
Cuando Henri Matisse, en un gesto que ni él podía explicarse, invadió de rojo el lienzo en el que retrataba su taller en 1911, Ellsworth Kelly aún no había nacido al otro lado del Atlántico. Juntas y separadas, las revoluciones del color que ambos representan se han cruzado en París, en la Fundación Louis Vuitton.
Tras el éxito de la retrospectiva dedicada a Mark Rothko, que tuvo una cifra récord de 852.000 visitantes durante la temporada otoño-invierno, el centro para el arte contemporáneo de la firma de moda gala –ubicado en un imponente edificio de Frank Gehry en el Bois de Boulogne (noroeste de París)– da paso a no una, sino dos exposiciones que se prolongarán durante todo el verano olímpico.

La primera –aunque no necesariamente en ese orden de importancia– rinde homenaje al escultor y pintor abstracto estadounidense Ellsworth Kelly (Newburgh, 1923-Nueva York, 2015) como parte de las conmemoraciones del centenario de su nacimiento, que se cumplió el 31 de mayo del año pasado.
Titulada Ellsworth Kelly. Formas y colores 1949-2015 y estrenada primero en Estados Unidos en el Museo Glenstone (Potomac, Estados Unidos), la muestra es también la primera retrospectiva sobre su obra jamás realizada en París, un lugar que cambió para siempre su mirada artística entre 1948 y 1954.
“Cuando volvió a Estados Unidos le dijeron que su trabajo era demasiado europeo y en Europa le decían ‘tu trabajo es demasiado americano’”, explica el fotógrafo Jack Shear, viudo del artista y presidente de la Fundación Ellsworth Kelly.
“Nunca fue parte de un grupo –agrega–, siempre fue un artista individual de una manera muy particular, igual que Gaudí es un arquitecto singular”.

El vocabulario Kelly: forma, color y relieve
Ellsworth Kelly redefinió la abstracción en la segunda mitad del siglo XX con obras de formas limpias, espacios y relieves que, a la vez, sintonizan con el mundo a su alrededor de una manera que no deja de generar fascinación.
“Le gustaba la idea de mirar. Tiene una cita que dice que si apagas tu mente y miras solo con tus ojos, todo se vuelve abstracto”, detalla Shear.
Buena parte del centenar de pinturas, esculturas, fotografías y collages que componen la retrospectiva provienen del Museo Glenstone, un centro especializado en el arte contemporáneo posterior a la Segunda Guerra Mundial que privilegia a artistas que, como Kelly, “cambiaron el paradigma de la historia del arte”, en palabras de su directora de Colecciones, Nora Cafritz.

“Estaba haciendo un trabajo radical en un momento en el que el arte, en Estados Unidos, estaba más en una especie de pintura gestual de acción pasional. Su estilo minimalista y su estilo de pintura en color son muy, muy diferentes de lo que se veía en los años cincuenta, sesenta y setenta”, destaca Cafritz.
La muestra, que después viajará a Doha, también engloba el último encargo terminado por Kelly antes de morir: su intervención en el auditorio de la Fundación Louis Vuitton de París que ejemplifica, además, el interés del artista por lo arquitectónico.

El arrebato rojo de Matisse
Los colores de Ellsworth Kelly no estará solos en la Fundación Louis Vuitton, que propone acabar el recorrido con una exhibición independiente dedicada a otra obra revolucionaria: El taller rojo del francés Henri Matisse (1869-1954).
“Creo que será una sorpresa para todo el mundo. La gente vendrá por Matisse y tendrá el bonus de ver el trabajo de Ellsworth”, bromea Shear.
Con el apoyo del MoMA de Nueva York y del SMK de Copenhague, el visitante podrá sumergirse en esta obra que originalmente retrataba el taller de Matisse en Issy-les-Moulineaux (afueras de París), a pedido del mecenas ruso Sergueï Chtchoukine, y que el pintor moderno, en un gesto revolucionario que él mismo admitía no terminar de entender, decidió cubrir de color rojo.

“Chtchoukine había encargado cuadros muy radicales de Matisse a lo largo de los años, pero cuando vio la reproducción de El estudio rojo dijo ‘no, gracias’ (...) Tomó décadas que la gente estuviera preparada para entenderlo, incluso Matisse tardó años en reconciliarse”, explicó a EFE Dorthe Aagesen, comisaria del SMK.
“Corrió un riesgo dramático de que esta imagen –que en principio era una vista más realista de su espacio de trabajo– se arruinara en el experimento”, agrega, por su parte, Ann Temkin, su homóloga del MoMA.
Para entenderlo mejor y reivindicar su lugar en la historia del arte, El taller rojo se reencuentra en París con las obras que aparecen retratadas en su interior (porque en 1911 estaban en Issy-les-Moulineaux con Matisse), como Desnudo con bufanda blanca (1909) o El joven marinero II (1906).
Fuente: EFE
[Fotos: prensa Fundación Louis Vuitton]
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