
La nueva exposición de Andrés Waissman en el Museo de Arte Contemporáneo de Salta propone una mirada sobre la fragilidad del presente y la persistencia de imágenes que emergen de manera inesperada, según la visión curatorial de Carlos Gutiérrez.
En La deriva de los continentes, el artista argentino reúne obras de los últimos veinte años, explorando la tensión entre lo social y lo íntimo, y la manera en que la ruina y la incertidumbre atraviesan tanto la materia como el sentido de su trabajo.
Gutiérrez, responsable de la curaduría, describe el método de Waissman como una práctica que “se parece al escolástico, interpreta y discute cuestiones relativas a la vida en sociedad y el misterio de hallarse en este punto llamado presente”, según afirmó al Museo de Arte Contemporáneo de Salta.
Esta aproximación, que se despliega a lo largo de cinco décadas, ha permitido al artista “trazar redes, formar artistas y mantener su práctica atenta a los ciclos sociales y políticos que ritman las preocupaciones del arte y sus agentes”, escribe Gutiérrez.

La muestra, que se inaugura el cinco de diciembre a las veinte horas, invita a los visitantes a recorrer un conjunto de piezas donde, como señala Gutiérrez, “la posibilidad de que algo inesperado emerja en cualquier lugar, en cualquier momento” se convierte en un eje central. Bajo esta perspectiva, “los días se revelan como un tejido de engendramientos simultáneos, capaces de provocar una sensación de irrealidad indefinible”, explicó el curador al Museo de Arte Contemporáneo de Salta.
Las obras seleccionadas, que abarcan desde tótems hasta construcciones erráticas, abordan inquietudes sobre las tensiones políticas actuales y la naturalización de la violencia en la imagen.
Gutiérrez subraya que Waissman “produce esculturas cruzando materiales cuyas cualidades físicas contrastan entre sí para construir una situación ruinosa, deliberadamente artificial”, y detalla: “Torres de telgopor conviven con charcos de cemento, trozos de vidrio y pigmentos variados. Las pinturas habitan una factura similar, son evanescentes, vaporosas y dispersas”.

En el recorrido, series como Barahundas (2005) e Imágenes para una plaza (2025) presentan “masas de figuras antropomorfas” que pueblan metros de papel o constituyen escenas de cerámica. En otras, como Postpaisajes (2015) o La isla de los pájaros (2022), “es visible cómo desde lo hondo de una mancha brotan visiones, acaso románticas, de paisajes lejanos o vigorosas bandadas”, según Gutiérrez. Obras recientes como Monolitos (2023) o Hay afuera de acá (2025) “trazan las densas coordenadas que organizan el espacio”.
El curador invita a mirar en retrospectiva y a “amigarse con el derrotero de las pasiones que mueven a la obra más allá de las preguntas instrumentales”, y sostiene: “Porque todas las piezas insisten en revelarse sin abandonar del todo al referente, algunas remiten al motivo canónico del paisaje, otras aún al límite de desaparecer son presencia encarnada en el volumen. Constituyen un doble que por cercano es inquietante”.
Gutiérrez concluye que “en el trabajo de Waissman no hay demasiadas precisiones, hay alboroto e incertidumbre y, por sobre todas las cosas, un esfuerzo por interpelar la realidad, valiéndose de obras unidas entre sí con una sustancia viscosa, parecida a la fe”, según expresó al Museo de Arte Contemporáneo de Salta.
*“La deriva de los continentes”, de Andrés Waissman, en el Museo de Arte Contemporáneo de Salta, Zuviría 90. Inauguración: viernes 5 de diciembre - 20h. Horarios: martes a domingo de 10 a 20 hs. Entrada gratuita
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