
La lectura recreativa atraviesa un momento delicado en Argentina, donde los datos evidencian un descenso sostenido en los hábitos lectores. Según la Encuesta Nacional de Consumos Culturales, en 2022 solo el 51 % de la población leyó al menos un libro en el año. Este fenómeno, registrado también en otros países, se ve reforzado por el estudio conjunto del University College de Londres y la Universidad de Florid que muestra una caída del 40 % en la proporción de estadounidenses que leen por placer a lo largo de las últimas dos décadas.
El informe internacional destaca que Argentina figura entre los 15 países con menor promedio de libros leídos por persona al año según World Population Review. El promedio local no supera los dos ejemplares anuales, un dato que contrasta con la imagen de país lector que proyecta la Feria del Libro de Buenos Aires y con la tradición literaria nacional.
La mayoría de los adolescentes leen por obligación escolar, mientras que la continuidad del hábito en la adultez se diluye, según la Encuesta Nacional de Consumos Culturales.

En este contexto, especialistas y entidades educativas advierten sobre el impacto de la baja en la lectura, e insisten en los beneficios que aporta el hábito lector. Según Universidad de Artes, Ciencias y Comunicación (UNIACC), la lectura resulta clave para expandir el conocimiento, desarrollar la imaginación y comprender el entorno.
En el ámbito universitario, los libros constituyen una fuente inagotable de información y una herramienta indispensable para el crecimiento académico y personal.
Entre las ventajas señaladas por UNIACC destacan el desarrollo de habilidades cognitivas y de pensamiento crítico. “A través de los libros, los estudiantes no solo adquieren nuevos conocimientos, sino que también aprenden a analizar, evaluar y cuestionar la información que encuentran”, señala la institución.
Esta capacidad resulta fundamental tanto para el éxito académico como para la vida profesional, ya que permite comprender en profundidad los temas de estudio y cuestionar ideas establecidas.

La lectura fomenta la creatividad y la imaginación, atributos valorados en la educación superior y en el mundo laboral. Al sumergirse en historias y mundos diversos, los lectores pueden explorar nuevas ideas y expandir sus horizontes mentales.
Además, abordar obras que tratan temas como justicia social, igualdad de género y diversidad cultural sensibiliza a los estudiantes y los motiva a involucrarse como agentes de cambio.
La práctica de la lectura también fortalece las habilidades de comunicación. El contacto frecuente con distintos textos mejora el vocabulario, la gramática y la capacidad para expresar ideas de forma clara y coherente. UNIACC destaca que estas competencias resultan esenciales tanto en la universidad como en el ámbito profesional, ya que facilitan la interacción con docentes, pares y empleadores.

Las estrategias para recuperar el hábito lector se multiplican ante el escenario de retroceso. Elegir libros que se ajusten a las preferencias personales constituye un primer paso. Se sugiere evitar obras demasiado densas y optar por títulos que resulten atractivos desde las primeras páginas. Consultar a amistades, libreros, comunidades digitales o recurrir a servicios de recomendación puede aportar variedad y renovar el interés.
Establecer una rutina y asignar un momento fijo del día para leer ayuda a consolidar el hábito. Reservar espacios como la pausa del almuerzo o el tiempo previo al descanso nocturno permite avanzar con la lectura, incluso en jornadas exigentes.
Además, limitar el uso de dispositivos electrónicos durante ese intervalo contribuye a la concentración. Asimismo, el acceso a libros digitales, audiolibros o aplicaciones facilita la lectura adaptándose a distintos estilos de vida.

La socialización en torno a la lectura representa otra vía para estimular el interés por los libros. También, participar en desafíos o metas anuales, propuestos por instituciones culturales, brinda motivación adicional a quienes buscan retomar el contacto con la literatura.
El entorno digital también ofrece recursos novedosos. Plataformas que permitan registrar avances y recibir recomendaciones personalizadas, mientras que explorar listas de libros en redes sociales puede incentivar el intercambio del tiempo de pantalla por la lectura.

Abandonar un libro que no genera interés y cambiar de título resulta clave para mantener el entusiasmo. La lectura debe ser una fuente de placer y no una obligación. Entre los beneficios reportados por quienes logran reinstalar el hábito, se cuentan la reducción del estrés y el estímulo constante de la curiosidad intelectual. Los libros abren la puerta a historias y perspectivas que enriquecen la vida cotidiana y fortalecen la confianza personal.
La lectura, además de sus ventajas individuales, contribuye al desarrollo cultural y al compromiso social. Quienes cultivan este hábito tienden a estar mejor preparados para participar de la vida cívica y aportar a sus comunidades.
La lectura también promueve la tolerancia y el entendimiento intercultural, al permitir la exploración de distintos puntos de vista y realidades.
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