Han pasado más de 20 años desde Come Away With Me, el disco que elevó a .Norah Jones a la categoría de estrella global. Aquellas canciones lo tenían todo: delicadas melodías que partían de cierto formateo jazzero y apuntaban a un tipo suave de soul y blues, una voz privilegiada capaz de transmitir calidez y emoción, y el dulce sonido del piano por encima de un ajustado acompañamiento instrumental que privilegiaba el sonido acústico. Una música puro relax en tiempos de aceleración y ansiedad.
Desde entonces, cada paso artístico de esta pequeña mujer de gran voz ha reafirmado una saludable búsqueda de nuevos horizontes. Formó una banda de country (The Little Willies), colaboró con Foo Fighters, Belle and Sebastian y Rodrigo Amarante, entre otros. Cada uno de sus discos marcaron un nuevo tiempo, hasta llegar a Visions, el álbum publicado en 2024 y que ahora la trajo a Sudamérica para concretar shows en Brasil, Argentina y Chile. En la fría noche del lunes, Buenos Aires tuvo su momento-Norah Jones: canciones puro relax en tiempos de crispación.
Comenzó el show sentada frente a su piano de cola blanco y vestida con un fluido vestido veraniego a rayas de colores pastel. La iluminación estilo arcoíris de los años 70 otorgaba un delicado componente visual para las canciones. Acompañada por una ajustada banda de cuatro integrantes, dos hombres en la base (Josh Lattanzi en bajo; Brian Blade en batería) y dos mujeres para acompañar armonías y coros (Sasha Dobson en voz y guitarras; Sami Stevens en teclados y coros), el espectáculo comenzó con “What Am I To You” del disco Feels Like Home (2004). La magnífica, suave y relajante voz de Jones dio comienzo a una hora y media de placentera experiencia sonora.
Del piano de cola a un piano eléctrico, y de ahí a la guitarra, Norah Jones tomó el centro de la escena de frente al público. El movimiento derivó en un segmento más energizante y sirvió también para mostrar la ductilidad de Dobson y Stevens, dos notables instrumentistas y cantantes. Casi en formación de trío femenino, sonaron “I’m Awake”, “I Just Want To Dance”, “Hurts To Be Alone” y “Visions” —canción que da título al último disco de Jones, publicado el año pasado. Todas canciones que revelan otro lado de Norah Jones: lejos del piano, cerca de la guitarra.
Su estilo con la guitarra es suave, con un punteo y rasgueo delicado, aunque el sonido tiene tonos profundos y resulta en un sonido nítido y claro. Mientras tocaba “Queen Of The Sea” y “Tell Your Mama”, emergieron elementos de country, folk y un toque oportuno de blues. Fue un ajustado intermedio para el segmento final, otra vez al piano. Nada mejor, en ese momento, que una vibrante interpretación de “Come away with me”, una bella canción de amor que dio nombre y acompañó aquel suceso de principios de siglo.
El cierre del espectáculo vino con “Turn Me On” (otra de Come away with me), una respetuosa versión de “Long way home” (de Tom Waits) y el hit “I Don’t Know Why”, la canción que introdujo a Jones al mundo. Una larga ovación sobrevino. Fue el final de un show capaz de convertir un estadio cerrado, en un íntimo ambiente donde los músicos parecían estar tocando al lado de cada uno de los 12 mil espectadores. Un lujo sonoro y espiritual que hizo menos hostil el frío húmedo de Buenos Aires que esperaba afuera.
[Fotos: Santiago Gallo Bluguermann/gentileza Indigo Press]
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