
El Museo Reina Sofía ha presentado Marisa González. Un modo de hacer generativo, una gran exposición antológica de una artista “pionera en el uso artístico de las tecnologías y pionera en las temáticas sociales y culturales que aborda”, ha subrayado el director del centro, Manuel Segade.
González, nacida en Bilbao en 1943 y Premio Velázquez de las Artes de 2023, presenta aquí una veintena de sus grandes series y proyectos en los que aborda temas como el feminismo, la violencia contra la mujer y la violación, la ecología y la oposición a las centrales nucleares o el paternalismo y explotación en el mundo laboral.
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Considerada una de las pioneras en España en combinar la creación artística y las tecnologías de comunicación y reproducción de imágenes, el vídeo y los ordenadores, el resultado es un arte que “no es copiativo o replicativo, sino generativo”, un arte “que no es pintura, ni estampa, ni fotografía, pero lo combina todo”, reza el catálogo.

Son cientos de pruebas, descartes, impresiones y copias intervenidas realizadas con la primera impresora a color, un fax o programas de ordenador de los años 80, junto a cientos de objetos recogidos en vertederos, papeleras o la entonces recién cerrada central nuclear de Lemóniz, en los que González ve la belleza oculta y el significado más profundo.
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Descartes convertidos en arte
Así, una vieja muñeca hallada en un basurero de Chicago ilustra con crudeza una violación; los restos del tóner de la primera fotocopiadora en papel, que en los años 70 eran largos rollos de papel metalizado que desechaban sin más, pero que revelan el negativo de las imágenes copiadas, y un manojo de llaves, unas máscaras de protección o piezas de maquinaria y equipamiento descartado en la centra de Lemóniz.
“No me puedo resistir a la basura. Donde otras personas miran escaparates, yo miro en contenedores y papeleras que revelan mucho más quiénes somos”, asegura la artista tras pasar casi dos años rebuscando en los restos de la nuclear, se llevó un camión entero de cosas a su trastero.
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“Me entraron a robar y se llevaron casi la mitad. Y menos mal, porque ayudó mucho con la primera selección. Nos hicieron el trabajo”, dice consciente de que cada pieza que realiza implica un trabajo “eterno, de años seleccionando y recolocando”.
Para la curadora de la exposición, Violeta Janeiro, la organización y producción de esta gran exposición ha sido un trabajo ímprobo pero estimulante: “El estudio de Marisa es como un gran agujero negro del que no paran de salir cosas y cada una tiene una historia”, asegura.
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También Segade se declara fascinado por el estudio de la artista y satisfecho porque la exposición “permite mostrar no solo la obra de una gran artista, sino también todo su universo estético e intelectual”.
La exposición podrá verse en el Reina Sofía hasta el 22 de septiembre, cuando viajará al Azkuna Zentroa – Alhóndiga Bilbao.
Fuente: EFE
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