
El universo de los libros antiguos en Buenos Aires revela una vitalidad inesperada, donde la tradición y la pasión por el papel resisten a la era digital. Hoy comienza la 18ª Feria del Libro Antiguo de Buenos Aires en el Palacio Libertad y se desarrolla hasta el domingo 2 de noviembre. Reúne ejemplares que abarcan desde el siglo XV hasta las primeras vanguardias del siglo XX.
“Buenos Aires es la ciudad con más librerías per cápita del mundo, es un detalle que no me canso de decir”, afirmó Lucio Aquilanti, librero, anticuario e investigador de literatura argentina, en el streaming de Infobae, subrayando la magnitud de un fenómeno que distingue a la capital argentina en el mapa cultural global. Según Aquilanti, la ciudad alberga “una enorme cantidad de librerías anticuarias con una gran tradición desde siempre, desde la colonia”, una realidad que contrasta con otros países de la región, donde el sector es mucho más reducido. “Hay un mercado, contra todo lo que se cree”.
La experiencia de buscar y encontrar libros antiguos se describe como una aventura cargada de emoción y hallazgos inesperados. Roberto Vega, presidente de ALADA (Asociación de Libreros Anticuarios de Argentina), además de librero, compartió una anécdota reveladora: “Estábamos editando un libro sobre el poncho. Encontré una librería de viejos de segunda mano y me metí a mirar. Encuentro un libro. Digo: ‘Ah, este libro, mirá qué raro’. Lo saco y era un libro que me habían regalado a mí veintidós años antes. Que yo había prestado, que nunca me lo habían devuelto y el libro era con la dedicatoria para mí para una Navidad. Estaba referido al arte textil en la Argentina”.
El valor de los libros antiguos no reside únicamente en su antigüedad o rareza, sino en las historias y huellas que portan. Vega explicó: “Un libro viejo de pronto tiene huellas de quien lo escribió, una dedicatoria, anotaciones, un lector crítico que te hace observaciones, todo ese mensaje... o algunos enriquecidos con ilustraciones que de pronto en la primera no aparecieron, o luego otros libros que fueron vestidos con encuadernaciones especiales. Todo eso te atrae porque te está contando nuevas historias”. Esta dimensión material y simbólica del libro físico se convierte en un argumento central frente a la expansión de lo digital.
El debate sobre la convivencia entre el libro en papel y los dispositivos electrónicos como el Kindle atraviesa a lectores y libreros. Aquilanti sostuvo: “El romanticismo puede ser un principio. Yo creo que es muy importante, pero cuando uno escucha el ruido del papel, cuando uno pasa las hojas de un libro... el Kindle imita el sonido del papel. Cuando uno saca una foto con un celular, hace el ruido del viejo obturador. Están tratando de imitar lo que nos daba lo otro”. Para él, la experiencia sensorial del libro físico es insustituible: “Cuando uno huele a un libro, huele la tinta, siente el ruido del papel, el peso... Yo no me imagino a tus amigos durmiéndose la siesta con un Kindle en el pecho, pero con un libro en el pecho es hermoso. Me parecen cosas totalmente distintas. Es como tomar un buen vino en un vasito de plástico o en una copa de cristal”.

La cuestión de la autenticidad y la preservación de la historia también emerge como un tema crucial. Aquilanti advirtió: “Incluso yo puedo editar un PDF y enviar a decir que fulano dijo tal cosa. Eso es más difícil hacer con un libro, ¿no? Cambiar lo que haya dicho alguien. Es más difícil alterar un libro, pero sí se hacía”. Relató casos en los que las propias familias de autores intervinieron en las ediciones: “Las primeras ediciones de Roberto Art son distintas a las segundas, porque las segundas ediciones las censuró su propia hija, de malas palabras y cosas por el estilo”. Así, la materialidad del libro impreso ofrece una resistencia mayor a la manipulación, aunque no la elimina por completo.
El mercado de los libros antiguos se caracteriza por su dinamismo y por la interacción directa entre libreros y compradores. Vega describió: “La transacción es la negociación... el libro usado se presta para ser negociado. Arte, antigüedades, todo eso te da la posibilidad de la negociación. Te da ese margen”. Además, destacó la importancia de la catalogación: “El librero también construye una catalogación del libro... si ese libro está suelto, no dice absolutamente nada, las chances del comprador son mucho mayores. Si en cambio el libro lo tenés muy catalogado, encontrás toda una descripción, un análisis, un estudio hecho sobre el libro, vos sabés que el otro lo está defendiendo, le está dando una jerarquía al libro y lo va a defender”.

La procedencia de los libros y la construcción de redes de confianza entre libreros y clientes son aspectos fundamentales. Aquilanti relató: “Las librerías vamos construyendo un nombre, entonces cuando de pronto decís: ‘Bueno, tengo esto, ¿a quién se lo puedo ofrecer?’... desde Alada, cuando recibimos una información, una consulta de este tipo, la compartimos con todos los miembros. Entonces, es probable que los que estén más interesados, de parte nuestra, por el perfil de la biblioteca, establezcan un contacto y haya ahí ya un diálogo”. En ocasiones, estas relaciones trascienden lo comercial y se convierten en vínculos personales: “Me llamó una persona que vendía la biblioteca de una antigua librera anticuaria... Y hoy es la mamá de mis hijos”, contó Aquilanti.
La Feria de Libros Antiguos organizada por ALADA se presenta como un espacio donde convergen la venta, la restauración y la reflexión sobre el patrimonio. Vega detalló: “Hasta el domingo 2 de noviembre, desde las 14 a las 20 horas en el Palacio Libertad. Entrada libre y gratuita. Y van a encontrar un poco lo que anunciaste, ¿no? Es decir, un mundo vinculado al libro... desde los stands con una oferta de libros como feria... pero por otro lado vas a encontrar un espacio taller, donde está todo el universo del libro sano. Todo lo que está en torno al libro, desde el editor artesanal, el que te imprime con tipografía móvil, el que te produce el papel artesanal, el que te restaura el libro, el que te lo encuaderna... Desde la Universidad San Martín, con todo lo que es la restauración de libros”.
* La 18ª Feria del Libro Antiguo de Buenos Aires se realiza del miércoles 29 de octubre al domingo 2 de noviembre en el Palacio Libertad (Sarmiento 151, C.A.B.A.)
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