Las historias de vida de tres intérpretes sordos venezolanos que preparan el montaje en lengua de signos de la ópera ‘Fidelio’, de Beethoven, bajo la batuta de Gustavo Dudamel, ilustran el “poder transformador” del arte y la música en el documental El canto de las manos, el primer trabajo como directora de la actriz María Valverde.
“Para nosotros es fundamental el entender nuestras profesiones no como un trabajo, sino como una misión. El arte es una herramienta muy poderosa de transformación”, afirma Dudamel en una entrevista en Palma, con motivo de la presentación de la película en el Atlàntida Mallorca Film Fest.
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El director de orquesta soñaba con celebrar los 250 años del nacimiento de Beethoven, no solo por su música sino también por su sordera, que ya empezaba a padecer cuando compuso ‘Fidelio’, su única ópera.

“La idea de hacer un documental nace de una necesidad mía personal de poder llevar más allá este proceso creativo que Gustavo estaba teniendo y, sobre todo, de entender a la comunidad sorda. Era como poder llevar el proyecto a generar más conciencia y poder crear una justicia social con ellos como artistas”, explica Valverde.
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Dirigir el documental ha sido un reto para ella, además de por ser su estreno detrás de las cámaras, por haber trabajado en un idioma desconocido, la lengua de signos venezolana: “Muchas veces no sabíamos lo que estaban diciendo”, reconoce.
Para entender esas historias de los tres protagonistas -Jennifer, Gabriel y José- y poder contarlas, hizo falta el trabajo de siete intérpretes, que tradujeron las más de 400 horas de grabación, condensadas en solo 90 minutos de cinta.
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“En el montaje fue cuando descubrimos muchas de las conversaciones que tenían entre sí (...). Así fuimos construyendo la historia que hemos terminado haciendo”, cuenta Valverde, que define el resultado final como un ‘collage’.
“Honrar el trabajo” de los actores
Aunque el montaje de la ópera de Beethoven tiene un papel fundamental en el documental, ‘Fidelio’ es en realidad la “excusa” para narrar las realidades de Jennifer, Gabriel y José “dentro de sus familias y dentro de la sociedad”.
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“Para encontrar esa justicia que necesitan las personas sordas”, añade Valverde, que asegura que los actores de lengua de signos entendieron desde el primer momento el concepto y se generó “una relación muy bonita de hermandad” con ellos.
“Como directora era muy importante que ellos se sintieran identificados con la historia que hemos terminado montando, porque el material que teníamos podría haber sido una historia completamente distinta. Honrar el trabajo que hacen y honrar a sus familias y el lugar que ellos han creado era importante para dignificarlo”, argumenta.
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“Semillitas” para un arte más justo
Jennifer, Gabriel y José son miembros del Coro de Manos Blancas, que forma parte del Sistema Nacional de Orquestas y Coros de Venezuela, conocido, a secas, como El Sistema, al que el propio Dudamel le debe sus inicios.
“Yo soy el resultado de un proyecto artístico y social, que es El Sistema, que creó el maestro José Antonio Abreu para brindar esos espacios a las comunidades con más necesidades: espacios de creatividad, de encuentro y de belleza”, recuerda el director de Barquisimeto.
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El Sistema, como ahora ‘El canto de las manos’, son “semillitas” que, según Valverde, van contribuyendo a que la cultura sea cada vez más inclusiva y más justa con las minorías, por ejemplo a través de la “inspiración, la superación y la motivación” de los protagonistas del documental.
La música más allá de la música
Para Dudamel, con este proyecto se puede comprender “la verdadera dimensión de la música, no solamente a través del aspecto sonoro, sino del aspecto energético, de la empatía que crea en el momento de ser creada y que puede transformar la vida de todos”.
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“Para mí, como músico, (ha supuesto) entender el arte musical más allá de un propósito de entretenimiento y ver que el arte, en este caso la música, nos brinda unos elementos tan poderosos que pueden realmente transformar la vida de las personas”, apunta.
Al final del documental, caminando por las calles de Barquisimeto, Dudamel dice haber descubierto “el verdadero lenguaje del alma”: “Yo creo que es la empatía, los valores del bien, la verdad y la belleza. Vivimos en un mundo a veces tan ciego de sí mismo que no vemos que están ahí en nuestras manos”.
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Fuente: EFE
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