
Hasta último momento no se sabía si Adolfo Pérez Esquivel iba a poder asistir a la presentación de Para ser humanos, del escritor y psicólogo Pablo Melicchio. El nobel argentino de la paz, de 92 años, estaba pendiente de la salud de uno de sus hijos, que había sido internado de urgencia. Finalmente se ubicó en el centro de la mesa que integraban también el autor del libro y el periodista Osvaldo Quiroga, coordinada por Constanza Brunet, directora de Marea Editorial.
La editora presentó a cada uno de ellos, y el auditorio colmado estalló en un aplauso cuando nombró a Pérez Esquivel: “Siempre defendió la democracia por medios no violentos frente a las dictaduras. Su activismo sigue inspirándonos a luchar contra las violaciones a los derechos humanos en el continente. Él considera que este libro es una síntesis de su pensamiento para las nuevas generaciones”.

Para ser humanos, que lleva el subtítulo “El legado de Adolfo Pérez Esquivel, instrumento de la paz”, es el resultado de varios encuentros entre Melicchio y Pérez Esquivel en su casa y atelier. “En los libros es posible encontrar la medicina literaria para un mundo en crisis”, señala el autor. En las conversaciones que dieron origen a este libro, el nobel de la paz reflexiona sobre “la tiranía de los medios de comunicación, el capitalismo salvaje, la ansiedad exacerbada y, en especial, la búsqueda de la paz y la no violencia. Porque la humanidad tiene que recuperar la esperanza, pero una esperanza activa, basada en la espiritualidad, más allá de las religiones, uniendo energías para ser cada vez más humanos”, resume la contratapa de Para ser humanos.

Aunque Pérez Esquivel se retiró al poco tiempo de iniciada la charla, cuando fue informado de que su hijo debía ser operado, antes de irse dedicó unos minutos a compartir de manera sintética y contundente algunos conceptos. “Podemos hablar de muchas cosas, pero les voy a hacer una pregunta, que creo que es fundamental: ¿ustedes se conocen entre sí?”. “¿Y cómo vamos a cambiar el mundo si no nos conocemos?”, replicó ante la respuesta negativa de la mayoría. “¿Cómo vamos a lograr la paz si somos extraños? ¿Cómo vamos a avanzar en esta Argentina tan amada y tan castigada si no nos conocemos?”, reforzó.
Luego invitó al público a que cada uno se presentara a la persona que tenía al lado, que le preguntara su nombre: “Es un ejercicio que hago con mis alumnos en la facultad, el primer día de clases. ¿Saben ustedes a quién tienen al lado? Los invito a que se saluden, que digan sus nombres, que es muy importante, y después vamos a seguir”. Pérez Esquivel concedió un par de minutos en los que los presentes dejaron de dirigir su atención hacia el escenario para saludar y conversar con las personas sentadas a su lado.

“Vamos a terminar con este ejercicio –interrumpió, para comunicar que debía retirarse–, pero aquí quedan los amigos, las amigas, con ustedes”. “¿Saben? Este pequeño ejercicio de decir sus nombres es muy importante, no se olviden de esto, de saber a quién tienen al lado. Es un hombre, una mujer, con distintas posiciones sociales, políticas, religiosas. Cada uno y cada una de nosotros somos distintos, pero todos y todas tenemos los mismos derechos”, enfatizó Pérez Esquivel. “Por eso tenemos que construir una sociedad mejor, para todos y todas. Y no se olviden de esto: todo lo que hacemos, si no es con la fuerza de amar, no tiene sentido. Nos involucramos en situaciones políticas, económicas, nos peleamos, pero la fuerza de amar es lo que da sentido a esto de ser humanos, de reconocernos. Somos distintos, pero todos tenemos los mismos derechos”.
“Les dejo un fraterno abrazo de paz y bien, y les deseo mucha fuerza y esperanza. Y por favor, no se olviden de sonreírle a la vida. El día que le dejan de sonreír a la vida, son seres vencidos. La vida tiene muchas luces y sombras, pero, como dice el proverbio, la noche más oscura es cuando comienza a amanecer”, se despidió Pérez Esquivel, pidiendo disculpas por tener que retirarse.

En la mesa quedaron Pablo Melicchio y Osvaldo Quiroga. El periodista, que ha podido conversar en repetidas oportunidades con el nobel argentino, aseguró que “en el libro está Pérez Esquivel de cuerpo entero” y le preguntó al autor cómo había surgido la idea de escribirlo.
“La idea de Para ser humanos me quedó resonando de cuando me encontré con Adolfo en el SERPAJ [Servicio de Paz y Justicia] para pedirle que prologara mi libro El lado Norita de la vida. Y él me dijo: ‘Yo un prólogo no voy a hacer, voy a hacer una carta abierta’. Estoy leyendo mucho budismo últimamente, y yo lo siento a él como un maestro, como si yo hubiese sido su discípulo, no un psicoanalista, ni un periodista ni un escritor. Adolfo me recibió en su casa todos los viernes durante un semestre, y muchas preguntas él me las hacía a mí. Termina siendo un libro donde, si bien la escucha del psicoanálisis está, escuchar es un acto de amor, de entrega, como lo es el acto de entrevistar. Y acá lo que sucedió es que empecé a escuchar a Adolfo desde un lugar posiblemente de mis inquietudes ideológicas, o desde el psicoanálisis, pero terminó siendo un juego donde caminamos juntos la palabra, como le gusta decir a Adolfo, y se construyó un libro que supera ampliamente lo que yo pensé originalmente”, cerró Melicchio.
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