‘La Odisea’ y su inagotable vigencia: entre Christopher Nolan y Stephen Fry, el mito se reinventa

La reelaboración del mito en la literatura y el cine revela el poder perdurable del poema épico de Homero, que ahora regresa con la versión del director de ‘Oppenheimer’

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La adaptación de La Odisea
La adaptación de La Odisea por Christopher Nolan reactiva el debate sobre cómo reinterpretar los mitos griegos en el cine contemporáneo

Cuando Christopher Nolan anunció que su próxima película sería una adaptación de La Odisea generó mucho ruido en el mundillo cultural. La epopeya de Homero es uno de esos textos fundamentales inamovible, con múltiples capas, explotada sin cesar y obstinadamente; resistente a cualquier interpretación única. Cada generación vuelve a ella porque se niega a cerrarse, es inabarcable a la vez que da cuenta de nosotros mismos como ningún otro texto literario. En ese sentido, el anuncio de Nolan reactivó la eterna cuestión de cómo contamos ahora los mitos griegos, por qué y para qué.

Es precisamente aquí, en este momento de renovada atención, donde entran las modernas versiones de Stephen Fry de la mitología griega Mythos, Heroes, Troya y Odisea. El actor, director y escritor británico no se limita a popularizar historias antiguas para el público contemporáneo, sino que reconstruye silenciosamente un puente cultural que se había ido erosionando durante décadas. Sus libros han hecho algo radical y aparentemente modesto: han devuelto los mitos griegos al ámbito de la narración popular sin despojarlos de su complejidad, oscuridad o peso filosófico.

Cada época cree haber descubierto La Odisea de nuevo. Y cada época se equivoca, porque lo que realmente ha descubierto es a sí misma, reflejada en un poema que se niega a permanecer inmutable. La epopeya de Homero ha sobrevivido no por permanecer intacta, sino por ser infinitamente fragmentada, reensamblada, contradicha y recitada de nuevo con diferentes acentos. Lo que ha cambiado en los últimos años no es el número de adaptaciones, sino su tono. Ya no queremos a Odiseo como un héroe puro sino que aparentemente lo necesitamos fracturado, cuestionado, reinterpretado. Necesitamos también que Penélope responda. Queremos que los monstruos parezcan humanos y que el regreso a casa sea incierto.

En este panorama abarrotado e inquieto de nuevas versiones –desde El regreso, de Uberto Pasolini, con Ralph Fiennes, hasta la próxima epopeya de Christopher Nolan, pasando por ¿Dónde estás, hermano?, de los hermanos Coen, y Penélope y las doce criadas, de Margaret Atwood–, los libros de Stephen Fry se han convertido en algo silenciosamente indispensable. No son adaptaciones en sí mismas, sino una especie de gramática cultural que nos enseña cómo ver, cómo leer, cómo reconocer lo que cada versión le hace realmente a Homero. Su logro es haberle devuelto a la mitología griega su capacidad infinita de fluir y ser reinterpretada. Y la fluidez, más que la fidelidad, es lo que hace posible la interpretación.

Los libros de Stephen Fry,
Los libros de Stephen Fry, como Mythos, Heroes, Troya y Odisea, reconstruyen el puente cultural entre la mitología griega y el público actual

La película El regreso, de Uberto Pasolini, anuncia sus intenciones de inmediato. No se trata de La Odisea de las escapadas ingeniosas o las intervenciones divinas. Es La Odisea después de que todo lo interesante ya haya pasado. El Odiseo de Ralph Fiennes llega a ítaca no triunfante, sino disminuido: con el cuerpo marcado por cicatrices, la voz contenida y la autoridad muy puesta en cuestión. La película trata el regreso a casa no como una recompensa, sino como una prueba. Las escenas de reconocimiento se desarrollan como interrogatorios. La violencia, cuando llega, está despojada de gloria. Se restablece el orden, pero nada se cura. Este Odiseo no es el héroe de la aventura, sino un sobreviviente. La película de Pasolini pertenece a una tradición claramente moderna, moldeada por las guerras del siglo XX y sus secuelas. Plantea la pregunta que Homero deja abierta: ¿qué ocurre cuando la historia termina, pero la vida continúa? La Odisea de Stephen Fry nos prepara precisamente para esta lectura. Al negarse a idealizar a Odiseo, Fry enfatiza su astucia como un rasgo moralmente ambivalente: necesario, eficaz, pero nunca inocente. Odiseo miente con facilidad. Mata con decisión. Sobrevive con brillantez. La película de Pasolini, por sombría que sea, no traiciona a Homero, sino que lo completa y hace lo que narra Stephen Fry en su libro sobre la Odisea: un mundo en el que los dioses no son garantes éticos, sino seres ambivalentes, caprichosos, complejos.

Mientras que Pasolini cierra la epopeya, Christopher Nolan está dispuesto a reabrirla a la mayor escala imaginable. Aunque su Odisea aún no se ha estrenado, sus contornos ya son legibles porque ya conocemos a Nolan y sabemos de sus obsesiones con el tiempo, la identidad, la dislocación y la arquitectura narrativa, precisamente las obsesiones estructurales incrustadas en el poema de Homero. Mientras Pasolini se detiene en las secuelas, Nolan seguramente pondrá en primer plano el movimiento: el viaje en sí, la desorientación, la fragmentación del yo a través del tiempo y el disfraz. Es probable que su Odiseo esté menos agotado que el de Pasolini y sea más un estratega que navega por sistemas hostiles, que un hombre aplastado por sus consecuencias de sus actos. Una vez más, los libros de Fry funcionan como un intermediario crucial. Fry insiste, una y otra vez, en que La Odisea no es lineal en espíritu, incluso cuando lo es en la trama. Las historias están incrustadas dentro de otras historias y es en esas historias mínimas donde se gesta la trama.

Quizás la adaptación cinematográfica más lúdica de La Odisea sea ¿Dónde estás hermano?, de los hermanos Coen, una road movie ambientada en la época de la Depresión que traslada la epopeya de Homero al sur de Estados Unidos. El Everett McGill de George Clooney es vanidoso, locuaz y absurdamente seguro de sí mismo, un Ulises cómico cuya astucia permanece intacta incluso cuando su dignidad se derrumba. La brillantez de la película reside en su atrevimiento. Las sirenas se convierten en mujeres que cantan junto a un río. El cíclope es un vendedor de Biblias tuerto. Los dioses son sustituidos por inundaciones, ondas de radio y la maquinaria de la creación de mitos estadounidenses. Es una parodia que comprende su material original con suficiente profundidad como para arriesgarse a ser irreverente. Tanto Mythos como Odisea de Stephen Fry, aclaran por qué esto funciona. Fry destaca que los mitos griegos nunca fueron tan solemnes como imaginamos. Eran obscenos, irónicos y, a veces, ridículos. Se burlaban de los dioses. Los héroes tenían defectos. El humor no era una desviación del mito, sino parte de su circulación. La película de los Coen, al igual que los relatos de Fry, devuelve al mito su inestabilidad original, donde coexisten la risa y la crueldad.

Si Odiseo ha dominado las versiones durante milenios, Penélope y las doce criadas, de Margaret Atwood, realiza una corrección necesaria. Contada desde la perspectiva de Penélope, que habla desde el más allá, reexamina La Odisea desde los márgenes, centrándose especialmente en las doce sirvientas ejecutadas tras el regreso de Odiseo. La Penélope de Atwood es aguda, irónica y profundamente consciente de cómo las historias juegan en contra de las mujeres. Cuestiona su propia reputación de fidelidad, interroga el heroísmo de Odiseo y expone la brutalidad enmascarada como justicia en el final de Homero. El coro de las criadas, por turnos amargo, lírico y acusatorio, transforma la epopeya en un juicio. Lo que hace Atwood no es actualizar a Homero, sino leerlo en contra de sí mismo. Y aquí también es donde Stephen Fry resulta invaluable. Fry subraya repetidamente que los mitos son plurales, contradictorios y controvertidos, incluso en la antigüedad. En su lectura de La Odisea, Fry legitima la intervención de Atwood y da cuenta de que su libro no es un acto revisionista, sino un acto de participación mítica.

"El regreso", de Uberto Pasolini
"El regreso", de Uberto Pasolini (foto), y "¿Dónde estás, hermano?", de los hermanos Coen, representan lecturas modernas y contrastantes de "La Odisea"

Ningún estudio de las Odiseas modernas estaría completo sin mencionar el poema de Constantine Cavafy Itaka, que transforma el viaje en una metáfora de la experiencia vivida. Aquí, la llegada importa poco; los monstruos se convierten en estados internos; el hogar es casi una idea secundaria. “Cuando emprendas tu viaje a Itaca/pide que el camino sea largo,/lleno de aventuras, lleno de experiencias”.

Tampoco podemos ignorar La Odisea: una secuela moderna, de Nikos Kazantzakis, en la que Odiseo abandona ítaca de nuevo, incapaz de soportar la quietud del regreso. Es una interpretación fantástica y una continuación cargada de sentido.

Cada una de estas obras extrae un núcleo filosófico diferente de Homero: existencialismo, inquietud, exilio, insatisfacción. Lo que comparten es la comprensión de que La Odisea no trata de geografía, sino de tiempo, de lo que significa persistir a través del cambio.

Los libros de Stephen Fry hacen algo silenciosamente radical: reintroducen la complejidad sin censura. Invitan al placer sin simplificaciones. Enseñan a los lectores –y a los espectadores– a esperar contradicciones, incomodidad moral y exceso narrativo. Ver La Odisea, de Nolan sin Fry puede ser emocionante. Ver El retorno, de Pasolini sin Fry puede ser devastador. Leer a Atwood sin Fry puede resultar polémico. Pero involucrarse en cualquiera de estas obras con Fry transforma la experiencia. Las historias se profundizan. Las elecciones se agudizan. Los desacuerdos se vuelven significativos en lugar de confusos.

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La Odisea

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Seguimos reescribiendo La Odisea porque se niega a dejar de plantear preguntas sobre la idea de hogar. sobre el poder y –sobre todo– sobre la narración en sí misma. Stephen Fry se asegura de que, cuando nos encontremos de nuevo con estas preguntas –en un cine, en una novela, en una página– las reconozcamos por lo que son: no reliquias del pasado, sino instrumentos que siguen muy vigentes. El mayor logro de Stephen Fry puede ser que actualiza esta visión del mundo con su característico humor que invita a reírse de las absurdidades de los dioses, pero nunca les permite olvidar su poder. Este equilibrio es muy difícil de lograr, y es lo que distingue a Fry tanto de los académicos como de los divulgadores.

El hogar, al final, es precisamente el centro neurálgico de la Odisea de Fry como lo es en todas las versiones aquí nombradas y me temo adivinar sea el centro de la versión de Nolan desde Memento pasando por su dirección de Batman, Interstellar o Inception (incluso Dunkerque), toda su obra es acerca de regresar al hogar. No como un destino sentimental, sino como un problema. ¿Qué significa regresar sin cambios a un lugar que ha sufrido cambios? ¿Qué significa recuperar la autoridad a través de la violencia? ¿Cómo es la fidelidad cuando el tiempo mismo ha sido infiel? Nolan no busca responder estas preguntas y tampoco lo hace Fry. Las enmarcan, pacientemente, con la confianza de que los buenos mitos no resuelven las contradicciones, sino que las preservan. Y es en ese sentido que la lectura de Fry se vuelve cercana. Stephen Fry nos cuenta la Odisea a nosotros, los humanos que habitamos el siglo XXI porque no se limita a volver a contar los mitos griegos, sino que los reactiva precisamente en un momento en el que el cine, la tecnología y la cultura global vuelven a estar ávidos de orígenes. Mientras Nolan se prepara para proyectar a Homero en las pantallas más grandes imaginables, Fry ya ha hecho el trabajo más discreto: recordarnos por qué estas historias eran importantes. Los libros de Fry insisten en que la mitología griega nos pertenece a todos, no como una alegoría moral simplificada, ni como una erudición, sino como una memoria cultural compartida. En un mundo cada vez más fracturado esta insistencia resulta urgente. Y en ese sentido, nos devuelve la fe en las historias clásicas, en su caudal inabarcable de interpretaciones y en la actualización necesaria del cuento, para que lo podamos hacer propio sin reparos y no sentirnos tan solos.

Se viene una nueva adaptación de la Odisea, es tiempo perfecto para releer los mitos y así entrarle a la experiencia de la película con un renovado aire de interpretación pero también de reflexión sobre la condición humana (que es en definitiva de lo que va La Odisea) y es el momento perfecto para leerlo a Stephen Fry y que nos dé una mano en toda esa complejidad que es el mundo griego, tan ajeno y lejano como propio y actual. La película de Nolan se estrena en julio de 2026. Hay tiempo.

Fotos: Reuters/ Hannah McKay/ File Photo y archivo.