
El enigma de la Band of Holes en el sur de Perú ha fascinado a arqueólogos y curiosos desde que la National Geographic Society difundió, hace casi cien años, unas imágenes aéreas que mostraban miles de hendiduras perfectamente alineadas a lo largo de una ladera en las estribaciones andinas.
Ahora, una investigación liderada por Jacob Bongers, arqueólogo digital de la Universidad de Sídney, aporta nuevas respuestas sobre el origen y la función de este singular sitio, desechando explicaciones infundadas y reivindicando el conocimiento indígena.
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Ubicados en el Monte Sierpe, en el árido paisaje costero del sur peruano, los agujeros constituye una forma de intervención arquitectónica única, que ha dado pie a numerosas hipótesis sobre su propósito. Durante las últimas cuatro décadas, académicos han propuesto que pudo servir para defensa, almacenamiento, recolección de agua, captura de niebla, creación de geoglifos, entierros o minería.
Incluso, defensores de la teoría de los antiguos astronautas han sugerido orígenes extraterrestres para las más de 5.000 cavidades excavadas con precisión. Bongers y su equipo, sin embargo, se propusieron refutar estas ideas sin fundamento mediante un análisis exhaustivo del sitio, tanto desde el aire como a nivel del suelo.
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El estudio, publicado en la revista Antiquity, empleó tecnología de drones para obtener imágenes de alta resolución, análisis microbotánico para identificar restos de cultivos y plantas antiguas, y datación por radiocarbono para precisar la antigüedad del lugar. “Es esencial desafiar tales narrativas con evidencia arqueológica clara y razonamiento”, escribió Bongers en el artículo, añadiendo que el objetivo es “garantizar que el patrimonio local y el conocimiento indígena estén representados con precisión en el discurso académico y público”.
Los resultados de la investigación sugieren que la Band of Holes tuvo dos etapas de uso diferenciadas. En un primer momento, funcionó como un espacio indígena de trueque e intercambio, similar a un mercado. Posteriormente, bajo dominio inca, el sitio habría sido adaptado para fines contables y de registro tributario. La datación por radiocarbono sitúa la construcción del sitio entre los años 1000 y 1400 de nuestra era, periodo en el que la región formaba parte del Reino Chincha, una entidad centralizada y próspera que más tarde fue incorporada al Imperio Inca.
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La ubicación estratégica del Monte Sierpe, cerca de la intersección de una red de caminos prehispánicos y entre la sierra y la llanura costera, lo convertía en un punto de encuentro ideal para comunidades de distintas zonas que acudían a intercambiar bienes. El Reino Chincha, con una población estimada de 100.000 habitantes, explotaba mares y tierras fértiles —gracias al abundante guano de aves marinas— y comerciaba sus productos por plata, oro y esmeraldas con pueblos del interior.

El análisis microbotánico refuerza esta interpretación. En muestras de sedimento extraídas de diecinueve de las cavidades —que miden entre noventa y ciento ochenta centímetros de ancho y entre sesenta y noventa centímetros de profundidad—, los investigadores hallaron restos de maíz y de una especie de junco utilizada durante más de un milenio para fabricar cestas.
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“Los resultados de nuestro análisis microbotánico respaldan la hipótesis de que las plantas fueron colocadas deliberadamente en los agujeros durante tiempos prehispánicos”, escribieron los autores, quienes plantean que esto pudo hacerse mediante el revestimiento periódico de las cavidades con fibras vegetales o a través de la confección de haces y cestería.
Con la llegada de los incas y la incorporación del Reino Chincha a su dominio, la Band of Holes habría pasado a integrarse en el sistema imperial de recaudación y contabilidad. El examen de las imágenes tomadas por drones permitió a los investigadores advertir que la organización segmentada de las hendiduras guarda semejanza con la estructura de un quipu, el dispositivo andino de cuerdas y nudos utilizado para el conteo y el registro, del que se han hallado ejemplares en el cercano valle de Pisco a comienzos del siglo XX.
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Los vínculos aritméticos entre los números representados en los nudos del quipu y los patrones observados en el terreno de Monte Sierpe resultaron notables. Bajo el sistema incaico, las comunidades se organizaban en una jerarquía decimal y debían tributar en consecuencia, por lo que cada sección de agujeros podría haber correspondido a un grupo específico encargado del pago de impuestos.
“Nuestros resultados sientan las bases para futuras investigaciones en Monte Sierpe”, concluyeron los investigadores, quienes proponen realizar excavaciones de prueba, nuevas dataciones por radiocarbono, análisis adicionales de sedimentos y el estudio de más quipus locales.
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