Tras cien años de su nacimiento, Perú recuerda al pintor ancestralista abstracto Fernando de Szyszlo a través de un viaje por su vida, su obra y sus amistades con dos exposiciones en Lima, la ciudad que lo recibió como genio después de vivir en Europa.
Ocho años después de la muerte del pintor, su vida y trayectoria luminosa es homenajeada bajo el mismo cielo gris que lo viera en la calle Junín, en el distrito bohemio de Barranco, para explicar cómo su arte dio vida a una corriente que rescató un “ancestralismo muerto” para unirlo con una abstracción inolvidable.
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En la ciudad de su vida y muerte, dos exposiciones lo celebran: a través de su obra, en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Barranco, y en recuerdos y fotografías, en el Centro Cultural Inca Garcilaso, de la Cancillería.

Esta última presenta una visión íntima y personal del artista, con un recorrido cronológico a través de sus grandes hitos, pero también, álbumes de fotografías inéditas cedidas por sus familiares, retratos hechos por sus amistades o un busto en bronce vaciado.
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Además, se expone imponente, en una vitrina, el mítico mechón de pelo del poeta César Vallejo, la reliquia única del célebre autor de ‘Poemas Humanos’ y ‘España, aparta de mí este cáliz’, que estuvo en posesión del artista plástico.
“Estoy abrumado”, admitió Vicente de Szyszlo, su hijo, con una sonrisa tras escuchar las elogiosas palabras dedicadas al célebre pintor luego de la inauguración de la muestra.
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Un hijo de polaco y peruana
Hijo de polaco y peruana, Szyszlo nació en Lima el 5 de julio de 1925 y entró en contacto con el arte gracias al legado de su tío materno Abraham Valdelomar, un célebre escritor, periodista y dibujante reconocido como el iniciador del cuento moderno en Perú.
En su juventud en Lima probó y dejó los estudios universitarios en arquitectura, e ingresó en la Academia de Artes Plásticas de la Pontificia Universidad Católica del Perú, tutelado por el pintor impresionista austríaco Adolfo Winternitz.
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Entre estudios y ‘moradas’ debutó en 1947 con una exposición en el Instituto Cultural Peruano Norteamericano, movido por la influencia cubista y ganándose la admiración de la crítica.

Un año después viajaría al “hervidero de vida” que entonces le supuso París, junto a su primera esposa, la poeta Blanca Varela, quien fue madre de sus dos hijos: Vicente y Lorenzo.
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En París estuvo inmerso en un entramado artístico que lo llevó a frecuentar a Rufino Tamayo, Julio Cortázar, André Bretón, Enrique Zañartu, y una burbuja de surrealismo y arte abstracto que no tardaría en implementar en su regreso a Lima.
Inspirado por Hans Hartung, abstracto franco-alemán, Szyszlo replicó esa expresión subjetiva con una “pintura abstracta” pero con una “expresión muy peruana”, en palabras de Bretón.
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Político y militante

Además de genio pictórico, fue militante, ya que ensalzó el debate sobre el origen del arte y el indigenismo academizado, pero también sobre la situación política, mediante el Movimiento Libertad, que fundó junto a Mario Vargas Llosa, su íntimo amigo, en respuesta a la crisis que atravesaba su país a fines de los años 80.
Honrado con la Orden de las Artes y Letras de Francia en 1981 y, seis años más tarde, la Orden de Bernardo O’Higgins, en Chile, su obra se consolidó en el panorama internacional, y desde entonces recorrería museos de Estados unidos, Europa y Latinoamérica.
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Al cumplir 90 años, Szyszlo compartió su historia personal en el libro ‘La vida sin dueño’, en la que afirmó: “Soy pintor. Esas dos simples palabras han dado sentido a mi existencia”.
Murió a los 92 años junto a su segunda esposa, en un accidente que cubriría de luto la historia artística peruana, y ahora, a cien años de su nacimiento, vive en su obra y en la memoria de sus admiradores y de artistas tan preclaros como Octavio Paz o Vargas Llosa.
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Fuente: EFE
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