El Concierto de Año Nuevo de Viena es el gran acontecimiento cultural del primer día del año nuevo nuevo. Se realiza el jueves 1 de enero de 2026 en la imponente Sala Dorada del Musikverein de Viena, por primera vez bajo la dirección del maestro canadiense Yannick Nézet-Séguin . Se transmite en todo el mundo a más de 150 países vía televisión y streaming (comienza a las 11.15 de la mañana hora europea; las 7.15 de la mañana hora argentina) y es visto por alrededor de 50 millones de espectadores. Esta edición 2026, que alcanza ya su 86ª convocatoria, confirma la vigencia de una de las tradiciones musicales más populares del mundo y combina el repertorio más reconocible de la dinastía Strauss con aperturas hacia otros nombres y estilos que amplían el universo musical del espectáculo.
Con esta presentación Nézet-Séguin, de 50 años, suma este hito a una trayectoria consolidada: lleva al frente de la Ópera Metropolitana de Nueva York desde 2018, de la Orquesta de Filadelfia desde 2012 y acumula 25 años como principal responsable de la Orquesta Metropolitana de Montreal. También fue el role model elegido por Bradley Cooper para personificar a Leonard Bernstein en la película Maestro (2023).
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El director recoge el testigo de Ricardo Mutti, quien dirigió el concierto en siete ocasiones, dos de ellas en el último lustro. El acceso de un nuevo director generó expectativas; según la organización, la elección de la batuta busca “a alguien que sea un artista consagrado y con mucha experiencia” para “desarrollar una relación con esta orquesta única” y así lograr que “se entiendan mutuamente”.

Primera parte: opereta, vals y polca
El programa se abre con la obertura de la opereta Índigo y los cuarenta ladrones, de Johann Strauss, una elección que rescata una obra menos conocida del compositor y que conecta con la tradición operetística vienesa. A continuación, el vals Cuentos del Danubio, op. 446, de Carl Michael Ziehrer, aporta una mirada alternativa al universo del vals, firmada por uno de los grandes contemporáneos de los Strauss.
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Joseph Lanner, figura clave en el desarrollo del vals vienés, está presente con Malapou-Galoppe, op. 148, mientras que Eduard Strauss introduce un tono más ligero y brillante con la polca rápida Brausteufelchen, op. 154. La primera parte se completa con la Fledermaus-Quadrille de Johann Strauss II, el galope El Carnaval de París de Johann Strauss padre y la obertura de La bella Galatea de Franz von Suppè, reforzando el vínculo entre música de baile y teatro musical. Especial relevancia tiene la inclusión de Josephine Weinlich con Canciones de Sirenas, polka mazurca en arreglo de Wolfgang Dörner, una elección que subraya el interés por recuperar compositoras históricas vinculadas a la Viena musical del siglo XIX.
Segunda parte: el peso de Strauss
Tras el intermedio, la segunda parte mantiene el protagonismo de Johann Strauss II, con obras como Polka Diplomática, Rosas del Sur y la Marcha Egipcia, piezas que reflejan el carácter cosmopolita del Imperio austrohúngaro y la enorme proyección internacional del compositor. Josef Strauss aporta un tono más elegante y reflexivo con los valses Dignidad de Mujeres y Palmas de la paz, ampliando la paleta emocional del programa. También hay espacio para el virtuosismo y la energía con el Københavns Jernbane-Damp-Galop de Hans Christian Lumbye, una obra que conecta el espíritu vienés con la tradición musical danesa del siglo XIX.
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El repertorio incluye, además, dos estrenos de compositoras contemporáneas de Johann Strauss: el Sirenen Lider, op. 13, de Josefine Weinlich, pionera al fundar en Viena la primera orquesta femenina de Europa, y el Rainbow Waltz de Florence Price, compositora afroamericana estadounidense.
Clásicos del Concierto de Año Nuevo
El famoso vals Danubio Azul se mantiene como la pieza central, destacado por “la concatenación de cinco valses diferentes, cada uno más enérgico, hasta llegar a una coda final explosiva”. Esta obra es célebre por sus “melodías largas y el uso del rubato, es decir, un tempo variable que va acelerando y frenando a placer del director”. Y la Marcha Radetzky ratifica su condición de clásico popular, con una estructura “enérgica, en compás binario”, donde se imponen los instrumentos de viento metal y la percusión desde el inicio. La composición exhibe “dos temas o dos melodías características: la A (la más conocida y la que aparece en primer lugar) donde se aplaude; y la B, que está conectada con la primera mediante un puente musical que sirve para cambiar la tonalidad inicial”. Sobre la naturaleza de esta pieza, la comunicación de la filarmónica de Viena enfatiza que “no se trata de una obra de gran complejidad ni de gran profundidad musical”; Strauss la escribió “en apenas un par de horas la misma tarde de su estreno”.
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El concierto, convertido en un espectáculo de masas, mantiene una venta de entradas exclusiva mediante sorteo, dada la demanda sostenida. Los precios oscilan entre los 35 euros para los asientos más lejanos y los 1.200 euros, que llegan a costar los mejor situados. El sorteo se celebró en enero y febrero de este año.
[Fotos: Orquesta Filarmónica de Viena]
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