
El Museo de Arte Moderno de Buenos Aires vuelve a abrir sus puertas a la creación escénica experimental con la cuarta edición del ciclo El borde de sí mismo, una propuesta curada e ideada por Alejandro Tantanian que se desarrolla desde este viernes 11 de abril y hasta el 4 de mayo. Con funciones repartidas durante cuatro fines de semana, el proyecto reúne a artistas reconocidos por su trayectoria en el teatro contemporáneo: Martín Flores Cárdenas, Valeria Conte Mac Donell, Agostina Luz López e Ignacio Bartolone.
Este ciclo, que forma parte del programa anual “Arte es teatro”, propone un giro sobre la noción tradicional de obra: no como resultado terminado, sino como proceso compartido. “Imaginar aquello que no tiene forma aún y permitir el error y alentar el fracaso: convivir con el público en un espacio y tiempo al cual no suele ser invitado”, señala Tantanian. En esta concepción, el arte se construye en tensión con el otro, y esa tensión es fértil.
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Inspirado en una lectura poética del acto creativo, el manifiesto del ciclo recupera palabras de Paul Celan: ”El poema se afirma en el borde de sí mismo, se llama y se trae de vuelta, para poder persistir, incesantemente, desde su Ya-no-más a su Siempre-todavía”. Esa idea del poema —que ya no es sólo poesía, sino toda forma de expresión artística— atraviesa el espíritu del ciclo: leer el poema del otro como propio, ensayar zonas ajenas desde la experiencia individual.
Las funciones se realizarán en la sala 1 del segundo subsuelo del museo, los viernes a las 20 hs., sábados y domingos a las 16 y 18 hs., con una modalidad de asistencia de pie (hay asientos disponibles para personas con movilidad reducida).
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Programación del ciclo “El borde del sí mismo”
Cada fin de semana estará dedicado a una performance distinta:
La apertura será con Capítulo I, de Martín Flores Cárdenas (del 11 al 13 abril), que explora la memoria personal como una ficción reconstruida a partir de lo no dicho. Le seguirá La Medusa, el Hilo, la Espiral y la Araña, de Valeria Conte Mac Donell (del 18 al 20 abril), una pieza en blanco y negro que investiga desplazamientos, máscaras y figuras ambiguas.
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En la tercera semana (del 25 al 27 abril), Agostina Luz López presenta Un gigante rojo, inspirada en la destrucción cósmica del sol como metáfora de colapso y transformación emocional. Cerrará el ciclo Bailan como muñecos mis anhelos por volver a la escuela, de Ignacio Bartolone (del 2 al 4 mayo), en la que niños envejecidos recorren una educación pública convertida en pesadilla simbólica.
Más allá de los formatos, El borde de sí mismo es una invitación a habitar un tiempo diferente. Como lo expresa el manifiesto citando al filósofo y ensayista Byung-Chul Han: ”La vida ya no se enmarca en una estructura ordenada ni se guía por unas coordenadas que generan una duración... uno mismo se convierte en algo radicalmente pasajero”. El ciclo, en cambio, propone desacelerar, construir una temporalidad colectiva donde la obra y el público se encuentren.
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Este programa también dialoga con la noción de ensayo como forma artística —no en el sentido del ensayo académico, sino como tentativa. “En 1572, Montaigne dio con la palabra essai: prueba, tentativa, experimento”, recuerda el manifiesto citando al escritor estadounidense David Shields. Así, cada obra busca explorar territorios inexplorados, aunque percibidos desde el propio límite, desde ese “borde de sí mismo”.
La obra, como proceso, se completa en la mirada del público. ”La experiencia es una lámpara tenue que sólo ilumina a quien la sostiene”, cita el manifiesto a unas palabras de Louis-Ferdinand Céline. Por eso, el ciclo no se propone como una galería de espectáculos acabados, sino como un espacio en donde artistas y espectadores comparten incertidumbre, búsqueda y posibilidad.
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[Fotos: Guido Limardo - prensa ciclo “El borde de sí mismo”]
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