La belleza de la semana: el árbol de Navidad, la alegría de las fiestas

Papá Noel, el Niño Jesús, los Reyes Magos, la “Noche de paz, noche de amor”... todo se ha pintado durante siglos, pero a este particular detalle no se le ha dado el espacio que merece

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La belleza de la semana:
La belleza de la semana: el árbol de Navidad, la alegría de la fiestas

La Navidad es un tema más que recurrente en la cultura occidental. La pintura lo ha trabajado tanto que podríamos decir que es uno de sus principales. Pero en ese gran recorrido, que se inicia hace varios siglos y que aún continúa siendo una inspiración para miles de artistas, hay un detalle al que se le prestó poca atención: el árbol de Navidad. Uno de los más destacadas es anónimo, del siglo XIX: un hombre decorando un árbol con una paciencia y alegría conmovedoras.

Manzanas y velas por esferas y luces

Estamos frente a un símbolo icónico de las festividades decembrinas, que tiene una historia rica y compleja que se remonta a tradiciones medievales y mitos paganos. Según el historiador David Bertaina, el árbol de Navidad encuentra sus raíces en el “árbol del paraíso”, utilizado en las obras de teatro medievales que narraban la historia de Adán y Eva.

Estas representaciones se llevaban a cabo el 24 de diciembre, fecha que coincide con el día de ambos personajes en el calendario litúrgico de la Iglesia Católica. En estas obras, el árbol estaba decorado con manzanas y obleas de pastelería, simbolizando el pecado original y la salvación, respectivamente. Con el tiempo, se empezó a replicar en los hogares.

Pintura anónima, del siglo XIX
Pintura anónima, del siglo XIX

Por otro lado, una publicación de la Iglesia de Dios Restaurada sugiere que los primeros cristianos que llegaron al norte de Europa encontraron que los habitantes de la región celebraban el nacimiento de Frey, dios del Sol y la fertilidad, adornando un árbol no perenne. Este árbol representaba al árbol del Universo, conocido como Yggdrasil, que conectaba diferentes mundos en la mitología nórdica. Con la evangelización, los conversos adoptaron la idea del árbol para celebrar el nacimiento de Cristo, aunque cambiaron su significado original. Bertaina sostiene que la noción de que el árbol de Navidad tiene orígenes paganos es un mito del siglo XIX.

Con el paso del tiempo, las manzanas y velas que adornaban los árboles se transformaron en esferas y luces, y se incorporó la tradición de colocar regalos debajo del árbol. Estos obsequios eran atribuidos a figuras como San Nicolás, Santa Claus o los Reyes Magos, dependiendo de las costumbres locales.

La mañana de Navidad

A la artista estadounidense Anna Mary Robertson Moses, fallecida en nueva York en 1961, siempre le gustó la Navidad. Tanto es así que durante muchos años Hallmark publicó una línea de tarjetas navideñas ilustradas por ella: un éxito de ventas. “La mañana de Navidad salté de la cama… ¡Oh! Qué bien olía la casa. La sala y el salón estaban decorados con árboles de hoja perenne alrededor de las puertas y ventanas…”, escribió en su autobiografía.

En un rincón de Navidad en casa (1946) vemos al árbol de Navidad. “En esta obra de 1946, vemos representadas, en la calidez de un interior hogareño, unas cuantas de las tradiciones afianzadas en el siglo XX en torno de la Navidad: el protagonismo de un gran árbol decorado con globos y guirnaldas; la mesa llena de dulces; varias personas ofreciendo bandejas con comida; los niños jugando con juguetes nuevos; la corona de muérdago en la pared; la figura de Papá Noel junto al árbol rodeado de regalos…“, escribió Manuela Rodríguez.

"Navidad en casa", de Anna
"Navidad en casa", de Anna Mary Robertson Moses

Contraste con la atmósfera

Un hombre dormido sobre una mesa, mujeres esperando clientes y un árbol de Navidad decorado. Estas son las imágenes que componen Navidad en el burdel, una pintura de Edvard Munch, realizada entre 1903 y 1904. Considerada expresionista, la obra se encuentra en el Museo Munch de Oslo y es un reflejo de las complejidades emocionales y sociales que marcaron la vida y el trabajo del pintor.

Munch creó esta pintura en Hamburgo, en un periodo de su vida caracterizado por tensiones personales y profesionales. El artista había recibido un encargo por parte del senador Holthusen, suegro de su mecenas Max Linde, para realizar un retrato. Sin embargo, el proyecto no se concretó debido a desacuerdos entre Munch y el senador. Este fracaso afectó profundamente al pintor, quien experimentó episodios de ansiedad que intentó mitigar recurriendo al alcohol.

"Navidad en el burdel" de
"Navidad en el burdel" de Munch

El trasfondo de Navidad en el burdel está vinculado a una visita de Munch a un burdel en Lübeck. En la pintura, el artista retrata un ambiente relajado pero cargado de melancolía. Las mujeres del establecimiento, conocidas como pupilas, aparecen sentadas, aparentemente aguardando la llegada de clientes. A la izquierda, un hombre yace dormido, presumiblemente bajo los efectos del alcohol, mientras que a la derecha, en primer plano, una mujer madura, posiblemente la madame del lugar, fuma un cigarrillo mientras lee un pequeño libro. Todo esto ocurre bajo la presencia de un árbol de Navidad que contrasta con la atmósfera del lugar.

La prostitución, tema central de Navidad en el burdel, fue recurrente en la obra de Munch. Entre 1906 y 1907 el pintor encontró inspiración en una habitación específica de un burdel alemán, lo que lo llevó a desarrollar una serie de pinturas conocida como La habitación verde. Este interés por retratar la vida en los burdeles no solo refleja una faceta de la sociedad de la época, sino también las inquietudes personales del artista respecto a la moralidad, la sexualidad y las relaciones humanas.

Noche de paz, noche de amor

También hay artistas contemporáneos que han pintado el árbol. Uno de ellos es Árbol de Navidad de James Zamora, que con pocos trazos construye un árbol despojado de todo contexto, pero lleno de luces, logrando una sensación de tranquilidad apacible. Como dice la canción: “Noche de paz, noche de amor”. La calidez de sus tonos provoca la calidez del ambiente, de una familiaridad universal.

"Navidad al aire libre" de
"Navidad al aire libre" de J. Douglas Welsh / "Árbol de Navidad" de James Zamora

Otra pintura de los últimos años es Navidad al aire libre de J. Douglas Welsh, un pintor de Cincinnati que trabaja el viejo y querido paisajismo. En esta ocasión, pinta un pino con luces artificiales que le colgaron los lugareños en medio de un contexto de frío, nieve y soledad, dado que en el hemisferio norte la Navidad ocurre en invierno.

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