
Segundos antes de que el dron ruso impactara, Viktor Kruglov pensaba en libros de texto: decenas de miles de ellos y cómo hacerlos llegar más rápido a las escuelas ucranianas. Minutos después, un segundo dron Shahed cargado de explosivos golpeó el lugar y devastó el principal centro logístico de su editorial, Ranok, en la ciudad nororiental de Járkiv.
“El acero estaba al rojo vivo y ardía”, relató Kruglov sobre el ataque del 1 de agosto, y agregó que el hormigón armado del enorme depósito se derritió y el techo se desplomó. El incendio se extendió durante casi una semana y redujo a cenizas millones de libros.
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La industria editorial de Ucrania atraviesa su peor crisis hasta el momento, impulsada por ataques rusos selectivos. Es parte de una guerra cultural más amplia en la que casi 5.000 catedrales, iglesias, museos, teatros y otros sitios culturales fueron destruidos o dañados, y 35.000 objetos de arte saqueados.

Más de 13 millones de libros —un tercio de la tirada anual del país— fueron destruidos en dos meses durante este verano, lo que provocó al menos 39,3 millones de dólares (1.750 millones de grivnas) en daños, informó el Ministerio de Cultura. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, no respondió a una solicitud de comentarios sobre los ataques rusos a la infraestructura editorial de Ucrania.
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A pesar de un aumento de la demanda de libros en ucraniano desde la invasión rusa de 2022, la destrucción representa un retroceso para el sector, y las pérdidas trascienden lo económico. Se espera que las editoriales inviertan menos en autores debutantes, lo que pone en riesgo el futuro de la literatura ucraniana. Las pequeñas editoriales independientes podrían publicar menos o cerrar por completo, reduciendo la diversidad del mercado, mientras las empresas más grandes optan por lo seguro y se apoyan en los éxitos de ventas.
“Es una política deliberada de Rusia porque entienden que la cultura es lo que nos hace sentir resilientes, lo que nos hace sentir dueños de nuestra tierra, de nuestro destino”, afirmó Tetiana Berezhna, ministra de Cultura de Ucrania.
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Rusia, en guerra contra la industria del libro de Ucrania
Además de Ranok, al menos otras 40 editoriales y varias librerías sufrieron daños en las últimas semanas. “Esto es un golpe enorme para la industria y, si no actuamos rápido para implementar medidas estratégicas de apoyo, el sector podría colapsar por completo”, advirtió el editor, quien agregó que la industria del libro es un “elemento de la seguridad nacional de Ucrania”.
El depósito de Ranok destruido por Rusia abrió en 2013 como un centro logístico automatizado capaz de procesar decenas de miles de libros por día, explicó . “Hubo períodos difíciles” para la editorial, dijo, vinculados con la crisis económica mundial de 2008 y la pandemia de COVID-19, “pero nadie podía imaginar que casi un año de facturación de Ranok pudiera ser destruido de una sola vez”.
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El ataque destruyó 8 millones de libros, incluidos 620.000 libros de texto que Ranok suministra a casi todas las escuelas de Ucrania. Aun así, Kruglov señaló que la empresa cuenta con depósitos de respaldo y almacena todos sus archivos en la nube. “Probablemente eso es lo que nos mantiene en pie, porque podemos reimprimir libros y hemos conservado a nuestro equipo”, sostuvo.
Para la ministra Berezhna, los últimos ataques son parte de la destrucción “sistemática” del patrimonio ucraniano por parte de Rusia. “Lo han hecho durante siglos”, afirmó. La funcionaria apunta al siglo XIX, cuando gran parte de la Ucrania actual formaba parte del Imperio ruso y Rusia emitió decretos que prohibían o restringían severamente la publicación y el uso público del idioma ucraniano.
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“Pero, aun así, el idioma ucraniano existe. La literatura ucraniana existe. Tenemos los libros en nuestras bibliotecas, que fueron conservados en secreto desde tiempos muy antiguos, y todavía existen”, dijo. “Eso nos da la esperanza de que Ucrania seguirá siendo fuerte”.

El futuro de la literatura ucraniana está en riesgo
Sin embargo, hay muchos desafíos inmediatos. Los ataques afectaron financieramente a las editoriales, afirmó Berezhna, y dañaron su capacidad para invertir en nuevos autores. Publicar a escritores debutantes es costoso, en comparación con la apuesta más segura y rentable que representan los best sellers y la literatura traducida de autores consolidados.
“Estos recién llegados, esta literatura debutante, dentro de 100 años se convertirán en clásicos ucranianos que le contarán al mundo sobre Ucrania”, dijo. Y agregó que teme que haya menos apoyo para los jóvenes autores ucranianos.
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Por eso, el ministerio trabaja en un paquete de respaldo financiero para el sector, que incluye compras estatales de libros ucranianos para bibliotecas escolares, subvenciones para ayudar a las pequeñas editoriales a cubrir los costos de impresión, compensación de alquileres para librerías y un programa de seguros contra riesgos de guerra para las tiradas. Pero muchas personas del sector editorial sostienen que no alcanza.

Meses después de que un misil ruso atravesara el techo de la imprenta Konvi, en julio, las páginas quemadas de libros de inglés de cuarto grado todavía cubrían el piso y el papel permanecía atascado dentro de la máquina de impresión destruida.
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Antes del ataque, en ese espacio se imprimían millones de libros al año. Ahora solo quedan pilas de ejemplares hinchados y arruinados después de que los bomberos extinguieran el incendio. La imprenta se especializaba en ficción, material educativo y literatura científica.
Viktoriia Haidai, directora comercial de la imprenta, afirmó que reemplazar la prensa costará 1,2 millones de euros y que se necesitarán entre cuatro y cinco años para recuperar plenamente la capacidad de producción. Los rusos atacan imprentas como la suya, sostuvo, porque “somos infraestructura crítica, porque moldeamos el futuro: trabajamos en educación, en cultura. Trabajamos para preservar la historia”.
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“Sin eso, ninguna nación tiene futuro”. La impresión de libros de texto, que antes tardaba entre tres y cuatro meses, se extenderá a entre seis y siete meses, dijo. Esto amenaza los plazos para el próximo año y los siguientes.
“No solo sufren las grandes imprentas”, señaló. “Muchas pequeñas imprentas, que no se hacen visibles públicamente, también fueron destruidas”. “Las pérdidas que la industria del libro ucraniana sufrió en los últimos meses no se parecen a nada que haya visto el país en toda su historia de independencia”, dijo Iryna Baturevych, cofundadora de Chytomo, un referente ucraniano en libros y edición.

Entre los riesgos, indicó, está la supervivencia de las pequeñas editoriales independientes, lo que amenaza con reducir la diversidad del mercado, especialmente en la literatura de nicho y experimental. La literatura infantil también está en crisis, afirmó. Con tantos niños que abandonaron el país, las editoriales se diversifican hacia otros géneros y los autores dejan la profesión.
Baturevych consideró que el Estado probablemente encontrará financiamiento para mantener la impresión de libros de texto, pero hay menos certezas sobre el resto de la industria. Los recursos financieros de Ucrania no alcanzan para reconstruir infraestructura como imprentas y depósitos, porque la prioridad del Estado es combatir a Rusia. Roksolana Pidlasa, presidenta de la comisión de Presupuesto del Parlamento ucraniano, dijo que, en septiembre, un solo día de guerra le costaba a Ucrania 190 millones de dólares.
“No olvidamos que, en este momento, si no hay apoyo para las Fuerzas Armadas, puede que no quede nada para reconstruir”, señaló Baturevych. “Por eso diría que existe una enorme necesidad de apoyo de los socios extranjeros a la edición de libros ucranianos, porque sin ese respaldo no creo que la industria editorial ucraniana pueda sobrevivir”. Kruglov afirmó que el sector necesita tres cosas del gobierno ucraniano: créditos preferenciales y seguros, similares a los préstamos por debajo de la tasa de mercado y la cobertura contra riesgos de guerra que reciben otros sectores manufactureros; inversión para reconstruir la infraestructura de la industria; y medidas para impulsar la demanda de lectura y libros.
Actualmente, las editoriales no pueden acceder a esos préstamos porque sus activos consisten en propiedad intelectual, y no en inmuebles o equipamiento que puedan servir como garantía. “Espero que el Estado ayude, porque no puede haber una Ucrania independiente sin una industria editorial independiente”, afirmó Kruglov. “El libro ucraniano es el único producto que no se puede importar”.
Fuente: AP
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