Guillermo Saccomanno: “No me las sé todas, y el lector tampoco”

El autor habla de ‘Escribir pájaros en la noche’, un libro surgido de un cuaderno de anotaciones con ideas, percepciones e interrogantes. “No se explica muy bien por qué uno escribe”, reflexiona

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Guillermo Saccomanno
Guillermo Saccomanno publicó 'Escribir pájaros en la noche' a partir de un cuaderno de hojas lisas que escribió sin posibilidad de arrancarle páginas

“La batalla de las batallas es escribir”. Firma: Herman Melville. Es la cita con la que Guillermo Saccomanno abre Escribir pájaros en la noche, su nuevo libro publicado por La Flor Azul, y que nació de un cuaderno de hojas lisas, sin renglones. Eligió ese formato a propósito, cuenta: sin la guía de las líneas, escribir era correr “el riesgo de caerse”. Se impuso además una regla: no arrancar ninguna página, sin importar cuánto se arrepintiera de lo escrito. Avanzar sin retorno. “Si en la vida no hay chance de volver atrás, tampoco debía haberla en esta escritura”, afirma. El cuaderno permaneció años sobre su mesa, al costado de la computadora, mientras publicaba otras cosas. “Operaba como sombra y como linterna”, dice. Le entraba sobre todo en los momentos en que él estaba tan en blanco como la página. Con el tiempo, una amiga leyó esas anotaciones y le dijo que ahí había un libro.

Nacido en el porteñísimo barrio de Mataderos en 1948, Saccomanno es uno de los narradores argentinos contemporáneos con mayor reconocimiento. Su literatura, según él mismo la definió, “ilumina, perturba, incomoda y subvierte”. No escribe para tranquilizar, debe entenderse. Escribe desde la violencia política, la lucha de clases, el sexo, el poder y la oscuridad de una sociedad que, en sus palabras dichas en otra entrevista, no tiene otro destino que “el camino hacia el abismo”. Ganó dos veces el Premio Dashiell Hammett, el Premio Biblioteca Breve, el Premio Nacional de Literatura y, en 2025, el Premio Alfaguara por Arderá el viento. Publica en Alfaguara, una de los grandes sellos de habla hispana. Y aun así, este nuevo libro es publicado por una editorial chica e independiente de la costa atlántica, donde el autor con fama de gruñón (él mismo lo acepta con ironía) vive desde hace 40 años.

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Esa coherencia entre lo que piensa y lo que hace no es nueva, se le recuerda en un segmento de su diálogo con Infobae Cultura. En 2022, al inaugurar la 46° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires —fue el primero en cobrar honorarios por hacerlo a partir de una exigencia suya, por cierto—, denunció desde el escenario el oligopolio del papel, la relación “despareja” entre autores y editores, y la contradicción de celebrar la cultura en un predio que lleva el apellido Martínez de Hoz. “Decir Feria implica decir comercio”, dijo. “Esta es una Feria de la industria, y no de la cultura”. El discurso duró casi media hora y generó tanto aplauso como polémica.

Saccomanno habló con Infobae Cultura sobre su nuevo libro y sobre todo lo que orbita alrededor del acto de escribir. Afuera, en la ciudad balnearia bonaerense, las calles están desiertas y por supuesto hace frío. “Durante el día pasarán tres, cuatro personas y un perro perdido”, dice. Es invierno en la costa.

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El misterio de escribir según Saccomanno

—Seré breve y obvio ¿Qué es esto? ¿Qué es Escribir pájaros en la noche?

—Al margen de todas estas otras escrituras, la escritura de una novela, la escritura de cuentos, de artículos, estos son... Hace ya unos cuantos años, en un cuaderno se me ocurrió anotar algunas ideas, percepciones (no me animo a hablar de iluminaciones), acerca del hecho de escribir. Más que nada son interrogantes. Mi intención es que tuviera un aura de interrogación sobre el hecho de la escritura: no se explica muy bien por qué uno escribe. Yo no creo en las intenciones. No creo cuando alguien dice: “Escribo para denunciar tal o cual injusticia”. Creo que ese es un planteo por arriba, pero creo que por debajo hay una situación más honda que tiene que ver con el instinto poético. Así se trate de una novela realista, creo que hay algo que tiene que ver con lo poético y que es muy misterioso.

—¿Y encontraste respuestas a ese misterio?

—No, no. Ni pretendo. Mirá, la historia del libro es la siguiente. Había un cuaderno. Así empezaría la historia. “Había una vez un cuaderno”. Era un cuaderno de hojas lisas. Yo escribo mucho a mano. Y en el cuaderno iba volcando estas impresiones, que no sé cómo llamarlas, si impresiones o interrogantes, tal vez, o percepciones. Y un día, una tarde, una amiga que es María Domínguez, poeta, que es la que cierra el libro con un comentario, ve el cuaderno y dice: “¿Qué es esto que tenés acá?” Le digo: “Una serie de apuntes que no sé muy bien dónde van”. Dice: “Dame, a ver”. Lo mira. Me dice: “Acá creo que hay un libro”. No había sido la intención. No soy ingenuo, yo sé cuándo hay un libro, cuándo no hay un libro. En este caso me tomó por sorpresa. No me imaginé que podía llegar a convertirse en un libro. Dijo: “Prestámelo”. Se lleva el cuaderno y volvió a las dos semanas con el cuaderno pasado en limpio. Y formaba un corpus. Lo que yo pensaba que era una escritura azarosa, terminó confirmando que había un libro ahí.

Saccomanno, nacido en Mataderos, consolidó una obra atravesada por la violencia política, la lucha de clases, el sexo y el poder (Foto: Europa Press)
Saccomanno, nacido en Mataderos, consolidó una obra atravesada por la violencia política, la lucha de clases, el sexo y el poder (Foto: Europa Press)

—¿Por qué una editorial independiente? Sos un escritor con un nombre y varios premios importantes.

—Me entusiasmaba esto de salir por una editorial chica. Bueno, lo de chica es relativo, porque las editoriales no se pueden dividir en chicas y grandes, sino en editoriales inteligentes y no inteligentes. Las que están muy comprometidas con el desarrollo en el mercado, como son las majors. Si bien yo pertenezco a una major, estas son las editoriales que tal vez te permiten hacer algún tipo de exploración. Por otro lado, si las editoriales chicas pudieran ser grandes, serían grandes. No nos hagamos los distraídos. La Flor Azul ha publicado a Dalmiro Sáenz, a Juan Forn, a unos cuantos. Y lo que me llamó la atención es que Selva [Almada] se ofreciera a presentarlo: me emocionó mucho porque es una escritora que admiro. En general, los escritores que admiro son aquellos que se cuestionan el hecho del lenguaje y que dejan una marca en el lector.

—¿Qué escritores te marcaron?

—Cité a Duras. Citaría a Faulkner, Onetti, Virginia Woolf. Y también iría por el lado de la poesía. Tal vez este libro tiene más que ver con la poesía. Insisto, un autor no tiene por qué tener todo en claro. Cuando escribís una novela también te pasa lo mismo. Sabés que los personajes se llaman Juan Carlos o José o María. Pero de ahí a que sepas todo, hay algo de misterioso: ¿Cómo aparecieron acá? ¿Qué quieren decirme? Porque el texto siempre sabe más de vos que vos del texto. Lo que tenés que estar es alerta para darte cuenta de esto que viene.

—La crónica o la autoficción parecen estar de moda ¿Creés en la división de géneros literarios?

—No estoy de acuerdo con la división de géneros literarios. Me parece más una comodidad de archivista crítico, de decir: “Estos libros van acá, estos acá, estos acá”. La crónica, el periodismo puede ser literatura, depende quién lo escriba. Si pensás el caso más trillado, Truman Capote. A sangre fría. Ese crimen no tendría ese sesgo literario si no lo hubiera escrito Truman Capote. ¿Cuál era su objetivo? Escribir una crónica como Flaubert. Y si lo pensás, Madame Bovary entra en ese estante.

Sobre la crónica, no es un problema de si me gusta o no me gusta. He escrito crónicas y lo hice con mucho gusto. Para mí la crónica es un género literario. Pero hay un margen muy chico entre lo que sería la ficción y la crónica periodística. Hay algún firulete. “Juan se levantó a la mañana, llovía, miró por la ventana, se dio vuelta, prendió un cigarrillo, María estaba a su lado dormida”. ¿Sabés cuántos relatos empiezan así? Es más, esta frase que yo te tiré, podés seguirla y ver a dónde te lleva.

Hay gente que vive de escribir siempre la misma historia, de cambiarle el nombre. Escritores de tema. “Hoy voy a escribir sobre el pañuelo verde”. “Hoy voy a escribir sobre el petróleo”. “Hoy voy a escribir sobre el Paraná que fue entregado”. “Hoy voy a escribir sobre los femicidios”. A mí en ese margen no me interesa. Hay una prosa domesticada, y no parece mal. Pero la literatura que me interesa es otra cosa. Escribir y preguntarte. Este libro tiene ese sentido. Es un libro que plantea que no me las sé todas. No me las sé todas y el lector tampoco se las sabe todas.

Feria del Libro - Inauguración oficial 28-04
Saccomanno durante su recordado discurso en la Feria del Libro de Buenos Aires de 2022: "todo sigue vigente", dice

Vivir en la costa y el oficio de escritor

—Vuelvo sobre un tópico alrededor tuyo ¿Vivir lejos de la gran ciudad tiene algo que ver con poder pensar sobre la escritura y que el resultado sea este libro?

—Esa sería una primera aproximación de la cual no estoy muy seguro. Yo me vine ya hace casi cuarenta años acá a la costa. Me vine porque quería desintoxicarme. No solo de alcohol, sustancias y esas tonterías, sino que quería desintoxicarme de todo lo que te carga la ciudad. Pavese dice en alguno de sus diarios que una literatura provinciana es una literatura con nervio. Creo que hay una gran parte de mi literatura que transcurre o sucede o tiene como referencia la ciudad. Pero también, en los últimos años, hay varios libros que tienen que ver con este lugar. Donde encuentro las mismas problemáticas que están en la ciudad. Las diferencias entre ricos y pobres, las contradicciones de clase, la injusticia, la miseria. Todo eso está vayas donde vayas, no podés escapar de esa realidad.

Acá podés vivir con menos. No necesitás tanto. Una vez que llenaste un poco la heladera, ¿qué más? Una botella de whisky. No hay mucho más. Y libros. Y con los libros también me pasa algo: sé que hay libros que no voy a volver a leer. Hay un poema de Borges al respecto. Dice: “Hay un libro que no leeré, una calle que no caminaré”. Entonces no tengo mucho tiempo para andar viendo qué se publica todo el tiempo y cuál es la última moda. No tengo tiempo. Todavía hay mucho que no leí. Mucho hacia atrás.

—¿Qué lees hoy?

—Mi interés está cada vez más centrado en la poesía y en la filosofía. Me di cuenta de que la mayoría de mis artículos eran sobre poesía, sobre poetas. Entre la poesía y la filosofía hay un aire común que tiene que ver con la búsqueda, con la pregunta sobre quién es uno, qué es la realidad, quién es yo. La vieja pregunta clásica, no me acuerdo si era Rimbaud el que la formuló: ¿Quién es yo? La pregunta de las preguntas. Y no creo que Trump o Milei se la planteen, estos autómatas de la idiotez.

Aquel discurso en la Feria del Libro

—No estuviste en la última inauguración de la Feria del Libro. Queda como testimonio aquel discurso que diste en 2022. ¿Creés que hiciste lo correcto?

—Mi discurso sigue enteramente vigente. La industria del papel está en crisis econopolítica. Los autores perciben mucho menos de lo que merecerían. Es más, en la feria se hacen los otarios. No pagaban a los autores. Sigue siendo la feria en el predio de Martínez de Hoz. La situación no ha cambiado. Que incorporaran tres mujeres me parece fantástico. Las reivindico, las respaldo, pero me parece que fue una movida oportunista. Podría haber sido una sola. ¿Por qué las pusieron a las tres? Me parece sospechoso. Y soy lector de las tres y las celebro y me parecen que tanto Selva como Gabriela son grandes plumas, grandes escritoras. Lo que hace Leila es muy interesante. Pero ¿por qué tres?

—¿Solo cambió la puesta en escena entonces?

—No sé, yo no estoy de acuerdo con la puesta en escena. Si bien creo que lo mío también fue una puesta en escena. Yo estoy en la puesta en escena. Pero nunca se va a decir nada desde el escenario. ¿Qué pretendemos? No cambió. La situación no ha cambiado en absoluto.

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