
La muerte, frontera implacable de la existencia humana, es también una experiencia de la que algunos animales parecen participar, aunque sin comprenderla plenamente. Así lo plantea la filósofa Susana Monsó en su ensayo La zarigüeya de Schrödinger. Cómo viven y entienden la muerte los animales, donde explora cómo ciertas especies responden a la pérdida de un compañero de una manera que desafía la visión antropocéntrica de las emociones.
Monsó, filósofa española y profesora en la UNED, sostiene que ciertos animales no solo exhiben comportamientos instintivos, sino también actitudes que pueden interpretarse como respuestas afectivas a la muerte e invita a reconsiderar la relación entre los animales y el concepto de la muerte, más allá de las interpretaciones humanas.
En su libro, la autora describe cómo algunos seres, desde jirafas que deambulan en el lugar donde yace una cría muerta hasta chimpancés que observan el cadáver de un compañero en solemne silencio, parecen experimentar algo similar al duelo humano. “Ambos errores son graves”, escribe Monsó refiriéndose a los extremos de proyectar emociones humanas en animales (antropomorfismo) o negarlas rotundamente (antropectomía). Para ella, ambos son “descripciones falsas de la realidad”.
La autora ilustra estos conceptos con observaciones del comportamiento animal, como el relato de una madre chimpancé en un centro de rescate en África, que carga durante días el cuerpo sin vida de su cría, o el caso de un grupo de pecaríes que acicalan el cadáver de un miembro del grupo. Monsó introduce el concepto de “tanatología comparada”, una rama emergente que estudia cómo distintas especies reaccionan ante la muerte.
Monsó profundiza en el vínculo emocional de los animales con la muerte a través de un enfoque filosófico que reta el pensamiento antropocéntrico. La tanatología comparada que propone aboga por una visión menos centrada en el ser humano y más abierta a la complejidad de los comportamientos animales.
Así, propone una distinción fundamental: no todos los animales que “lloran” a un compañero comprenden necesariamente el concepto de la muerte. El duelo, asegura, puede surgir por la “mera ausencia de un ser querido” sin que implique una comprensión consciente de la muerte misma. Este matiz invita a pensar en la posibilidad de que, en el reino animal, pueda haber duelo sin una noción clara de la mortalidad, y al revés, un concepto de muerte sin una expresión evidente de tristeza.
Un aspecto clave del ensayo es lo que Monsó llama el “concepto mínimo de la muerte”, una herramienta filosófica con la que intenta identificar qué animales poseen alguna conciencia, aunque sea rudimentaria, de la muerte como fenómeno irreversible. Este “concepto mínimo” evita la sobre intelectualización de la muerte al desprenderlo de interpretaciones humanizadas, lo que permite que el análisis de Monsó abarque tanto especies complejas, como elefantes y chimpancés, como pequeños animales que desarrollan estrategias de supervivencia frente a la muerte.

Diego Civilotti, del portal Filosofía de bolsillo, señala que este enfoque permite a Monsó articular teorías éticas y científicas con observaciones etológicas, abriendo nuevas perspectivas sobre el estudio de la muerte en el ámbito de la mente animal.
Monsó evita ofrecer respuestas definitivas sobre si los animales comprenden la muerte en los mismos términos que los humanos; en cambio, su obra desafía a los lectores a dejar de lado el antropocentrismo y a considerar el valor inherente de las reacciones animales. Al centrar su análisis en cómo diferentes especies se relacionan con la muerte de un modo no humano, pero tal vez igualmente significativo, Monsó establece que nuestras interpretaciones sobre el duelo y la pérdida son solo una versión entre muchas.
Para ella, observar estos comportamientos animales es una forma de acercarse a los límites de la comprensión humana y, a la vez, de reconocer una realidad que no necesariamente se ajusta a nuestros propios esquemas emocionales.
Con La zarigüeya de Schrödinger, Susana Monsó invita a repensar la condición mortal desde una perspectiva no exclusiva del ser humano, planteando preguntas más que respuestas y desafiando los sesgos emocionales que colorean nuestras interpretaciones sobre la vida y la muerte en el reino animal. Como indica Civilotti, el mérito del ensayo radica en su habilidad para comunicar estos conceptos complejos de manera accesible, haciendo de esta obra un punto de referencia en el campo de la filosofía de la mente animal y la tanatología comparada.
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