
“Me senté en la cama y pensé: ‘¿Y si compro un arma?’”, confesó Martin Scorsese al recordar uno de los momentos más tensos de su carrera. El director relató que, durante la posproducción de Taxi Driver, la presión de los ejecutivos de Columbia Pictures lo llevó a contemplar la idea de adquirir un arma para intimidar al estudio y evitar que recortaran la película. La revelación está incluida en el documental Mr. Scorsese que será estrenado por Apple Tv +
Allí Scorsese admite públicamente que consideró recurrir a la violencia para proteger la integridad artística de Taxi Driver frente a la censura del estudio. El cineasta describió cómo la presión de los ejecutivos de Columbia Pictures alcanzó tal punto que llegó a pensar en medidas extremas para impedir que alteraran el corte final de la película. La disputa surgió por la violencia gráfica de la secuencia final de Taxi Driver. Los ejecutivos de la productora exigían que se suavizara la sangre en la escena climática, temiendo que la película no obtuviera la calificación R y, por tanto, no pudiera estrenarse en cines convencionales.

El director explicó que la amenaza de censura lo sumió en una profunda angustia, hasta el punto de considerar la compra de un arma como último recurso. “Pensé en entrar a la oficina del estudio y decir: ‘Si tocan un solo fotograma, habrá consecuencias’”, relató el cineasta.
La tensión entre Scorsese y el estudio no era un caso aislado en la industria de los años 70. El director subrayó que la lucha por el control creativo era una constante para los cineastas de su generación. En palabras de Scorsese, “la integridad de la película estaba en juego, y sentí que no tenía otra opción”.
“Marty estaba muy molesto”, cuenta Steven Spielberg en el mismo documental. “Recibimos una llamada en la oficina: ‘Steve, Steve, soy Marty. ¿Puedes venir a la casa? Quieren que corte toda la sangre que salpica, quieren que corte la escena del tipo que pierde la mano.’”

“Se estaba volviendo loco”, añade el también director Brian De Palma. “Quiero decir, la historia es que quería matar al jefe del estudio.”
En cambio, el plan real del director implicaba otro tipo de delito. “Lo que quería hacer –y no con un arma– era entrar, averiguar dónde está el primer montaje y romper las ventanas para llevármelo”, explica. “De todas formas van a destruir la película, así que déjenme destruirla. Yo la destruiré. Pero antes de destruirla, me la voy a robar.
“Spielberg dijo: ‘¡Marty, detente! ¡Marty, no puedes hacerlo!’ Y cuanto más me decían que no, más decía yo que lo iba a hacer.”
[Fotos: Apple TV +; Columbia Pictures; REUTERS/Aude Guerrucci)
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