Los viejos salen a escena: tres novelas que desafían el edadismo

“Ruth”, de Adriana Riva, “Vantablack”, de Valeria Groisman y “27 noches”, de Natalia Zito ponen en primer plano a personajes mayores, cuestionan los prejuicios sobre la vejez y muestran que la última etapa de la vida puede ser también un tiempo de libertad, deseo y transformación

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Adriana Riva, Valeria Groisman y Natalia Zito, las autoras de tres novelas que desafían el edadismo
Adriana Riva, Valeria Groisman y Natalia Zito, las autoras de tres novelas que desafían el edadismo

Es cierto que la ficción contribuyó a consolidar una imagen bastante opaca de la vejez. En general, los personajes mayores aparecieron siempre como figuras cuyo rol era incomodar, generar conflictos familiares o simplemente personas dependientes, resignadas a un lento y cruel deterioro sin remedio. Pero, en los últimos años, la cosa empezó a cambiar. A medida que la expectativa de vida aumenta y la llamada “generación silver” adquiere un peso cada vez más relevante en la sociedad, también la literatura empezó a cuestionarse qué significa ser viejo en el siglo XXI. En ese sentido, el edadismo —la discriminación basada en la edad— se convirtió en un tema de mucho interés y gran difusión. Por esta razón, revisar los relatos que sostienen que, a partir de determinada edad, las personas dejan de desear, de aprender, de crear o de tomar decisiones sobre su propia vida, se ha vuelto parte importante de los contenidos que hoy ofrece la ficción editorial.

En este sentido, elegí tres novelas argentinas contemporáneas que, desde lugares muy distintos, dialogan con esta discusión. Ruth, de Adriana Riva, Vantablack, de Valeria Groisman y 27 noches, de Natalia Zito. Ninguna fue escrita para ilustrar una teoría sobre el edadismo, pero las tres terminan cuestionando, desde la imaginación , muchos de los prejuicios que todavía sobreviven alrededor de la vejez.

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Fui, vi y escribí -
"Ruth", Adriana Riva

Los personajes y sus historias

La protagonista de Ruth tiene 82 años y está lejos de responder al modelo de anciana pasiva que tantas veces ofreció la literatura. Adriana Riva construye un personaje inteligente, irónico, curioso y dueño de una voz inolvidable. Ruth observa el mundo con una mezcla de lucidez y humor que le permite poner en evidencia las contradicciones de quienes la rodean y, al mismo tiempo, revisar su propia historia sin solemnidad. Uno de los puntos más destacados del relato consiste en mostrar que la edad no borra la individualidad. Ruth no representa “a los viejos” sino más bien a una mujer grande pero independiente, con deseos, contradicciones, opiniones y una personalidad que se resiste a quedar reducida a un florero. En tiempos donde la longevidad suele abordarse desde estadísticas o discursos médicos, Ruth pone en el centro de la cuestión aquello que muchas veces se pierde: la experiencia íntima de una persona sin importar su edad.

Vantablack, Valeria Groisman
"Vantablack", de Valeria Groisman

Por otro lado, Vantablack, propone otra forma de pensar el paso del tiempo. Valeria Groisman, lleva la ruptura con los prejuicios un paso más allá y lo hace a través del humor. Sus protagonistas, Raquel y Beba, son dos amigas octogenarias cuya larga relación estalla después de una insólita cena en la que unos hongos alucinógenos sacan a la luz viejos secretos, resentimientos y deseos reprimidos. Lo que sigue es un conflicto tan desopilante como profundo, que incluso desemboca en un juicio entre ambas. Lejos de presentar una vejez apacible, Groisman se juega con personajes que son capaces de hacer lío, equivocarse, pelear, sentir celos, culpa y deseo. La propuesta funciona como una poderosa metáfora del paso del tiempo: ¿qué ocurre cuando aquello que definía una vida parece apagarse? Y la narración, no responde desde el derrotismo, sino desde la posibilidad de reinventarse.

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Por su parte, 27 noches, de Natalia Zito, aborda uno de los aspectos más sensibles del edadismo: la autonomía de las personas mayores. Inspirada en un caso real, la novela explora las tensiones que aparecen cuando una mujer, de más de ochenta años, ve cuestionada su capacidad para decidir y su autonomía, por sus hijas. A partir de esa situación, Zito cuenta una historia que interpela desde temáticas muy contemporáneas: el límite entre el cuidado y el control, el peso de los diagnósticos, los intereses familiares y el derecho a conservar la propia voz incluso en situaciones de vulnerabilidad. Así, la escritora obliga al lector a preguntarse hasta qué punto la sociedad acepta que una persona mayor pueda tener libertad de acción cuando sus decisiones no coinciden con las expectativas de quienes la rodean.

Veintisiete Noches
"Veintisiete noches", de Natalia Zito

De este modo, las tres novelas permiten advertir un cambio significativo dentro de la narrativa argentina contemporánea. La vejez deja de aparecer como un territorio de blancos o negros para convertirse en un espacio lleno de matices, conflictos, deseos y posibilidades. Sus protagonistas aman, recuerdan, se equivocan, defienden su independencia, cuestionan a sus familias y siguen construyendo sentido. Quizá ese sea el mayor aporte de las tres autoras argentinas. Más que hablar sobre la vejez, invitan a revisar la manera en que la sociedad la representa. En un momento en que la “generación silver” gana terreno y reclama un lugar activo en la escena diaria, la literatura ofrece la oportunidad de comprender la experiencia de envejecer desde adentro, con toda su complejidad. Porque combatir el edadismo también supone cambiar las historias que contamos. Porque, aunque parezca que no, todavía queda mucha tela por cortar.

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