
Un sonido familiar atraviesa la sala a oscuras. Evoca la memoria emotiva de quienes estamos allí. Una fibra se tensa y relaja, y los y las asistentes se mueven en las butacas, entre inquietos y ansiosos. Una luz sigue a la actriz (María Ucedo) que aparece en escena y que en un par de movimientos, provoca algunas risas. Fruto de la tensión.
Durante poco más o menos cincuenta minutos que pasan volando, María hará uso de todo el espacio sin que se le casque la voz ni se pierda en la inmensidad del escenario. Ni en los momentos en los que la exigencia física de las diferentes escenas se apoderen de su anatomía menuda pero poderosa. Tampoco se quebrará en aquellos en los que ciertos recuerdos podrían atenazarla.
Te puede interesar: “La cuestión Malvinas potencia la tensión de una obra visceral”
El rayo, como tal, pero también como título de esta obra, es inesperado. Para el público, claro, pero como se irá desenrollando –como la capa naranja–, ante y sobre todo, para María. Y antes, para su madre, que fue impactada por él más de cincuenta años antes.

El rayo es un biodrama que remite a los textos tan poderosos y luminosos que se vienen instalando en el multiverso cultural actual: la autoficción. Sin parar, María va y viene por la historia de su madre –o un fragmento de esa–, que es la otra cara de la suya propia, roza las de su padre, sus hermanos y su hijo. Y la de su tía.
Sostiene sin esfuerzo la atención –y la tensión– del público. Nadie mira el reloj en la sala. El auditorio está absorto con lo que relata en voz y en cuerpo, acompañada por la música de Martín Pavlovsky, las luces, unas pocas imágenes y unos audios.

Solo eso basta para emocionar, para hablar de maternidad, de ser hija, del amor, del silencio, de los prejuicios, de los secretos familiares, todos temas universales pero que son propios y personales en El rayo, porque es su historia, narrada, actuada, compartida por ella y solo ella.
Te puede interesar: “Fiesta en el jardín”, el resplandor solitario de otra generación perdida
Varias anécdotas apuntalan (”corte”, describe un recuerdo, “corte”, otro, y así) y dan consistencia al posible nudo o conflicto de esta pieza que tiene lo necesario para ser recomendada y revisitada. Apunta directo al corazón.

Y el cierre, circular, prolijo y conmovedor, termina como empezó, con un sonido familiar.
Con dramaturgia y dirección compartida con Valeria Correa (uno de los cuatro ases de Piel de Lava), esta obra-unipersonal-biodrama puede verse en el Portón de Sánchez (Sánchez de Bustamante 1034, C. A. B. A.), hasta el 26 de mayo, los viernes a las 21.
Seguir leyendo
Últimas Noticias
Toda la ciencia ficción que leí no alcanza para procesar lo que me pasa con la IA
El avance de los sistemas automatizados modifica sustancialmente la educación, el empleo y las artes.¿Estamos a tiempo de poner esta tecnología a nuestro servicio?

Con un nuevo Oscar en juego, el casting cambió de las audiciones a las videograbaciones
La escena de un actor aspirante leyendo un texto para ser elegido en una película casi ya no existe. Ahora es un ejercicio tecnológico autoproducido, con ventajas y desventajas
Cien años de ‘El juguete rabioso’: Guillermo Saccomanno escribe sobre la disruptiva novela de Roberto Arlt
Dentro de una reedición crítica con textos de Piglia, Sarlo y Cortázar entre otros, el autor ganador del premio Alfaguara examina los conflictos existenciales que vertebran la obra publicada en 1926

¿Cómo construyeron los egipcios las pirámides sin tecnología?
Sin grúas ni maquinaria, los trabajadores lograron hazañas técnicas que maravillan a los ingenieros, y las pirámides de Guiza todavía desafían a quienes buscan descubrir sus verdaderos secretos

De Los Ángeles a Oslo: cómo el mundo redescubrió el cine más allá de Hollywood
Directores, actores y narrativas de Europa y Asia asumen protagonismo, desplazando a la meca tradicional del espectáculo y mostrando cómo la diversidad cultural redefine el mapa creativo del séptimo arte




