Una librería “Tiny Desk” en Chivilcoy propone volver a lo analógico

¿Qué clase de experiencia provee un libro? ¿Puede un lector encontrar su propia voz? ¿Cómo ganarle al algoritmo? Responden los libreros Candela Romano y Tomás Garibotti

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Luz Bajita Libros
Tomás Garibotti y Candela Román, libreros de Luz Bajita: “Nos interesa la conversación”

Un portón celeste en la calle Arenales, en el barrio de la Belgrano, en la ciudad de Chivilcoy. Y adentro: una librería. Una librería de autor en el garage de una casa. Se llama Luz Bajita. Candela Romano y Tomás Garibotti son sus libreros. Ella es profesora de Letras y estudiante de Artes; él, psicólogo, poeta y músico. No venden todo lo que el mercado ofrece, no: armaron su propio catálogo, una curaduría especial. Organizan laboratorios de lectura, encuentros con música, izan la bandera de lo analógico.

Ahora estamos en el living de la casa. Un mate va y viene. Tomás se para, se encoge de hombros, levanta las cejas y aplaude. Un solo aplauso. “¿Sentís?” Se aleja acercándose a la ventana que da a la calle y aplaude otra vez. “¿Ves la reverberancia de acá? Y allá se seca todo", dice. “El tema de la acústica”, agrega Candela. El mes pasado, en este living, tocó una banda. En el patio servían guiso, en el quincho vino y en el garage, claro, los libros. Le pusieron Luz Bajita Desk. “Nuestro Tiny Desk chivilcoyano”, y se ríen.

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La conversación analógica

El último Luz Bajita Desk fue el 25 de mayo, con vinos de etiqueta y guiso. Un anexo a la librería, su expansión. A medida que el show avanzaba, se iban encendiendo veladores sobre la biblioteca. Varios tenían colgada del cuello una cámara de fotos analógica. En esa línea está La parsimonia, otro de los ciclos que organizan: un evento gastronómico con cata de vinos y vinilos donde los asistentes, al ingresar al lugar, dejan el celular en una caja y lo retiran al irse. “Nos interesa la conversación”, explican.

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Luz Bajita Desk y La Parsimonia son algunos de los ciclos que organizan estos dos libreros chivilcoyanos

“Un día vinieron unos amigos a cenar y nos dijeron: qué buena acústica que hay acá adentro, ¿y si hacemos algo? Primero nació así, muy indie: para los amigos, para la familia“. El primero fue en agosto pasado, unas cuarenta personas; el segundo, cincuenta; el tercero setenta y cinco. “El 25 de mayo fue la primera vez que había más desconocidos que amigos. Hicimos el conteo y en un momento eran noventa. Vamos a tener que poner un corte: cuarenta y cinco personas, algo así”, dice la librera.

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Aquel mediodía, una señora de unos noventa años se puso a escuchar en alta voz un audio de su amiga mientras la banda tocaba. “Son cosas que tienen que pasar. Nos interesa que pueda estar un bebé también, que puede estar mi tío, que tiene síndrome de Down, que cuando sonó el himno tiró un grito tremendo, que pueda estar Antón, nuestro hijo, dando vueltas. Que pueda alojar todo eso. Porque no nos imaginamos una librería que no respete los tiempos de Antón; no nos interesa”, dice Candela.

La música está en el centro. Tomás nombra Canción llevame lejos de Mauro Libertella, Un fierrín, el corto de Gonzalo Aloras, Candela habla de los libros de Gourmet Musical. “Nuestros hijos no se van a poner frente a un aparato, sentaditos como indiecitos mirando las letras. Internet borra ese rastro”, dice ella, y él agrega: “Hay algo analógico del tiempo también. Con los vinilos intentamos recuperarlo. No sabés la repercusión que tuvo en nuestro hijo. Aprendió la dimensión de la espera con el tocadiscos”.

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Detrás del portón celeste, Tomás Garibotti y Candela Romano en Luz Bajita Libros

Todo lector tiene una voz y debe encontrarla

Hace unos años, cuando viajaron a la Feria del Libro de Buenos Aires, hicieron el click. “Trajimos un montón de libros”, cuenta Candela. “Nos empezamos a dar cuenta de que mucho de lo que habíamos comprado no terminaba de representarnos. Entonces ahora, más que agrandar la librería en cantidad de títulos, estamos haciendo un trabajo de achicarla. No trabajamos tanto al pulso de la novedad, porque es algo abrumador como librero. Estamos recuperando los libros que nos marcaron”, agrega.

Una vez al mes dan un laboratorio de lectura. No es un club, tampoco un taller. “No nos interesa hablar de los libros en términos anecdóticos ni en cómo se vinculan con tu vida, sino formar lectores y darles herramientas críticas para que puedan pensar en profundidad sobre los libros, vincularlos con otros libros, con películas. Decidimos llamarlo laboratorio de lectura, porque es algo más experimental, para ver cuál es la voz argumentativa de cada lector, de cada lectora”, dice la librera.

El laboratorio tiene tres bloques. “El primero es un texto crítico que gravita el psicoanálisis, la antropología, pero como mi formación es en teoría literaria la columna vertebral es esa”, cuenta ella. El segundo bloque, que coordina Tomás, es “una constelación con cine generalmente, pero a veces también entrevistas, podcast, ilustraciones, pinturas”. “El tercer bloque es una entrevista con el autor o con la autora, que la hago yo”, dice Candela, “y el cuarto bloque es una master class”.

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Una de las sesiones del Luz Bajita Desk, con Nicolás Muchiut en teclado y voz, Leandro Torlo en bajo y Tomás Garibotti en batería

Algunos de los libros con los que trabajan son Ahí lejos todavía de Alicia Genovese, Glaxo de Hernán Ronsino, Cuál es el pez que tiñe el mar de Antonella Saldico y López López de Tomás Downey. “Se trata de encontrar una voz. Así como un autor encuentra una voz, un lector también. Esa la búsqueda. Y por eso decidimos dejar de llamarnos club y empezar a llamarnos laboratorio, porque tiene que ver como con la búsqueda de una voz”, dice y agrega: “No queremos ser una librería que tenga mil títulos”.

La lucidez del freno

“Es también ir rebuscándosela económicamente. Uno puede decir: ‘esta es mi ilusión’, pero ¿cómo mantengo mi ilusión?“, dice Candela, y Tomás agrega: “Tenemos menos títulos, sí, pero nos agrandamos en lo que nos interesa, como en el cine, con Scorsese, Herzog, Lynch, o en el psicoanálisis, con Alexzandra Kohan o Lacan. Esto no es la máquina de hacer chorizos en cantidades industriales, pero ampliás con una manera de estar, de relacionarte con los libros, que es lo que más nos importa“.

“Cuando entro al Instagram de Luz Bajita —agrega Candela— me aparecen, obviamente, todos videos sobre libros, y me da la sensación de que todo el mundo está leyendo lo mismo. Da un poco de impresión eso. No quiero nombrar a ningún autor en particular. ¿Cómo puede ser que una persona en España, otra en Colombia y otra en Argentina estén recomendando los mismos libros? ¿Qué del algoritmo se está proyectando en las librerías como para que los libreros estén recomendando lo mismo?”

En esa vorágine de cultura instantánea, para no ser “arrastrados por la ola”, estos libreros proponen “tener la lucidez y la honestidad” de poner un freno. “Hay libros que recomiendan que a mí no me gustan ni me conmueven. Nos cuesta mucho recomendar libros que no nos gustan. Hay que encontrar un equilibrio”, asegura Candela.

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“Hay algo analógico del tiempo también. Con los vinilos intentamos recuperarlo", dice Tomás Garibotti

Más libros por favor

Antes de Luz Bajita, esta librería de puertas adentro se llamaba Más libros por favor y estaba en Buenos Aires. Sin Tomás; todavía no eran novios. Una vez al mes, venía a Chivilcoy, traía varios libros y daba un taller. “Mis amigas empezaron a notar que yo en mi casa no prendía las luces de arriba, porque tengo migraña, a mí las luces de techo me hacen muy mal, y siempre prendía lámparas o veladores. Entonces mis amigas no decían ‘vamos al departamento de Cande’, decían: ‘vamos a Luz Bajita’”, cuenta.

“El primer año, 2016, publiqué por Facebook exclusivamente, y en 2017 abrí Instagram porque el público joven iba hacia ahí. Me empezaban a seguir porque yo no ponía las reseñas de la contratapa. Como eran libros que leía, las escribía yo, y mucha gente llegaba en la búsqueda de encontrar algo que no sea la contratapa. Me escribían para ir a ver los libros y yo les decía que vengan en tal día y tal horario. Y se encontraba gente y se recomendaban libros. Era muy lindo. Se armaba una especie de comunidad”, recuerda.

Con la pandemia, Candela decidió quedarse en Chivilcoy. Y en esa época, en el año 2021, cambió el nombre a Luz Bajita. En 2022 se sumó Tomás al proyecto. “Siempre decimos que Luz Bajita tiene que ver mucho con la amistad. Me acuerdo que la primera FED que fui, fui con Sami [Samanta San Romé, escritora chivilcoyana], y muchos de los libros que me traje los compré porque a ella también le gustaban. La amistad siempre está dando vueltas detrás de lo que sucede en esta librería", asegura.

La ética librera

“Me interesa algo que decía Piglia“, dice Tomás: ”Los distintos tipos de lectores que uno es y cómo va mutando. Primero leés todas porquerías, después te ponés más sofisticado, te hartás de lo más abstracto y te vas para otro lado. Ese giro del lector es muy interesante”. “Hay gente que viene de un duelo y te pregunta qué tal Diario del duelo de Barthes. Y vos ahí le decís: ‘Mirá que es duro. Metete, dedicale tiempo, pero esto no es sopa; va al medio del corazón’. Esa es la tarea del librero", agrega.

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Candela, Tomás y Antón, familia librera

“Un libro puede llegar en un buen momento o en un mal momento, puede ser un buen compañero o un muy mal compañero”, agrega Candela. “No por subestimarlo y pensar que no van a poder acceder, sino porque uno siente que tiene que parar la oreja e interceder, sobre todo cuando los libros son muy duros. Después, obviamente, la decisión es de cada uno. Pero nos interesa ser responsables con la persona que se lleva el libro a la casa, que sepa más o menos con qué se va a encontrar”.

“Con la experiencia estás más alerta o atento a esa compulsión a la compra, que uno la tiene como librero, la de llenar paredes”, dice Candela. “La variante de acumulación te mata”, acota Tomás. “Nosotros no nos sentimos cómodos con eso. Pensamos más en la experiencia de elegir, de armar un catálogo. Como no es un local a la calle, por el momento, ni abre de lunes a sábado de tal hora a tal hora, nosotros tratamos de tener presencia en las redes, y ahí buscamos tener una voz de autoridad”, completa la librera.

[Fotos: Luz Bajita Libros]

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