
Antonio tiene 14 años. Es curioso, disciplinado, cumple con las tareas que le asignan en la escuela técnica donde cursa el secundario y también con las indicaciones que le dan los adultos que lo rodean. Es respetuoso, también. Vive con su papá en una casa que no es propia aunque podría decirse que vive solo: nunca se sabe cuándo su padre va a volver -tampoco se sabe en qué trabaja- por lo que el chico aprendió a arreglarse sin su supervisión.
Si bien le manda mensajes de audio con consultas o preguntas todo el tiempo, no siempre son respondidos, por lo cual funcionan más como una especie de conjuro porque Antonio (Alfonso González Lesca) se arregla solo. Cuando están juntos y el padre no está pegado obsesivamente a su móvil se divierten, disfrutan, juegan; la mayor parte del tiempo parecen pares. O no: a veces, muchas veces, quien parece en realidad el responsable de cuidar a Raúl (Juan Minujin) es su hijo.
Uno de esos días en los que el padre no regresa, la cosa se complica. Eloísa (Camila Peralta), una mujer joven y algo misteriosa que cuida a una anciana en la casa de al lado, es quien se ocupa de Antonio en ausencia de Raúl. Es ella quien le cuenta al chico que su padre tuvo un accidente con la moto (prestada) y que está internado en el hospital. A partir de ese episodio, que encierra mucho más que el accidente menor del que se habla en un comienzo, las rutinas de Antonio cambiarán dramáticamente: su padre no va a regresar por el momento pero él tiene que seguir yendo a la escuela, tiene que alimentarse, tiene que pagar cosas. A una edad en la que los límites de la legalidad todavía pueden ser turbios, Antonio tiene que planificar el modo de hacer dinero para sostenerse.
Así podría resumirse el núcleo argumental de Adulto, la tercera película del director argentino Mariano González (Los globos, El cuidado de los otros) también autor del guion, una narración intimista y sin juicios morales acerca del vínculo entre un adolescente y su padre, una figura evanescente e incapaz de proteger a nadie. La película, que se estrena el jueves 4 de septiembre, ganó en 2024 el Gran Premio del Jurado del Festival de Shanghai, el premio al mejor director en el Festival de Mar del Plata y también se alzó con los galardones a mejor película y a mejor director en el Festival de cine Ibero Latinoamericano de Trieste.

La historia que escribió y dirigió Mariano González es argentina pero el tema que aborda es crítico en cualquier ciudad del mundo. En todos lados hay padres sin la madurez necesaria para acompañar la siempre riesgosa crianza de un adolescente y chicos que surfean como pueden esa deriva a la que son arrojados: a veces no tienen las herramientas para protegerse y se pierden por el camino y otras veces se sobreadaptan a las circunstancias y se convierten en adultos antes de tiempo. Todos conocimos o fuimos algunos algunos de ellos.
Antonio pasa mucho tiempo con sus amigos, a veces va él a la casa de los otros, otras son ellos quienes vienen a su casa, vacía de personas mayores pero también de protección y control. A la edad de esos chicos, una casa sin mayores por muchas horas o algunos días no deja de ser una fascinante tentación de libertad. Pero Antonio no parece fascinado con la situación y aunque actúa como un chico aplicado, la situación lo excede. Se ve en su rostro, en sus gestos. No tener límites abruma.

Lejos de cualquier estridencia, la historia se cuenta en un tono calmo, con diálogos en los que se dice lo indispensable, por lo que la narración está plagada de silencios que necesariamente debe reponer el espectador (¿Qué le pasó a la madre de Antonio? ¿De qué vive Raúl? ¿Qué relación tiene con Eloísa? ¿Y con Damiana, la dueña de la casa y de la moto? ¿Qué estaba haciendo cuando tuvo el “accidente?)). El punto de vista de la narración es el de Antonio, a quien la cámara acompaña siempre y muy de cerca, formando parte de su intimidad, al estilo de ciertas películas europeas –como las de los hermanos Dardenne– que reproducen el drama de manera asordinada, con musicalización puntual en algunas escenas.
Pero te decía que el punto de vista es el de Antonio, lo que hace que solo sepamos lo que él sabe o cree saber. Adulto es una película que trata un tema cercano y lo hace con imágenes hermosas y a través de un clima que componen los tonos de los colores elegidos y también las voces. Juan Minujín, como el padre que por momentos invierte los roles con su hijo, consigue un personaje creíble al que no es posible odiar porque la película no propone un esquema de buenos y malos sino de seres humanos atrapados en sus contradicciones. Alfonso González Lesca (hijo del director) interpreta de manera conmovedora a un chico agobiado porque la vida le impone apurarse y, sobre todo, porque advierte con decepción la mentira en los relatos de su padre. El “¿Por qué me mentiste?” que le reclama con dolor mientras del otro lado no hay respuesta dan ganas de abrazarlo y de ponerse a llorar con él.

“La experiencia de trabajar juntos fue muy buena”, dice Mariano González cuando se le consulta cómo fue dirigir a su hijo, que no tenía experiencia en actuación. “Quizás tuve temores o miedos antes de empezar porque era un protagónico de tantas escenas, tantos días de corrido y quizás su falta de entrenamiento, de práctica, me despertaba algunas dudas, ¿no? Me preocupaba pensar si el cuarto día o la segunda semana estaría cansado. Y también las escenas que tenía, lo emocional, porque la verdad que no ensayé con él prácticamente nada. También fue una lección para mí como director la de dejarlo e ir viéndolo porque conozco su sensibilidad y los primeros días vi que estaba bastante tranquilo ante la cámara, la gente, la puesta. Como con todos los actores o las actrices, cada uno necesita algo distinto. Quizás alguno necesita que vaya y le hable más o lo contenga de un lado, el otro precisa que se lo deje libre. Con él creo que fluyó bastante”, explica.

Por supuesto que un chico es un chico, incluso cuando le toca actuar. “Es un púber, entonces, por momentos, cuando ya estaba suelto empezaba a hacer chistes y ahí había que ponerlo un poco en vereda, como se dice, porque no teníamos para filmar horas extras y había que seguir trabajando. Pero en general fue todo muy bien. Lo disfrutamos mucho”.
Las actuaciones en Adulto son todas muy buenas, sin altibajos. Los compañeros de Antonio logran una labor fresca y convincente y las tres enormes actrices que son Camila Peralta, Valeria Lois y Sofía Gala son garantía de talento y potencia, más allá de que las dos últimas participen de pocas escenas. Las tres logran transmitir máscara, voz y sensibilidad. Eso, sensibilidad: una de las mayores virtudes de una película que, a la vez que ensaya una crítica a la sociedad y al sistema de cuidados, consigue emocionar fuerte y sin golpes bajos.
* Adulto, de Mariano González, se estrena el jueves 4 de septiembre.
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