
El pintor francés Claude Monet amaba Londres y estaba fascinado por su famosa niebla, que creaba una luz misteriosa, reflejada en sus obras sobre la ciudad, que se exhiben por primera vez en la capital británica.
El artista impresionista, cuyas obras se podrán visitar en la exposición “Monet y Londres. Vistas del Támesis”, en la Courtauld Gallery, hasta el 19 de enero de 2025, viajó tres veces a la capital británica, donde permaneció largas temporadas, entre 1899 y 1901. Londres era entonces la ciudad más poblada del mundo y un importante centro industrial.
Monet quería pintar los “efectos de la niebla sobre el Támesis” y crear toda una serie de obras sobre el río. El pintor francés se alojó en el Hotel Savoy, desde donde tenía una vista impresionante de los puentes de Waterloo y Charing Cross, en el centro de Londres.
Para pintar el Palacio de Westminster, sede del parlamento británico, cruzaba el río y se situaba en una terraza del hospital Saint Thomas, que todavía sigue en funcionamiento. “Cada día encuentro Londres más hermoso para pintar”, escribió el pintor a su nuera en 1900.

En otra carta a su esposa, hablaba del clima en constante cambio y de su fascinación por los efectos producidos en el Támesis.
En 1901, describió a un periodista estadounidense la niebla que “adquiere todo tipo de colores”. En sus pinturas se deja ver el sol, que apenas se asoma entre la espera niebla.
En el cuadro, “Charing Cross bridge”, apenas se distingue la silueta de dicho puente, sobre un fondo amarillo, probablemente debido a las emisiones de azufre. Esa pintura fue ofrecida como regalo al ex primer ministro británico Winston Churchill en 1949 por su agente literaria.
El invierno londinense
La estación favorita de Claude Monet en Londres era el invierno, cuando “la niebla se mezclaba con la contaminación, el humo de las fábricas y todas las partículas del aire”, explica Karen Serres, comisaria de la exposición.

“Lo que también le gustaba mucho a Monet era el momento en que las nubes se abrían un poco y un rayo de sol iluminaba el Támesis”, añade la comisaria.
Tras sus estancias en Londres, Monet regresaba a Giverny, al norte de París, con decenas de cuadros por completar en su estudio.
En 1904 se expusieron en París unas cuarenta pinturas del pintor, con Londres como protagonista. Monet hubiera querido organizar esa muestra en la capital británica, pero fue imposible ya que el artista fue víctima de su éxito y sus cuadros se vendieron demasiado rápido.
El comprador de un cuadro del puente de Charing Cross escribió a Monet, a su regreso a Inglaterra, alabando sus pinturas londinenses.

“Esta es la primera vez que vuelvo a Londres después de ver sus pinturas sobre el Támesis y debo hacerle partícipe de toda la alegría que tuve al ver este magnífico paisaje, que usted nos ha permitido comprender mejor”, afirma el propietario de la pintura en su carta.
El Londres de Monet, cubierto de contaminación, parece “un lugar encantado, cosa que, estoy segura, no era lo que pensaban sus habitantes”, señala la comisaria de la exposición.
Haciéndose eco de las palabras de la comisaria de la exposición, el crítico del diario The Times, enganchado con las pinturas, pidió “tener la niebla”, siempre que ésta adopte los “colores encantadores y sobrenaturales” de Claude Monet.
Fuente: AFP
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