Michael Diamond -para dos generaciones, Mike D, uno de los tres Beastie Boys- vuelve a poner su voz en un micrófono catorce años después de que la muerte de Adam “MCA” Yauch disolviera a uno de los tríos más influyentes de la historia del hip-hop. Lo hace bajo el nombre Mike D 5D, con un álbum solista titulado Thank You que sale este viernes 28, y con una banda formada en buena parte por sus propios hijos. No es un regreso triunfal ni una resurrección nostálgica: es algo más extraño e interesante que eso.
La historia de los Beastie Boys es, ante todo, la historia de una transformación radical y sostenida. El trío formado en Nueva York a comienzos de los años ochenta por Diamond, Yauch y Adam “Ad-Rock” Horovitz comenzó como una banda de punk hardcore antes de dar el salto al rap. Su debut, Licensed to Ill (1986), fue el primer álbum de hip-hop en llegar al número uno del ranking Billboard 200, un hito que abrió el género a audiencias que nunca antes lo habían escuchado. Pero ese éxito inicial ocultaba una paradoja: la imagen de chicos fiesteros y provocadores que proyectaban en canciones como “(You Gotta) Fight for Your Right (To Party!)” era, en parte, una parodia que ellos mismos terminarían por repudiar.
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Lo que vino después definió su verdadera dimensión artística. Paul’s Boutique (1989), producido con los Dust Brothers, fue recibido con indiferencia comercial pero con el tiempo se convirtió en una obra de referencia del hip-hop experimental: un collage de samples tan denso y ambicioso que anticipó décadas de producción musical. Check Your Head (1992) dio otro giro: se convirtieron en una banda al frente de sus propios instrumentos, fusionó punk, funk, jazz y rap, y construyó un sonido que, según señaló The New York Times en su momento, era “una indicación de hacia dónde se dirigía la música pop de raíz underground en los años noventa”. Ill Communication (1994) consolidó ese camino y les dio su mayor éxito comercial con “Sabotage”. Para entonces, los Beastie Boys ya no eran una curiosidad sino una fuerza cultural que influyó en cómo se vestía, hablaba y consumía música una generación entera.
El arco moral del grupo fue tan llamativo como el musical. A medida que el rap mainstream de los noventa adoptaba un tono más agresivo y misógino, los Beastie Boys fueron en sentido contrario. Yauch pidió disculpas explícitas por el machismo de sus primeras letras en “Sure Shot” (1994): “A todas las madres y hermanas, esposas y amigas / Quiero ofrecer mi amor y respeto”. El mismo cantante cofundó los conciertos solidarios Tibetan Freedom y convirtió al grupo en una voz del activismo progresista. La muerte de Yauch por cáncer en 2012, a los 47 años, no solo disolvió al grupo sino que dejó a Diamond sin el andamiaje creativo que había sostenido su carrera. “La cantidad de duelo y tristeza que sentí...”, recordó en una entrevista recogida con The New York Times publicada por Infobae. “La forma más fácil de no sentir eso era apagar la computadora y alejarme”, agregó. Durante años produjo para otros artistas —entre ellos The Hives, la banda sueca para la que trabajó en su álbum más reciente— hasta que tuvo una revelación: “No debo proyectar mis ideas en otros artistas. Debería guardarlas para mí”.
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Lo que finalmente desbloqueó ese impasse fue su propia familia. Sus hijos Davis Diamond, de 23 años, y Skyler Diamond, de 22, músicos con proyecto propio llamado Very Nice Person, se convirtieron en los principales colaboradores del álbum. Junto a ellos, la banda se completa con Eddie Ruscha, Will Graefe y Milo Ruscha. Las sesiones transcurrieron con equipos analógicos antiguos tomados del estudio casero de Diamond en Malibú, California, y con la participación de productores como Carter Lang —colaborador habitual de SZA y Justin Bieber— y Tyran Donaldson. Un sampler de los años ochenta prestado por Horovitz guardaba en sus disquetes beats originales de los Beastie Boys. “Es una máquina del tiempo”, recordó Donaldson.
El resultado sonoro tiene una lógica propia. Thank You es una descarga lo-fi de sintetizadores analógicos, ritmos industriales distorsionados y ecos del dub y del punk neoyorquino, con influencias de bandas de vanguardia como Suicide. Los temas iniciales “Switch Up” y “What We Got” concentran esa energía con voces procesadas a través de un pedal de overdrive. Lejos de imitar el sonido Beastie Boys, Diamond construye una paleta diferente: más austera, más áspera, menos irónica. Él mismo lo resumió con precisión: el disco es “musicalmente inmaduro, pero líricamente más maduro”.
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Esa madurez lírica es el rasgo más novedoso del álbum. Las letras de Thank You abordan la paternidad, una relación rota y la búsqueda de sentido a los 60 años con una franqueza poco frecuente en la trayectoria del artista. “Todos venimos de traumas / Llenamos nuestro mundo de dramas”, rapea en “Make It Stop”. En “I Don’t Care”, uno de los temas más logrados, el trabajo de sintetizador Mini Korg de Hubert Blanc-Fracard, ex integrante del dúo francés Cassius, acompaña una reflexión sobre el agotamiento de complacer a todos: “Trato de complacer a todos / Eso me está matando”. En “What We Got” grita: “Necesito un Plan B / M.C. retirado”, una línea que funciona como declaración de principios del proyecto.
Thank You no intenta responder qué hubieran sido los Beastie Boys sin Yauch. Esa pregunta, parece haber quedado atrás para Diamond. Lo que propone en cambio es más modesto y, por eso mismo, más honesto: la música de un hombre de 60 años que encontró en sus hijos y en un estudio lleno de equipos viejos una razón para volver a encender el micrófono. Hay algo revelador en que el disco más personal de su carrera sea también el más ruidoso, el más áspero, el menos pulido. Como si la única manera de procesar catorce años de silencio fuera hacer exactamente lo contrario del silencio.
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