
Fines del siglo XV en Florencia. Un fraile dominico, predicador, prior del convento de San Marcos, grita con efusividad y vehemencia. Alrededor, la multitud se expande. Cada día lo siguen más. Desde el púlpito de la Catedral de Santa María del Fiore da sus sermones que, más que sermones, parecen proclamas guerrilleras. Habla en contra del lujo, los placeres terrenales, la prodigalidad; culpa los Médici, la casta gobernante.
Se llama Girolamo Savonarola. Dice tener a Dios de su lado. Unos años después, el 7 de febrero de 1497, encabezará la hoguera de las vanidades, el momento en que la fe se vuelve en contra del humanismo y del espíritu renacentista.
Savonarola había sido invitado a Florencia por Lorenzo de Medici en 1490. Fue entonces cuando emergió como uno de los adversarios políticos de la familia. Tras la caída de los Medici en 1494, su ascendiente aumentó, alcanzando el gobierno de facto de la ciudad. Según las crónicas, sus tropas de seguidores—conocidos como piagnoni—ejercieron presión sobre la población para que entregara artículos que el fraile consideraba perniciosos, como libros, esculturas, tapices y manuscritos, además de artefactos cotidianos relacionados con el lujo y la diversión.

Aquel día de 1497 una multitud reunida en la Piazza della Signoria de Florencia presenció cómo miles de objetos considerados pecaminosos ardieron en la que se conocería como la más famosa hoguera de las vanidades. Impulsado por Savonarola y sus seguidores, el episodio fue inolvidable. No sólo marcó un punto culminante en la campaña moralizante de la ciudad, sino que terminó por desencadenar consecuencias duraderas.
Todo está relatado en las Historias florentinas de Francesco Guicciardini, una obra del siglo XVI: la hoguera consistió en la destrucción pública de objetos tan diversos como espejos, maquillajes y vestidos refinados, así como instrumentos musicales, libros de astrología y magia, y obras artísticas de incalculable valor. El objetivo declarado era eliminar los bienes “pecaminosos” que, según la visión de Savonarola, fomentaban la vanidad y alejaban a la población de la vida virtuosa.

Entre los bienes incinerados, algunos cronistas han incluido pinturas originales de Sandro Botticelli sobre temas mitológicos clásicos, ¿que habrían sido aportadas por el propio artista? El biógrafo Giorgio Vasari, principal fuente de la vida del pintor, no menciona la destrucción de sus obras en la hoguera, aunque sostiene que cayó bajo la influencia de Savonarola. Tal es así que la pintura Natividad mística (1500) está inspirada en un sermón navideño de Savonarola pronunciado en 1493.
La práctica de quemar objetos en actos públicos de contrición no era novedosa en la península itálica. Ya en la primera mitad del siglo XV, los fieles de Bernardino de Siena celebraban actos similares como complemento a sus sermones al aire libre. No obstante, con Savonarola, estas fogatas adquirieron un significado político y social sin precedentes, lo que atrajo la atención y eventual condena del papa Alejandro VI.
La excomunión de Savonarola se materializó el 13 de mayo de 1497, bajo acusaciones de herejía y sedición. El 23 de mayo de 1498, el fraile fue ejecutado, crucificado y posteriormente quemado vivo en el mismo lugar donde había dirigido las campañas de destrucción. Tras la ejecución, las autoridades papales ordenaron que quienes conservaran sus escritos debían entregarlos en el plazo de cuatro días para ser destruidos, bajo amenaza de sufrir la excomunión.

El episodio ha trascendido los límites de la historia y la política para instalarse en la cultura popular. El acontecimiento sirvió de inspiración para la novela La hoguera de las vanidades de Tom Wolfe (1987), transformada en película en 1990, así como para relatos de autores como Ian Caldwell, George Eliot, Timothy Findley y Sarah Dunant. Además, la hoguera es recreada en videojuegos, citada en canciones como las de Albert Pla, y retratada en producciones televisivas como The Borgias y Medici: Masters of Florence. En la saga literaria de Georgina Kincaid, la destrucción selectiva de pinturas por la protagonista remite también a este episodio histórico.
“Savonarola fue la respuesta extrema a un período decadente de la Iglesia Católica”, aseguró Gerardo Di Fazio, periodista especializado en religión. “Si se hubiera escuchado tan solo parte de su prédica, quizá otro fraile, pero de la orden de los Agustinos llamado Martin Lutero, no habría encontrado motivos para su reforma, que desembocó en el cisma de Occidente. Pero esa es otra historia”.
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