
¿Qué habría sido de Vincent van Gogh sin su hermano, su cuñada y su sobrino? El Museo van Gogh celebra su cincuentenario con una oda a la familia del pintor: un retrato de quienes acompañaron al artista en sus dudas, reveses y orgullo, pero, sobre todo, con apoyo incondicional y amor al arte.
La fiesta del 50 cumpleaños del Museo situado en el corazón de Ámsterdam -aledaño al bello Vondelpark- arranca con un tributo a la familia de van Gogh: su hermano Theo, su cuñada Jo van Gogh-Bonger y su sobrino Vincent Willem, que protagonizan una exposición titulada Choosing Vincent (Eligiendo a Vincent), que abrirá sus puertas este viernes y estará abierta hasta el 10 de abril. La muestra cuenta los orígenes del museo y el papel que jugó la familia de van Gogh en la puesta en marcha de la pinacoteca, puesto que “sin el apoyo incondicional que la familia le brindó a Vincent, el museo simplemente no habría existido”, admite la institución.

Theo, el pilar de van Gogh
La figura vital en la vida de Vincent van Gogh (1853-1890) fue su hermano pequeño Theo (1857-1891), con quien estuvo “siempre muy unido”, pero cuando Vincent tuvo una crisis sobre lo que quería hacer con su vida –ser predicador como su padre, dedicarse a los más desfavorecidos o entregarse al arte–, la relación se deterioró un poco, explica Lisa Smit, conservadora del Van Gogh. Perdieron el contacto durante un año, hasta que Vincent decidió con 27 años “que quería ser artista”; entonces, los hermanos “recuperaron su relación”, como demuestran las cartas que intercambiaban durante una vida protagonizada por numerosos altibajos.
Theo lo respaldó económicamente, fue su apoyo cuando su salud mental se deterioró y le enseñó el arte colorido y moderno que se llevaba entonces en la capital francesa. La exposición comienza con la etapa de Vincent en Brabante, en Países Bajos, y continúa prestando atención a sus años como artista en París bajo la protección de Theo, pasando por su etapa en Arles, en el sur de Francia, donde Vincent buscó paz, color y luz, y acabó encontrando el final de su vida.
La muestra incluye obras maestras y cuadros más desconocidos, documentos como cartas y diarios, objetos familiares y la pintura del Almendro en Flor (1890), que van Gogh hizo como regalo por el nacimiento de su sobrino Vincent, también conocido como “el ingeniero”.
La cuñada y la fama
Theo y su mujer, Johanna Gezina Bonger “Jo”, fueron “muy felices, pero durante un tiempo muy corto”, sobre todo durante el embarazo y nacimiento de su hijo en enero de 1890, recuerda Smit. Durante esa etapa, Vincent parecía estar mejor, conoció a su cuñada en persona y quería centrarse en su carrera. Pero, en el verano de ese año, Vincent muere de un tiro y, menos de tres meses después, Theo también enferma gravemente y muere en enero de 1891, a los 33 años, dejando a Jo, de 28, a cargo de un hijo de menos de un año.
Jo decidió volver a Países Bajos y abrir una pensión para mantener a su hijo, aunque su gran labor se convirtió en trabajar incansablemente para promocionar la herencia artística de Vincent van Gogh. En parte gracias a ello, el pintor obtuvo la fama póstuma que hoy tiene. Como evidencia el diario que escribió, el arte le era un mundo desconocido y dominado solo por hombres y van Gogh era un artista prácticamente desconocido durante sus tiempos, pero logró dar a conocer sus pinturas y tradujo al inglés las numerosas cartas que los hermanos se habían intercambiado.

La obra de van Gogh fue ganando reputación gracias a la habilidad de Jo para atraer la atención de marchantes de arte, directores de museos y críticos de arte de Europa y América, pero también organizó exposiciones que llevaron las pinturas del artista neerlandés a las paredes más adineradas. Lo hizo para difundir el arte de van Gogh, no por dinero, y muestra de ello es que mantuvo una vida más humilde de la que se podía haber permitido con la venta de aquellos cuadros.
La colección de van Gogh asciende a 200 cuadros, 500 dibujos y unas 800 cartas. Jo murió a los 61 años, aunque, según una carta que escribió dos años antes, “después de tantos años de indiferencia e incluso de hostilidad del público hacia Vincent y su obra, la batalla había sido ganada”. Su hijo, que estudió ingeniería mecánica, continuó elevando el perfil internacional de la colección de su tío, hasta que terminó garantizándole su propia pinacoteca, el Museo van Gogh, que abrió sus puertas el 2 de junio de 1973.
Fuente: EFE
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