
Hay quienes han vivido con sus abuelas. Hay quienes ni siquiera las conocieron. Hay abuelas que han oficiado de madres. Hay abuelas que cocinan. Hay abuelas que trabajan. Hay abuelas italianas, españolas, rusas, criollas, jóvenes, viejas. Y muchas de ellas, inolvidables.
En escena, una chica joven con una pantalla luminosa detrás, que oficia de escenografía, con frenesí anuncia que está apurada porque tiene que preparar una torta –que producirá en escena– para el cumpleaños de su nona. Ese es el primer impacto de ternura y sonrisa en partes iguales.
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Durante no más de cincuenta minutos, Jazmín Spanarelli invita a sumergirse en la vida de Teresina, su nona –que bien podría ser cualquier otra abuela–, y en la suya propia. Con simpatía y anécdotas tiernas, desgrana una vida larga y fructífera. Entabla un diálogo con el público y se suma a una categoría posible en la que podrían incluirse relatos de abuelas protagonistas –como sucede, también, en Sofía cumple 100 años–.

Pero además, con sutileza se cuelan otros temas: la maternidad, los mandatos, la comida, la familia, el barrio. Y sin esperarlo, la audiencia se hace preguntas, se emociona, empatiza, ríe y lagrimea.
La reina de Turdera es un biodrama sostenido con holgura no solo por un texto simple –pero no por ello menos potente– que reivindica lo cotidiano e íntimo, sino además por una actuación que está a la altura. En ningún momento se aleja del relato de la preparación del cumpleaños de Teresina. Y los gestos se enhebran de manera invisible hasta el final, de manera perfecta.

De manera natural, la actriz introduce fragmentos de entrevistas a su nona con el objeto de que el público la conozca, y que seguramente además oficiaron de boyas para construir la dramaturgia. Y funciona, operativa y emocionalmente.
En esa cocina comedor imaginaria el tiempo vuela, como cuando se prepara una fiesta en la que cada minuto cuenta. Eso sucede en La reina de Turdera: la función transcurre sin querer que se termine, como cualquier evento que se disfruta.

Con dramaturgia y actuación de Jazmín Spanarelli, dirección de Juan Mako, esta obra-unipersonal-biodrama puede verse en el Abasto Social Club (Yatay 666, C. A. B. A.), hasta el 25 de junio, los domingos a las 18, y en una función especial en la Fundación Sagai (25 de Mayo 586, C. A. B. A.), el lunes 10 de julio a las 20.
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