré de hacer lo posible para que la vean y ahí veremos cómo resulta.
-¿Cómo te imaginás una alternativa?
-Bueno, alguien que tenga en cuenta los derechos humanos, a las personas con discapacidad, a los jubilados... También me parece que está bueno tener un equilibrio fiscal y determinadas cuestiones macroeconómicas, en la medida que eso no implique que la gente se muera de hambre. Me parece que está mal hacer un desequilibrio absoluto porque sí, pero vos no podés dejar que la gente se muera para que lleguemos al equilibrio fiscal, ¿no?
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