Secretos vaticanos: un libro cuenta el largo camino burocrático hacia la santidad, con prólogo del papa Francisco

El franciscano argentino Fray Marcelo Méndez, autor de ‘¿Como se reconoce un santo?’, trabajó en la curia romana y desde allí, su obra revela el detrás de la escena de los procesos de canonización

Un libro de pie sobre un escritorio de madera en una biblioteca con estanterías repletas de libros, una lámpara de mesa y un secante.
"¿Cómo se reconoce a un santo?" (Agape), de Fray Marcelo E. Méndez
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Para el creyente de a pie, el reconocimiento de la santidad no encierra demasiados misterios. Basta la huella imborrable de una vida entregada, el murmullo incesante de una devoción que resiste al tiempo o la certeza íntima de que alguien, desde la trascendencia, sigue velando por los suyos. Sin embargo, para la estructura institucional de la Iglesia Católica, la piedad popular es apenas el punto de partida. Detrás de las imágenes veneradas en los altares y de los vítores multitudinarios en la Plaza de San Pedro opera una maquinaria silenciosa y milimétrica donde la fe debe someterse al tamiz del derecho, la historia documental y el rigor científico.

En ese territorio intermedio entre la memoria afectiva y el expediente jurídico se adentra el franciscano argentino Rdo. P. Dr. Fray Marcelo E. Méndez ofm. en su obra ¿Cómo se reconoce a un santo? Itinerario del proceso de canonización, recientemente presentada en el espacio de Ágape Libros, en Puerto Madero. Lejos de la frialdad del manual académico, el texto surge de la pluma de quien conoce los pasillos vaticanos no como un espectador curioso, sino como un verdadero artesano de estas causas.

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Nacido en Salta, doctor en Teología Dogmática y diplomado en Archivística Vaticana, el sacerdote formó parte de la curia romana como oficial del organismo encargado de estudiar la vida de los candidatos a los altares y ejerció como penitenciario pontificio. Esa doble condición —la del historiador de las fuentes jurídicas y la del pastor que acompaña causas concretas como la del Cura Brochero o Fray Mamerto Esquiú— le otorga al texto una carnadura humana poco habitual. El mismísimo Papa Francisco, en el prólogo que rubricó de su propia mano el 15 de agosto de 2024, subrayó el valor instrumental del libro para quien debe desentrañar por primera vez el engranaje de un proceso o medir la veracidad de un suceso milagroso.

Francisco frente a la estatua del cura Brochero
Francisco frente a la estatua del cura Brochero

Es que el tiempo eclesiástico maneja una cronología ajena al vértigo moderno. Una causa requiere, como norma mínima, que hayan transcurrido cinco años desde el deceso del candidato antes de abrir la etapa diocesana. A partir de allí, el trámite se transforma en una minuciosa pesquisa judicial. Se recogen testimonios, se allanan archivos y se examinan escritos para comprobar la vivencia heroica de las virtudes. Luego, la documentación viaja a Roma para someterse al examen riguroso del Dicasterio para las Causas de los Santos.

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Durante la presentación, el propio Méndez contrapuso escenarios que ilustran esa elasticidad temporal. Mientras San Francisco de Asís alcanzó los altares apenas un año y medio después de su muerte en el siglo XIII, la gesta de los mártires del Valle de Zenta, caídos por la fe en suelo salteño en 1683, debió esperar más de tres centurias para ver su beatificación en 2022. Caso emblemático para la historia local es el de María Antonia de San José, la venerada Mama Antula. Su causa, impulsada junto a la de fray Francisco de Bolaños, fue la primera que la Argentina envió a Roma; entre su tránsito terrenal en 1799 y su canonización por el papa Francisco en febrero de 2024 debieron transcurrir 225 años de paciencia burocrática y documental.

El capítulo más complejo y fascinante del itinerario reside en la verificación científica y teológica del milagro. Para la Iglesia, la curación inexplicable no es una demostración mágica, sino un hecho insólito que supone la acción directa y gratuita de la Divinidad, operando como un signo que convoca a la conversión. Allí, el procedimiento exige el dictamen de peritos médicos y científicos que atestigüen que la recuperación supera cualquier explicación de las ciencias naturales.

Mama Antula
Mama Antula

La exposición no solo estuvo marcada por las precisiones técnicas y el rigor normativo, sino que también dejó espacio para la calidez de la memoria personal. Con visible afecto, el franciscano rememoró un prolongado encuentro privado con el papa Francisco, destacando la cercanía del pontífice, del cual lo conocía desde hacía mucho tiempo, y un detalle singular que lo conmovió profundamente: su deseo espontáneo de firmarle la presentación de la obra en ese mismo instante.

Asimismo, evocó la figura de Juan Pablo II, a quien tuvo la oportunidad de acompañar de cerca a lo largo de dos viajes apostólicos y de quien guardó un recuerdo entrañable como mentor. “Era una continua enseñanza todo lo que hacía”, afirmó Méndez al definirlo. Para ilustrar esa búsqueda constante de rigor y trascendencia en el rito, rescató una anécdota vivida durante una misa de beatificación en México: al advertir la probable inclusión de un gesto ritual de origen pagano, el papa polaco intervino de inmediato para corregir el rumbo, dejando al descubierto su minuciosidad e intransigencia ante el valor sagrado de la liturgia.

La presentación, en la cercanía de la UCA en Puerto Madero congregó a monseñor Juan Habib Chamieh OMM, obispo de los maronitas en la Argentina; fray Emilio Luis Andrada OFM, provincial de la Orden Franciscana de los Hermanos Menores, junto con otros religiosos franciscanos; y el padre Flavio Lauria CS, de los misioneros scalabrinianos; la Madre General y la hna.

Fray-Mamerto-Esquiu
Fray Mamerto Esquiú

Vicaria de las Hermanas misioneras de San Francisco Javier, y representantes de la dirección de diplomacia parlamentaria y culto de la cámara de diputados como de la dirección de culto de la ciudad de Buenos Aires y público en general estuvo salpicada por los recuerdos personales del autor.

Méndez rememoró con cercanía su trato directo con Juan Pablo II, a quien acompañó en viajes pastorales y de quien destacó su atención imperturbable a la liturgia, evocando la rapidez con la que el santo polaco corrigió la posible inserción de un rito pagano durante una celebración en México.

En última instancia, el valor del trabajo de fray Marcelo Méndez estriba en revelar la trastienda de una de las instituciones más antiguas del mundo. Antes del incienso y de las estampitas, la santidad en la Iglesia católica es una historia de testimonios confrontados, legajos antiguos y comprobaciones empíricas. Un camino donde la memoria de los hombres busca ponerse a la altura del juicio de la historia.

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