Hay mujeres que fueron extraordinarias, y aun así pasaron desapercibidas, o fueron poco conocidas. Sin embargo, hicieron la diferencia, viviendo bajo sus propias reglas, siguiendo sus sueños, lo que tal vez, les permitió tener una sensibilidad especial para observar y crear. Así fue como sucedió con Suzanne Valadon, nacida Marie-Clémentine Valadon el 23 de septiembre de 1865 en Bessines-sur-Gartempe, Francia.
Hija de una lavandera viuda, Suzanne, vivió en el bohemio barrio de Montmartre, con su madre primero, y más tarde con su hijo. El barrio le permitió sumergirse en el mundo del arte; durante el primer tiempo, como modelo, y luego, ya como artista. La situación económica que atravesaban ella y su madre condujo a que tuviera que desempeñarse en varios trabajos, por lo que Suzanne asistió a un colegio de monjas, si bien prefería quedarse pintando en su casa.
Siendo muy joven, con 15 años y siguiendo su vida bohemia, ingresó como trapecista el Circo de Pigalle. Sin embargo, tras una caída durante un entrenamiento tuvo que abandonar el espectáculo. Pero no lo artístico, ya que era la Belle Époque era el cotidiano de la época,y mucho más en Montmartre.
Al igual que sus contemporáneas Berthe Morisot y Mary Cassatt pintó, en su mayoría, mujeres. Sin embargo, mientras que aquellas habían nacido y crecido en otra clase, Valadon podía permitirse mostrar la otra cara de las mujeres, las trabajadoras, las cansadas, las despeinadas, las fumadoras, sin que ello la interpelara.
La costurera es una pintura realizada por Suzanne Valadon en 1914. Esta obra es representativa de su estilo y temática recurrente, donde se destaca su interés en la representación de figuras femeninas en actividades cotidianas. El cuadro muestra a una mujer joven cosiendo, capturada en un momento íntimo y tranquilo. Valadon utilizó colores oscuros y un estilo suelto para resaltar la textura de la tela y los detalles del entorno. La obra es, también, un testimonio del enfoque de Valadon en representar la vida diaria de la mujer con una mirada auténtica y realista, para alejarse de idealizaciones comunes de su época.
Gracias a la relación que Valadon había establecido con los artistas que frecuentaba tras su paso por el circo, se le permitió empezar a trabajar como modelo de los pintores. Su juventud, su intensa mirada de ojos azules y su belleza hicieron que pronto se convirtiese en una modelo muy solicitada.
Artistas de la talla de Edgar Degas, Henri de Toulouse-Lautrec, Pierre-Auguste Renoir y Pierre Puvis de Chavannes la retrataron. Toulouse-Lautrec la puntó en “La Buveuse [La bebedora]”, y Renoir en “Baile en la ciudad”, por mencionar dos ejemplos.
Esta cercanía con los pintores más emblemáticos de la época le permitió no solo aprender técnicas, sino definir su mirada, por lo que se puede observar que temáticas e intereses eran los mismos para ella también.
Suzanne nunca recibió una educación artística formal. Su aprendizaje fue intuitivo, mediante la observación de la obra ajena. Así adquirió el oficio, y su experiencia como modelo le permitió asumir una actitud respecto del cuerpo femenino y la imagen de la mujer.
Suzanne Valadon logró paliar las dificultades económicas de su juventud y logró sacar a flote a su hijo, que también sería artista, Maurice Valadon, al que dio a luz con dieciocho años y quien años después asumiría el nombre de Maurice Utrillo.
La artista falleció el 7 de abril de 1938 a causa de un derrame cerebral, y entre los artistas que se acercaron a despedirla estuvieron André Derain, Pablo Picasso y Georges Braque.
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