¿A qué juegan les niñes hoy? ¿Y a qué jugábamos los que fuimos niños en los 80? ¿Y los que lo fueron antes? ¿Qué hacen les chiques cuando se aburren? y les grandes, ¿tenemos tiempo de aburrirnos?
Estas fueron algunas de las preguntas disparadoras del proceso creativo de Gregorio Imaginario. Las llevamos al cuerpo: en cada ensayo elegíamos algún juego que recordábamos de la infancia; jugábamos de verdad. Nos interesaba lo que pasaba en los cuerpos: cómo nos movíamos, cómo nos relacionábamos; qué emociones aparecían. Esa fue la puerta de entrada a un universo lúdico que nos parecía fundamental comenzar a construir y que es la esencia de la obra.
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El desafío fue trasladar los juegos al aire, ¿Cómo abordarlos desde el lenguaje de la danza aérea? Surgió lo que sería la escena germinal de la obra: dos amigos juegan suspendidos en el aire y en ese jugar se transforman creando mundos imaginarios. La escena, y por consiguiente toda la obra, funciona si los intérpretes juegan de verdad. Si bien armamos del juego una coreografía de danza, ésta tiene que ser investida con la esencia del jugar cada vez.
De ese estado decantó el concepto central de la obra: la imaginación, esa capacidad creativa propia de los seres humanos y tan a flor de piel en la infancia; esa herramienta que nos permite elaborar situaciones adversas, inventar caminos, crear mundos. Por varios meses nos sumergimos en la búsqueda de fuentes de inspiración, sobre todo en literatura infantil. Así apareció el tema de los amigos imaginarios.
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Ubicamos entonces la necesidad de narrar una historia con personajes que no solo bailen, sino que hablen. Como somos una Cía. de danza, la inclusión de texto era un salto difícil. Pero teníamos dónde hacer pie e impulsarnos: Gastón Santos colaboró con la dramaturgia y despliega todos sus matices actorales en el personaje de Gregorio, quien cuenta la historia del día en que Amanda, una niña bailarina, tierna y curiosa (Lucila Shmidt/Amanda Berrueco), está aburrida y empieza a inventarlo a él, su amigo imaginario.
Pronto sumamos al equipo de trabajo a Agnese Lozupone (iluminadora y escenógrafa), Sara Bande (diseñadora de vestuario), y Jorge Grela (compositor musical) que aportaron los colores, formas, texturas y sonidos que dan identidad a este mundo imaginario.
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Y llegó el problema. Sabíamos cuál sería el giro dramático: Amanda comienza a crecer y Gregorio teme que lo deje de imaginar. Gregorio, ¿dejaría de existir? No sabíamos cómo resolverlo. Hubo muchas instancias de prueba y error. Fue en ese andar que se terminó de armar el guion que sobrevuela temas sensibles como los miedos, el crecimiento, las pérdidas y el duelo.
Hay mucho trabajo previo. Nuestra Cía Abismo Danza, comenzó en 2011 centrando su trabajo en el desarrollo de un lenguaje de movimiento que cruza la danza aérea con arneses y la danza contemporánea, e incorpora recursos del teatro y las artes visuales en el trabajo escénico.
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¿Por qué apareció el deseo de hacer una obra para infancias? Desde Abismo Danza brindamos clases de danza aérea para niñes y adultes desde hace muchos años y comprobamos, cada vez, que la danza aérea ofrece posibilidades lúdicas infinitas. Otro precursor fue sin dudas la maternidad, ambas estábamos en tiempos de crianza, tiempos tan intensos en los que si no te pones a crear algo corres el riesgo de enloquecer. Y esos hijes no dejaban de inspirarnos para crear.
Creemos que hay algo de la esperanza que se renueva al trabajar con infancias, sobre todo si apelamos al poder transformador del arte. Sostenidas en esta convicción creamos también “Imaginarte. Infancias al teatro”, proyecto que acerca a las artes escénicas a infancias que por barreras socioeconómicas tienen dificultades para acceder. La experiencia fue muy enriquecedora y nos confirmó el deseo de seguir por este camino.
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Gregorio Imaginario cobró también un valor muy importante para la Cía. cuando en medio de su creación irrumpió la pandemia. Abrazar la imaginación y seguir creando a la distancia fue una forma de supervivencia. Al retomar los ensayos, después de meses de aislamiento, el espacio imaginario que Amanda inventa, se resignificó. Ya no era una niña aburrida sino una niña aislada del contacto con otros.

Esa pandemia quedó atrás, pero en cada uno y como sociedad quedaron marcas. Hoy el aislamiento se genera con la forma en que usamos la tecnología y redes sociales. Conexiones virtuales que evitan el encuentro de los cuerpos. En cada función nos proponemos volver al cuerpo presente, de carne y hueso, explorar los sentidos; encontrarnos con otros y desde allí armar preguntas, compartir imaginarios, generar comunidad.
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Después de varias temporadas abrimos nuevamente el juego. Queremos que haya teatro para infancias no solo en vacaciones de invierno. En tiempos en que la forma en que vivimos acecha nuestras zonas de juego, apostamos a volver a encontrarnos sin pantallas de por medio, abrir la posibilidad de imaginar y ¿por qué no?, construir otras maneras de habitar el mundo.
*Gregorio Imaginario, una obra de danza aérea y teatro para chiques y grandes, se presenta los sábados: 12, 19 y 26 de abril a las 19.30 hs y los domingos: 13, 20 y 27 de abril a las 18hs, en Galpón F.A.C.E (Dean Funes 2142, CABA). Entrada general: $15.000 (desc. por pack), por Alternativa
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