
La obra de Peter Paul Rubens, Venus y Cupido, regresó al Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid tras 18 meses de restauración que no solo devolvió al lienzo sus colores originales, sino que aportó hallazgos técnicos sobre la manera de trabajar del pintor flamenco. La pieza, fechada entre 1610 y 1611, se exhibe en la sala 19 del museo madrileño hasta el 13 de septiembre, acompañada de un dispositivo digital que explica el proceso de conservación.
Alejandra Martos, restauradora responsable del proyecto, explicó que el equipo retiró el barniz oxidado e intervino en zonas puntuales del lienzo. La capa pictórica se conservaba en buen estado tras más de cuatro siglos, pero los barnices se habían deteriorado y amarilleado, con efecto directo sobre los colores de la composición. El proceso, según Martos, “reveló los colores que pintó el artista y todos los matices y detalles utilizados”, en declaraciones recogidas por Artnet News.
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Quién fue Rubens
Rubens es considerado el mayor exponente de la pintura barroca flamenca. Nacido el 28 de junio de 1577 en Siegen, en el Sacro Imperio Romano Germánico, pasó gran parte de su vida en Amberes, donde estableció el taller de pintor más célebre de Europa. Su estilo fusionó el realismo flamenco con las tradiciones del Renacimiento italiano, con énfasis en el movimiento, el color y la sensualidad.
Fue también humanista, coleccionista y diplomático, y recibió el título de caballero tanto del rey Felipe IV de España como del rey Carlos I de Inglaterra. Al morir en Amberes el 30 de mayo de 1640, dejó un catálogo de más de 1.400 obras.
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Los hallazgos técnicos de la restauración
El estudio técnico realizado durante la intervención aportó información concreta sobre la ejecución del cuadro. La reflectografía infrarroja mostró un dibujo subyacente claro y firme bajo las capas de pintura, lo que resultó coherente con el origen de la obra: Venus y Cupido es una copia de una composición de Tiziano que Rubens conoció en su primera visita a la corte española, en la primera década del siglo XVII.
Las radiografías, sin embargo, revelaron que el pintor flamenco introdujo cambios propios durante el proceso. En el dibujo preliminar, la diosa romana del amor dirige la mirada hacia el espectador; en la versión final, la vuelve hacia la izquierda. La pulsera de perlas y el anillo en la mano izquierda de Venus vinculan la obra con una pieza que perteneció a la colección real española y que desapareció tras la Guerra de la Independencia contra Napoleón, a comienzos del siglo XIX.
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Los análisis de laboratorio identificaron una capa de carbonato cálcico sobre el lienzo y una imprimación de albayalde, carbón y más carbonato cálcico. El barniz resultó ser una resina compuesta por colofonia, obtenida de pinos y coníferas, y cera de abeja, según informó Artnet News.

La fascinación de Rubens por Tiziano
La relación de Rubens con la obra del maestro veneciano fue una constante a lo largo de su carrera. En un viaje a España a finales de la década de 1620, copió todas las obras de Tiziano que poseía Felipe IV. El inventario de sus bienes al morir en 1640 registró más de 30 copias de Tiziano y ocho originales. La versión conservada más cercana a la que Rubens tomó como referencia pertenece a la National Gallery of Art de Washington D.C.
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Para cuando pintó esta Venus y Cupido, Rubens ya dirigía en Amberes un taller amplio y organizado, y se consolidaba como uno de los pintores más solicitados del norte de Europa. Repitió el motivo de Venus y Cupido al menos media docena de veces a lo largo de su carrera.
Martos señaló, en declaraciones a Artnet News, que la pintura fue hallada en la casa del artista cuando murió, y que el equipo de restauración considera posible que Rubens la conservara para su propio disfrute.
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