La transformación de Paul Mescal en William Shakespeare para Hamnet deja en claro que la exploración creativa y el rigor físico definieron el proceso detrás de uno de las películas más esperadas del año. El actor irlandés, en conversación con The Wall Street Journal, abordó la relación entre el trabajo sensorial, la intimidad en pantalla y el peso emocional de los personajes históricos, a la vez que reflexionó sobre las implicancias de poner el dolor en el centro del relato.
En el plano profesional, Mescal relató las exigencias específicas de encarnar figuras legendarias y la preparación meticulosa que asumió frente a estos desafíos. “Eso es lo que sé hacer. Es para lo que me entrené,” aseguró Mescal, en referencia a lo que denomina su especialidad: humanizar figuras culturales de gran peso, tanto reales como ficticias. “Imaginar por lo que están pasando estos personajes, la vida interior de esas personas, lo que sienten, sus relaciones.”

El entrenamiento incluyó escritura creativa y un cambio en la ejecución musical. En la antesala al rodaje, Mescal escribió poesía para conectar con la sensibilidad literaria de Shakespeare y, ya en fase de preproducción para el biopic sobre Los Beatles, aprendió a tocar la guitarra con la mano izquierda, pese a ser diestro. Así, Mescal destacó que ese tipo de procesos constituían su método para entender las pulsiones artísticas: “Me hace sentir menos loco cuando tengo un día difícil en el set. Pienso: ‘Estoy seguro de que Paul McCartney también tuvo días duros en el estudio y mira lo que creó.’ Lo mismo con Shakespeare. Aunque trabajaron en medios distintos, para mí viven en el mismo lugar.”
El actor reconoció, además, el condicionamiento académico con el que se acercó a Shakespeare durante su formación, distanciándose de la veneración automática. “Siempre sentí que tenía que ir y decir: ‘¡Fue una producción increíble!’ Y en realidad no tenía ni idea de lo que intentaban comunicar sobre la obra,” confesó.
En el terreno de las producciones de alto perfil, Gladiador II marcó su ingreso a las producciones con gran presupuesto y recaudación. El largometraje, bajo la dirección de Ridley Scott, registró una taquilla global de 462 millones de dólares en 2024 y fortaleció la presencia internacional de Mescal, quien asomó a la fama con la serie Normal People en 2020.
El salto a Hamnet lo reencontró con una versión compleja e íntima del drama literario. Al describir la química con Jessie Buckley, compañera de reparto y pieza clave para sostener la estructura emocional de la historia, Mescal rememoró el primer ensayo: “Esa audición fue increíblemente estimulante, física y realmente sensual.” Este vínculo inicial, según indicó, permitió que las primeras escenas entre ambos tuvieran carga romántica y sexual inmediata, al tiempo que prepararon el terreno para los momentos de mayor duelo en la trama.
Mescal opinó sobre el lugar que ocupa la tristeza familiar en la recepción pública de la película. “Es muy fácil para la gente decir que es una película sobre el duelo, que por supuesto que lo es, pero no se trata solo de eso y nunca lo fue para nosotros cuando la filmamos,” expresó. Reconoció que la historia suponía un reto para ciertos sectores del público, especialmente para quienes son padres y dudan de su capacidad para sobrellevar la intensidad emocional: “Hice una película que hace llorar feo a la gente,” admitió, aunque lamentó que dicho punto eclipsara el resto de la narrativa.
El largometraje, inspirado en la novela de Maggie O’Farrell y escrito en colaboración con la premiada diretora china Chloé Zhao, explora la manera en que la tragedia personal se traslada al arte escénico. Mescal interpretó la adaptación que realiza el protagonista, que convierte el dolor por la muerte de su hijo en el núcleo de Hamlet. “El verdadero talento de Shakespeare era lo que estaba dispuesto a compartir con nosotros como artista. Los rincones privados de su corazón y su mente que nos comparte casi de manera devocional en todas sus obras,” afirmó Mescal. “Eso es, para mí, la razón por la que seguimos hablando de él cuatrocientos años después.”
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