
Si a alguien le faltaba fe para confiar en las virtudes del calendario, debería tener en cuenta que los primeros desarrollos del capitalismo en Europa y la llegada de los colonizadores europeos a las Indias –es decir, América— se produjeron durante los siglos XV y XVI.
Oh, coincidencia de los dioses, mientras se llevaba adelante el periodo llamado previous accumulation por Adam Smith, y “acumulación originaria del capital”, por Karl Marx, al continente americano y sus habitantes le tocaría un papel privilegiado (digo, es un decir). En palabras de Marx: “El descubrimiento de las regiones de oro y plata de América, el exterminio, la esclavitud y el entierro en las minas de las poblaciones aborígenes, la conquista y el saqueo de las Indias Orientales, la transformación de África en una reserva de caza comercial de pieles negras caracteriza los albores de la era de la producción capitalista. Estos procesos idílicos son factores fundamentales en la acumulación inicial. A sus talones, la guerra comercial entre las naciones europeas está emergiendo, con la redondez de la tierra en escena”. Y concluye: “El capital viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros, desde los pies a la cabeza”. Poético, histórico y muy veraz.
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¿Y a cuento de qué estas palabras? Pues es que Fundación Proa inaugura este primer sábado de abril la muestra El Dorado, un territorio. Recordarán los lectores y lectoras que El Dorado era aquella región mítica perseguida por los adelantados del siglo XV. Un lugar de oro interminable, riquezas inextinguibles y que tuvo en el mapa continental de aquellos tiempos distintos lugares de existencia especulativa, desde los ríos auríferos colombianos, pasando por la Amazonia brasileña o las alturas de Cusco, en el Perú. “Se trata de un auténtico u-topos, un no-lugar cuyo espejismo desata las más exageradas ilusiones, motoriza penosas aventuras y acaba en tremendas acciones”, escribía Graciela Sarti en 1990. Es que la búsqueda de El Dorado llevaba consigo la necesidad de personal esclavo que guiara a los exploradores a la ciudad de oro, una de las materias primas por excelencia que la acumulación originaria de capital en Europa requería.
Se sabe que El Dorado, por lo menos hasta el momento, no fue encontrado y que, en todo caso, la continuidad de esa búsqueda sería un asunto para Indiana Jones. También se sabe que no sólo el oro fue ansiado (y saqueado para llevar en barcos hacia el continente viejo) por los conquistadores, sino que la plata, el maíz, el tomate, la papa, el cacao eran productos que la abundancia natural del continente nuevo ofrecía a manos llenas a quien las quisiera tomar. Claro, no tan llenas como la de los conquistadores. Rojas pero no por el tomate, sino que por la sangre.

En la exhibición en Fundación Proa hay piezas artísticas maravillosas realizadas con aquellos materiales. El caucho amazónico está en la obra de Betsabeé Romero, el cacao surge con forma de chocolate en las figuras de Santiago Montoya, el cobre en la de Ximena Garrido Lecca, que piensa el territorio peruano en términos de lo que le dio al mundo y en el hecho de haberse convertido en el segundo exportador de cobre del planeta. Las moscas de Andrés Bedoya realizadas en plata convocan al dramatismo fatal con que se explotó a las minas del Potosí. Mathias Goeritz y Stefan Brüggemann exhiben planchas monocromáticas doradas de una belleza que inquieta.
El guatemalteco Benvenuto Chavajay Ixtetela recupera la historia reciente de la violencia en su país, donde hubo 200 mil muertos y desaparecidos campesinos e indígenas en medio de la represión del gobierno militar y muestra elotes o choclos construidos con balas.

Finalmente, la deuda externa que otra vez se discute en Nueva York en la sede del FMI con representantes argentinos retorna mediante la exhibición de la instalación de Marta Minujin, quien le paga la deuda con choclo y tomates a Andy Warhol. El público tendrá la oportunidad de reproducir como protagonista esa foto ya icónica.
La muestra alcanza un valor contemporáneo muy potente, ya que el carácter de “materia prima” a ser exportada (saqueada) por los capitalistas extranjeros se repite ya mismo en el norte argentino con los yacimientos de litio, o en el sur con el gas ya entregado a multinacionales, y así.
Cada obra se introduce entonces en el presente, una de las mayores capacidades que posee el arte contemporáneo.
* La muestra El Dorado, un territorio se presenta desde este sábado 1° de abril, de martes a domingos de 11 a 19 hs. en Fundación Proa, Pedro de Mendoza 1929, CABA.
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