
“La memoria están siendo borrada como parte de un proyecto de poder”. Estas palabras de Walter Salles en la conferencia de prensa inmediatamente después de recibir el Óscar sintetizan, de manera brillante, la importancia de que una película como Aún estoy aquí haya llegado a salas de cine de todo el mundo en este momento tan crítico y delicado para los regímenes democráticos en el planeta.
Finalmente, después de 97 ediciones, una película hablada en portugués, protagonizada y dirigida por talentos brasileños, ha conquistado el mayor galardón del cine mundial. Aún estoy aquí, ganadora del Óscar a “Mejor Película Internacional”, alcanzó un hecho histórico que puede y debe traer consecuencias positivas para nuestra cultura.
A partir de los próximos años, los candidatos brasileños al Óscar tendrán un precedente valioso en el que inspirarse, y podemos suponer que los mismos votantes de la Academia les prestarán más atención.

Con un costo de producción de aproximadamente 7,5 millones de dólares, Aún estoy aquí recibió una promoción sin igual gracias a sus tres nominaciones al Óscar, precedidas por hitos como el premio al “Mejor Guion” en el Festival de Venecia y el Globo de Oro a la “Mejor Actriz en Película Dramática” para Fernanda Torres. Así, se convirtió en un fenómeno mundial de taquilla: ya ha llevado a más de 5 millones de espectadores a los cines de Brasil, recaudó más de 5 millones de dólares solo en Estados Unidos y, en todo el mundo, más de 27 millones de dólares.
Continuando con su entrevista posterior al Óscar, Walter Salles destacó que el premio no representa únicamente un reconocimiento a su película. Es un logro que también resalta la literatura brasileña, a través del libro de Marcelo Rubens Paiva en el que se basa el largometraje; nuestra música y talentos como Caetano Veloso, Gal Costa y Erasmo Carlos, intérpretes de las canciones de la banda sonora; y, en general, nuestro cine, que con las repercusiones internacionales de este galardón histórico recibirá mayor atención en el extranjero (bien ilustrado hace apenas una semana por O Último Azul de Gabriel Mascaro, que conquistó el Oso de Plata en el Festival de Berlín).

Que este premio inédito para el cine brasileño abra una puerta que no vuelva a cerrarse para nuestras producciones audiovisuales. Así como la conquista de la primera Copa del Mundo por la selección masculina de fútbol en 1958 sentó las bases para cuatro títulos mundiales más, así como los premios al Álbum del Año y Grabación del Año (por “La Chica de Ipanema”) en 1965 hicieron de João Gilberto el primer artista no estadounidense en ganar los principales Grammys (tres años antes de que cierto grupo británico obtuviera el Álbum del Año por Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band), proyectaron la música popular brasileña a nivel internacional y ayudaron a consolidar la carrera global de músicos de la talla de Tom Jobim y Sérgio Mendes.
Antes de este histórico 2 de marzo de 2025, la ocasión en que Brasil estuvo más cerca del Óscar fue cuando Ciudad de Dios recibió cuatro nominaciones: Mejor Dirección, Montaje, Guion Adaptado y Fotografía. Pero todo en la vida es una cuestión de oportunidad. La mayor posibilidad brasileña aquel año recaía en Daniel Rezende, que asombró al mundo con su edición dinámica (justamente premiada en la categoría de Mejor Montaje en los BAFTA). Sin embargo, Ciudad de Dios compitió en los Óscar en el mismo año que El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey obtuvo 11 nominaciones y arrasó ganando todos los premios, sin dejar oportunidad alguna para los demás candidatos.

Recordé este precedente al sorprenderme al constatar lo mucho que Anora gustó a la Academia. Compitió en seis categorías y solo perdió la de “Mejor actor de reparto” porque Kieran Culkin, por su actuación en Un dolor real, ganó todos los premios anteriores a los que estaba nominado (Globo de Oro, Critics’ Choice, BAFTA, Sindicato de Actores, etc.). Gracias al arrollador éxito de Anora entre los votantes del Óscar, su director, guionista, productor y editor, Sean Baker, logró la hazaña inédita de ganar cuatro estatuillas en una sola noche por una película (Walt Disney ganó cuatro Óscars en 1954, pero como productor de cuatro películas distintas galardonadas con Mejor Largometraje Documental, Corto Documental, Cortometraje y Corto Animado).
Y… no se dio para Fernanda Torres. Al fin y al cabo, el aplastante éxito de Anora también incluyó el Óscar a “Mejor actriz”, que fue para Mikey Madison, protagonista y alma de la cinta. No puedo decir que fue un premio injusto porque Mikey está magnífica en esta producción que ya le había valido otros importantes reconocimientos como el BAFTA y el Spirit Awards. Pero no creo que la interpretación de Fernanda como Eunice Paiva sea su única nominación al Óscar. Esta temporada ha hecho que Hollywood se rinda a su carisma y personalidad deslumbrante; ahora que la protagonista de Os Normais y Tapas e Beijos es conocida a nivel global, espero que Fernanda sea seleccionada para más producciones y, así como la francesa Juliette Binoche y la española Penélope Cruz se consolidaron como estrellas internacionales y ganaron el Óscar (respectivamente, por El Paciente Inglés en 1997 y Vicky Cristina Barcelona en 2009), el turno de Fernanda Torres también llegará.
* Periodista graduado por la Facultad Cásper Líbero de San Pablo y consultor de redes sociales. Ha escrito para Rolling Stone Brasil, Trip y fue responsable de la creación y planificación de campañas online para marcas internacionales. Es curador de la Campus Party y del youPIX Festival.
* Este texto fue publicado por la revista online de cultura Scream and Yell, editada por Marcelo Costa.
[Fotos: REUTERS/Carla Carniel; REUTERS/Carlos Barria; Sony Pictures Classic vía AP]
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