
Chris Ofili, nacido en Manchester, Inglaterra, en 1968, es un artista británico de ascendencia nigeriana cuya obra ha despertado tanto admiración como controversia. Ofili ha conseguido hacerse un nombre en el mundo del arte contemporáneo por su uso de materiales no convencionales, la integración de referencias culturales diversas y la exploración de temas complejos que abarcan la espiritualidad, la identidad racial y la política.
Desde su infancia, la cultura y educación recibidas en un entorno católico han tenido un impacto significativo en su producción artística, a lo que se suma su experiencia vital y profesional entre varios continentes: África, donde sus raíces nigerianas conectan con la rica tradición y simbolismo de este vasto territorio; Europa, donde su educación y primeros reconocimientos en el ámbito artístico le han ofrecido una plataforma de visibilidad; y el Caribe, cuyo entorno ha influido notablemente en las fases recientes de su obra.
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El reconocimiento a nivel internacional llegó con fuerza cuando, a los 30 años, Ofili se convirtió en el primer artista negro en ganar el Premio Turner, un galardón que ha sido a la vez un espacio de visibilidad y un campo de batalla para el arte británico contemporáneo. Este hito no solo marcó un punto de inflexión en su carrera, sino que también generó un intenso debate sobre la diversidad y la inclusión en el mundo del arte. Poco tiempo después, en 2003, fue seleccionado para representar al Reino Unido en la Bienal de Venecia.
Una de las características más distintivas de la obra de Ofili es su uso de materiales no tradicionales, siendo el estiércol de elefante uno de los más emblemáticos. Este elemento, conocido por su simbolismo en algunas culturas africanas como algo sagrado y por su conexión con la tierra, ha sido incorporado por Ofili en varias de sus obras, creando un diálogo continuo entre lo considerado bajo y lo elevado, lo profano y lo sagrado.
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Esta fusión de lo divino con lo terrenal se manifiesta de forma aún más elocuente en piezas como La Santísima Virgen María (1996), que generó un intenso debate cuando fue exhibida en Nueva York en la exposición Sensation, en 1997-2000. La obra fue criticada por algunos sectores que la consideraron ofensiva, mientras que otros defendieron la libertad de expresión y la capacidad del arte para desafiar y provocar.
Es una pintura de técnica mixta que utiliza estiércol de elefante e imágenes pornográficas. Sobre un fondo amarillo anaranjado, la pintura de gran tamaño (240 cm x 180 cm) representa a una mujer negra vestida con una túnica azul, un atributo tradicional de la Virgen María. La Virgen Negra central está rodeada de muchas imágenes en collage que a primera vista parecen mariposas, pero si se miran más de cerca se ven fotografías de genitales femeninos; una referencia irónica a los amorcillos que aparecen en el arte religioso tradicional. Un trozo de estiércol de elefante seco y barnizado forma un pecho desnudo, y la pintura se exhibe apoyada contra la pared de la galería, sostenida por otros dos trozos de estiércol de elefante, decorados con alfileres de colores: los alfileres de la izquierda están dispuestos para deletrear “Virgen” y los de la derecha “María”.
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El tema de la obra y su ejecución causaron una considerable controversia en Nueva York, y Rudolph Giuliani, entonces alcalde de la ciudad, describió la pieza como “enfermiza y repugnante” y entabló un juicio contra el Museo de Brooklyn. Su director, Arnold L. Lehman, presentó a su vez una demanda federal contra Giuliani por incumplimiento de la Primera Enmienda. Finalmente, el Museo ganó el caso judicial.
La Santísima Virgen María fue vendido en una subasta por Christie’s en 2015, alcanzando un precio de remate de 2.882.500 libras esterlinas, un récord de subasta para el artista. En 2018, los coleccionistas que la habían adquirido donaron la pintura al Museo de Arte Moderno de Nueva York.
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El uso de la música, especialmente del jazz y el hip-hop, ha sido otra fuente de inspiración constante para Ofili, lo que se manifiesta en su obra no solo en los temas y la atmósfera, sino también en la propia metodología de creación, donde la improvisación y el ritmo juegan un papel fundamental.

Si bien algunas de las obras de arte de Ofili son celebraciones positivas de la cultura y la experiencia negras, a veces su arte aborda temas difíciles como el racismo.
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En 1998 realizó el cuadro No Woman, No Cry. El título es otra referencia musical, esta vez a una canción de reggae de Bob Marley. Pero en lugar de una celebración, Ofili conmemora aquí un terrible acto de racismo. La mujer del cuadro tiene lágrimas corriendo por su rostro. Dentro de cada lágrima hay una fotografía de su hijo. La pintura de la mujer se inspiró en Doreen Lawrence, cuyo hijo Stephen Lawrence fue asesinado en 1993 en un ataque racista. Una investigación encontró que la policía no manejó la investigación adecuadamente debido al racismo dentro de la fuerza policial.

La obra de Ofili continúa evolucionando, respondiendo a su entorno y experiencias personales. Tras mudarse a Trinidad y Tobago en 2005, su estilo y temática han tenido un nuevo giro, explorando aspectos diferentes de la narrativa africana y diaspórica, y del colonialismo, siempre bajo su personal y singular lente. Mientras sus obras tempranas fueron marcadas por el uso del color y materiales inusuales, las más recientes reflejan una simplicidad formal sin perder la profundidad simbólica.
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Y aunque siempre había desdeñado el color azul por “su poder para desviar la atención de otros colores”, instalado en el Caribe realizó una serie de pinturas en las que usa exclusivamente ese color. Al acumular capas de pintura azul sobre un fondo plateado, le da a estas pinturas un brillo de luna. Hay que mirarlos durante mucho tiempo para ver todos los detalles que poco a poco se van revelando.

Chris Ofili ha colaborado también con otros artistas y ha participado en proyectos que cruzan las fronteras del arte visual, como el diseño de vestuario y escenografía para ballet, lo que demuestra su compromiso con la experimentación y la interdisciplinariedad.
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Sin lugar a dudas, el motor principal de sus creaciones es la exploración de la diversidad de identidades y experiencias negras. Sus obras, a menudo dotadas de una intensa carga emocional y conceptual, buscan resaltar la diversidad de identidades y experiencias negras, lejos de los estereotipos y generalizaciones.

A fines de 2023, la galería londinense Tate Britain presentó Réquiem, de Ofili. El mural es un encargo que conmemora el devastador incendio en la Torre Grenfell, un edificio de viviendas sociales de Londres, ocurrido en 2017. El siniestro se llevó la vida de 72 personas, entre ellas 18 niños, en lo que significó la mayor pérdida de vidas en un incendio residencial en el Reino Unido desde la Segunda Guerra Mundial.
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En el centro del mural, que se extiende por tres grandes paredes en la escalera norte del museo, hay una imagen de Khadija Saye, una artista y activista gambiana-británica que murió en el incendio a la edad de 24 años.

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